El PP no juega bien sus cartas
MadridLa vida política en Madrid discurre actualmente entre dos escenarios. En primer lugar, los tribunales, por el inicio de los juicios de los casos de corrupción del PP y del PSOE. Y en segundo lugar, en el ámbito de las relaciones internacionales, por todo lo que hace referencia a la situación de Oriente Medio, después de que se anunciara una precaria tregua de dos semanas, con resultados muy inciertos. Se trata de asuntos muy diversos, que obviamente no tienen nada que ver, pero que si se siguen de cerca dan una idea bastante aproximada del punto en que se encuentran las fuerzas políticas, singularmente las de populares y socialistas. El comienzo del juicio de la trama del caso Ábalos-Koldo-Aldama era, y continuará siendo en las semanas venideras, una gran oportunidad para que el PP saque partido de la exhibición de los procedimientos reprobables empleados por el exministro de Fomento y exsecretario de organización del PSOE, su asesor y el empresario que hizo negocios con ellos, en relación con contratos públicos para adquirir material sanitario, vulnerando presuntamente la legalidad en un contexto trágico, el de la pandemia de la covid-19.
Más allá del sainete en que se ha convertido la vista oral, lo más interesante ha sido comprobar que los populares no han sabido aprovechar la ocasión que les ofrecían las declaraciones de los testigos, principalmente las exparejas de Ábalos y la empresaria que explicó cómo entregó bolsas de dinero en la sede del PSOE, por valor de 90.000 euros. La dirección popular no se ha centrado en el juicio y ha dispersado sus mensajes cometiendo errores graves, en particular en lo que respecta a su posición sobre la crisis internacional abierta con la guerra de Irán. Los populares han puesto de manifiesto que no tienen una posición clara en relación con el apoyo de Donald Trump a Benjamin Netanyahu. Incluso el papa León XIV fue más lejos que el mismo líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en sus respectivas declaraciones, el pasado martes. “El mundo es mejor cuando cae un tirano”, dijo Feijóo al inicio de la guerra. Y esta semana precisó que “Occidente no es eso”, en relación a la amenaza de Trump de “destruir una civilización”, para acabar pidiendo “contención” y “desescalada” este viernes. Más contundente, el pontífice condenó “la blasfemia de la guerra y la brutalidad de los negocios”, para añadir que “no serán las acciones militares las que creen espacios de libertad o tiempos de paz”.
La declaración de Jéssica Rodríguez
El PP habría tenido suficiente con dejar que se oyera a todo volumen, sin buscar otros titulares, la voz de Jéssica Rodríguez, la “dentista colegiada” después de haber sido “azafata de imagen”, tal como se definió ella misma, rechazando las preguntas del abogado de Ábalos sobre si se había dedicado a la prostitución. Esta expareja del exministro explicó con detalle cómo el exsecretario de organización socialista le encargó instalarse en un piso para sus encuentros y cómo, en paralelo, con la ayuda de Koldo, fue contratada sucesivamente en dos empresas públicas para las que, en realidad, nunca trabajó.
Esta única declaración dañó gravemente la imagen de la organización socialista, teniendo en cuenta el cargo orgánico de Ábalos, aparte de su condición de ministro. Jéssica Rodríguez llegó al Supremo bien tapada, para ocultar al máximo su imagen. En cambio, la segunda expareja de Ábalos, Claudia Montes, ex Miss Asturias, accedió al edificio saludando a los medios, y sus declaraciones fueron aún más explícitas, sobre todo en lo referente al fraude con su contratación laboral. Especialmente relevante fue la mención hecha según la cual Koldo dio instrucciones de que no la molestaran por el hecho de que ella no iba nunca a trabajar. Lo que sí que hacía –añadió– era ir a una biblioteca para leer “libros sobre trenes”, ya que estaba contratada por Logirail, una empresa del sector.
En esencia, lo más importante de estas declaraciones se había dicho ya en comparecencias durante la instrucción o en los informes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, que es la que ha investigado el caso. El juicio lo confirma y coloca a Ábalos y Koldo en una situación muy complicada. Para ellos, el resultado de la causa tiene mal pronóstico. No es muy diferente la posición del empresario Víctor de Aldama, aunque el fiscal le pide siete años de prisión, muchos menos que los 24 para Ábalos y los 19 y 6 meses para Koldo. En conjunto, esta era una semana muy favorable para la estrategia de desgaste del gobierno que ha seguido el PP. Para los populares, será ahora cuando comiencen los dolores de cabeza con la reanudación del juicio sobre el caso Kitchen. En esta causa está procesada la antigua cúpula de Interior encabezada por el exministro Jorge Fernández Díaz, hombre de confianza del expresidente Mariano Rajoy igual que Ábalos lo fue del actual presidente, Pedro Sánchez.
El caso Kitchen
El caso Kitchen es un asunto antiguo, pero que todavía perjudica al PP, a pesar de que ahora tenga otra dirección. Tiene un peso muy importante el hecho de que se quisiera utilizar el aparato del Estado para evitar el avance de las investigaciones sobre la estructura organizada por el extesorero del PP, Luis Bárcenas, con la finalidad de mantener una contabilidad paralela a la oficial. Tiene poco sentido, en todo caso, que se consideren estas causas como una especie de proceso al bipartidismo. Es evidente que son casos de corrupción que minan la credibilidad de los partidos afectados, pero no destruyen su obra de gobierno. No obstante, es evidente que ni unos ni otros fueron capaces de impulsar mecanismos de detección para evitar las prácticas corruptas, ni reaccionaron con contundencia cuando se empezaron a conocer los hechos. Nunca se ha explicado, por ejemplo, por qué fue destituido Ábalos como ministro, pero continuó como diputado.
Todo lo que está pasando deja en suspenso cualquier especulación sobre un posible cambio de ciclo en la política española en las próximas elecciones generales. Hay que ver ahora qué pasa en los comicios andaluces y cómo serán los pactos entre el PP y Vox en Extremadura. Mientras tanto, la portavoz del PP, Ester Muñoz, le ha hecho un buen agujero a su partido restando importancia a la retención de un sargento español por parte del ejército israelí. Una prueba más de la falta de orientación y sensibilidad de los populares para todo lo que afecta a la crisis de Oriente Medio.