Los retos y dilemas del PP y Junts
MadridLa habilidad del gobierno español en este primer tramo del año consiste en poner tanto a sus socios como a la oposición ante la necesidad de resolver dilemas. Esto vale tanto en lo que se refiere a la política interior como a la situación internacional. Debemos remontarnos hasta diciembre pasado, en la última rueda de prensa de Pedro Sánchez y la posterior copa de Navidad en la Moncloa, y debemos considerarlo como el momento en que se dieron muchas pistas sobre el escenario que trataría de crear el ejecutivo para intentar reanudar el vuelo.
Pocos días más tarde, el PSOE registró un resultado electoral desastroso en Extremadura y aparecieron de nuevo en las filas socialistas sentimientos depresivos y especulaciones sobre la posible anticipación de las generales, previstas para el 2027. Ya dijo Sánchez que su intención era gobernar con el Parlamento, o sin él, y en esta primera fase del 2026 está actuando para demostrarlo. Ha reanudado el diálogo con las fuerzas políticas, pero en buena parte fuera del ámbito parlamentario. Se ha hablado con ERC y con el PNV con bastante discreción, hasta el momento de anunciar los acuerdos a los que se ha llegado. Y ahora tendríamos a la vista una nueva oportunidad de rebajar el tono crispado de la vida política con la entrevista que mantendrán este próximo lunes al presidente del gobierno y al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo.
Es esta dinámica y este calendario –que incluye sobre todo el intento de pactar el nuevo modelo de financiación autonómica– lo que ha colocado a las fuerzas políticas –muy especialmente el PP y Junts– en la mencionada tesitura de tener que hacer frente a dilemas delicados, pero de los que pueden salir bien parados si saben resolverlos con habilidad. Para Feijóo, es una oportunidad para reanudar su estrategia inicial, la que anunció cuando llegó a Madrid elegido por aclamación a su partido como el líder capaz de llevar a los populares a una nueva conquista del poder.
Desde su aterrizaje, Feijóo ha evolucionado de las iniciales promesas de moderación hacia un ejercicio de la oposición cada vez más agresivo, centrado en la idea de que el método para ganar las elecciones es el de desgastar al gobierno y conseguir incinerarlo. Sin duda, ha obtenido éxitos en esta labor, y para comprobarlo sólo hace falta repasar la agenda judicial que los socialistas tienen pendiente para este año. Pero hace falta algo más para llegar a la Moncloa. Debe adquirirse perfil propositivo y de gobernante para generar confianza, y el líder popular no ha aprovechado las oportunidades para utilizar esta palanca. Si hiciéramos una encuesta sobre qué expresión sintetiza los objetivos del PP, seguramente ganaría la de "derogar el sanchismo".
El choque Sánchez-Feijóo
Esta forma de entender la labor de oposición y el famoso muro levantado por Sánchez para combatir al PP han impedido cualquier aproximación, salvo para negociar la renovación del Consejo General del Poder Judicial, cinco años después de haber terminado su mandato. El líder socialista está convencido de que tiene cierta ventaja, en especial en los enfrentamientos en la tribuna de oradores del Congreso. Él mismo le dijo a Feijóo que era un "malo parlamentario" en una de las últimas sesiones de control. Todo esto ha creado un cuadro de hostilidad permanente.
Es improbable, por tanto, que puedan salir acuerdos concretos de la citada reunión entre el presidente del gobierno y el líder popular. Pero para Feijóo, el dilema existe. Me refiero a la posibilidad de optar en esta última fase de la legislatura por una actuación tendente a demostrar prioritariamente su capacidad para dirigir el país. Los cambios de escenario a nivel global y los desafíos que supone la presidencia estadounidense de Donald Trump, por un lado, y el debate sobre la financiación de las comunidades autónomas, por otro, deberían suponer para el PP la ocasión de abrir nuevos escenarios con sentido de estado, sin rebajar la presión al gobierno.
La realidad es que los populares no dan señales de tener ningún tipo de "gobierno en la sombra", es decir, un equipo alternativo dispuesto a tomar el relevo cuando los electores o el resultado de una moción de censura lo decidan. Esto explica la falta de un discurso propio sobre política exterior. En paralelo, sobre los recursos de las autonomías, el PP ha reeditado su estrategia de la negativa a participar en serio en la discusión del nuevo modelo propuesto. Sin embargo, Sánchez está convencido de que los populares no sacarán nada de este tipo de oposición, y por eso ha ofrecido a las comunidades que rechazan la iniciativa que se queden con el vigente, en perjuicio de sus ciudadanos, perdiendo ingresos.
La competencia a la derecha
Para Junts, la situación es relativamente similar. Tienen razón sus dirigentes cuando dicen que éste no era el modelo prometido. Ahora bien, significa, como afirman Isla y Junqueras, una importante mejora. Lo que hace más difícil abrir nuevos espacios de diálogo es la situación tanto del PP como de Junts, por tener una fuerte competencia a su derecha. Vox aparece ahora en las encuestas a nivel estatal como la tercera fuerza política y Aliança Catalana ocupa en Catalunya la misma posición, y se ha convertido en una pesadilla permanente para las de Puigdemont. No es de extrañar, así, que el gobierno intente echar la caña en casi todas las direcciones. Ahora ha llegado a nuevos acuerdos de transferencias con el PNV. Como dice el lendakari, Imanol Pradales, "mientras haya partido, seguiremos jugando".
Lo que es de agradecer, en este panorama –donde también a la izquierda del PSOE están rehaciendo su mapa–, es la responsabilidad de los sindicatos. Sobre la financiación, quieren que el gobierno les informe a fondo, para garantizar que el modelo permita el aumento del gasto en servicios sociales. UGT y CCOO dan prioridad a la negociación colectiva y no apostarán por el ruido. Quedó muy claro en la reunión que Pepe Álvarez y Unai Sordo tuvieron con Isla en Madrid. Los sindicatos saben que en materia de financiación autonómica la historia se repite. La discusión siempre le ha liderado Cataluña, y las demás comunidades acaban reclamando las mismas concesiones. Así ocurrió con el 15% del IRPF para las autonomías, muy criticado por el PP, por dar el 30% cuando gobernaron. El problema de la propuesta actual no es que suponga discriminación ni arbitrariedad, sino que queda lejos de la financiación singular reivindicada. Por eso, el PSOE confía en que al final la pelea bajará de tono.