Ripoll: la capital donde la extrema derecha ha dejado de ser tabú
Después de dos años y medio, muchos vecinos han perdido el miedo de defender abiertamente Silvia Orriols
El 17 de junio de 2023 la realidad política de Ripoll cambió por completo. Silvia Orriols, bajo las siglas de Aliança Catalana, se convirtió en la primera alcaldesa de extrema derecha independentista de Cataluña, después de que Junts, ERC, el PSC y la CUP no se pusieran de acuerdo a la hora de configurar un gobierno alternativo. La capital ripollesa, de unos 11.000 habitantes, marcada a fuego por el trauma de los atentados de La Rambla de 2017, pasó a ser un punto clave de la geografía política catalana y a tener un impacto directo en las decisiones de las direcciones nacionales de los partidos. El último caso mediático: el de los dos concejales socialistas apartados entre reproches por votar a favor de los presupuestos de Orriols.
Desde aquella victoria electoral en el pueblo del imán y de los terroristas, el partido ultra no ha parado de crecer. Y una de las razones que explica este crecimiento es que, después de dos años de gobierno de Aliança, en Ripoll se ha dejado de ver a Silvia Orriols como una anomalía y se ha "normalizado" su discurso islamófobo, hecho que ha dado alas al populismo en toda Cataluña. "En el pueblo, ahora la gente ya habla abiertamente, no hay aquel miedo de decir lo que se piensa. En el trabajo, con los amigos, en el parque, en el mercado o en los bares es una conversación como cualquier otra. La gente hace comentarios xenófobos sin tapujos", reconoce Eduard, un joven ripollense implicado en el tejido social del pueblo.
Durante los primeros meses de mandato, paseando por las calles del municipio, donde todo el mundo se conoce y las relaciones son muy estrechas, era tema tabú y casi nadie admitía haber votado a Orriols. Ahora, en cambio, los mensajes favorables son más evidentes y los vecinos hablan con confianza, sobre todo con quien presuponen que son de la misma cuerda política. Los plenos municipales despiertan mucha expectación y circulan un montón de imágenes y canciones pro Orriols por los grupos de WhatsApp que la elogian como una "heroína". "Defiendo a Silvia porque tiene a todo el mundo en contra y trabaja mucho por el pueblo. Ripoll ahora está más limpio y es más seguro", sentencia un vecino jubilado, que augura una larga carrera política a la alcaldesa. Otros vecinos, si bien no reconocen haberla votado, dicen que respetan su discurso y evitan calificarla de extrema derecha.
El discurso de la inseguridad
El trauma de los atentados fracturó a fondo a los vecinos de Ripoll y la irrupción de Aliança no ha hecho más que alimentar este germen. En general, la comunidad islámica participa poco de las actividades populares del pueblo, de la misma manera que los lugareños autóctonos tampoco se interesan mucho por los bares de cocina marroquí, los rituales de la mezquita o las celebraciones del Ramadán. Con todo, hay excepciones, promovidas sobre todo por entidades como la Plataforma Antifascista del Ripollès, que periódicamente organiza jornadas, talleres, cursos, catas y presentaciones para tejer puentes e intercambios con los vecinos de origen musulmán. Tampoco hay guetos, ya que el pueblo es pequeño y la población inmigrante no supera el 16% de los habitantes.
En materia de seguridad, el municipio no tiene unos datos preocupantes, ya que se sitúa por debajo de la media de otras comarcas, según el seguimiento de los Mossos d’Esquadra. Eso sí, representa un tema candente de actualidad, dado que la alcaldesa a menudo se fotografía con la Policía Local y desde los canales oficiales del Ayuntamiento regularmente se difunden noticias sobre desahucios y detenciones de personas de origen extranjero. "El tema de la inseguridad es una falsa alarma del discurso político, que ha calado sobre todo entre la gente mayor y los que no quieren personas de fuera, pero, hace treinta años, cuando no había ninguna familia marroquí en el pueblo, la situación era mucho peor, sobre todo por la noche, con algunas peleas importantes entre jóvenes de los pueblos de los alrededores", recuerda Albert, padre de familia, habitual de los locales de música en directo.
La confrontación ha bajado y los rivales no aguantan el pulso
Más allá de los defensores acérrimos de Alianza, hay un sector del municipio que mantiene el pulso contra Orriols, con entidades y colectivos que han hecho oír su voz en polémicas como las del casal popular clausurado o el cartel de fiesta mayor. Bien, en estos últimos meses, la protesta social ha aflojado: "Al principio el espíritu de confrontación de la alcaldesa fue mucho más duro y hubo una respuesta organizada. Ahora esto ha bajado, también por culpa de la represión, el desgaste y las multas del gobierno municipal", concluye uno de los testimonios implicado en las manifestaciones que ha recibido sanciones de la alcaldesa.
Ciertamente, enfrentarse a la alcaldesa, sobre todo ahora que tiene tanta proyección pública, implica un desgaste mediático y personal que no todo el mundo en el pueblo está dispuesto a asumir. Son la prueba los mismos regidores de la oposición del consistorio. De los once, han dimitido o dimitirán a final de mandato ocho. Los dos últimos, los ediles socialistas, en este caso forzados a dimitir por su partido. Y los que los sustituirán, ya están avisados: "Es muy complicado luchar con esta mujer, esto me lo ha dicho alguien que ha estado dentro de los partidos en el Ayuntamiento. Si se mete conmigo de seguida le diré que a mí no me tiene que decir nada", dijo Paco Morilla, nuevo regidor del PSC, en una entrevista reciente a Televisió del Ripollès.