Siria: el teatro donde se ensayó la guerra de Ucrania

El conflicto sirio sirvió a Rusia de campo de entrenamiento

Beirut“No sé como todavía el mundo piensa que se puede parar a Putin”, exclama por teléfono Mustafa Abdullah Hassan, un activista sirio de Azaz (en la provincia de Alepo). Padre de siete hijos, perdió a dos de sus hermanos en bombardeos rusos en Alepo y cuatro más quedaron con fuertes secuelas de por vida por los ataques aéreos. “Rusia es fuente de tristeza y crímenes para nosotros”, puntualiza al ARA. Y lamenta que ahora Ucrania sea “la víctima de los crímenes de guerra de Putin, por no haberle parado los pies en Siria”.

De hecho, como explica en una entrevista Sasha Ghosh Siminof, fundador de la plataforma People Demand Change, la guerra en Ucrania y el conflicto en Siria están interconectados. “La intervención rusa en Siria desde 2015 ha facilitado el camino a Putin para invadir Ucrania”. Con esto, el analista quiere decir que el conflicto sirio ha proporcionado a Rusia “un campo de entrenamiento para experimentar diferentes tipos de guerra”, es decir, para probar armamento nuevo, la desinformación como arma de guerra y el uso de mercenarios contra la población civil, “con consecuencias mínimas de cualquier tipo por parte de la comunidad internacional”.

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En palabras de Ghosh, “los rusos han aprendido mucho en este tiempo en Siria en términos de confrontar y combatir la guerra irregular y usar el poder político y militar para someter y cooptar a las poblaciones civiles y los aparatos del estado": "Toda esta experiencia es útil ahora a Rusia en su intento de ocupar Ucrania”.

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Cooperación de Siria

Siria significa para Rusia mucho más que un campo de maniobras militares. La fidelidad del presidente Bashar al-Ásad ha permitido a Putin establecer sus bases militares aéreas y navales en el puerto de Tartús, para controlar la salida en el Mediterráneo en una eventual guerra. De hecho, una semana antes de la invasión de Ucrania “Moscú estaba ansioso por asegurar el apoyo de su aliado sirio”, afirmó Danny Makki en un artículo publicado en el Instituto del Oriente Medio.

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El 15 de febrero, justamente, el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, visitó Damasco para reunirse con el presidente al-Ásad y hablar sobre la cooperación técnica y militar como parte de la lucha conjunta contra el terrorismo. También inspeccionó la base aérea de Hemeimem, así como el puerto de Tartús, y supervisó ejercicios militares. Al mismo tiempo, Moscú desplegó bombarderos de largo alcance con capacidad nuclear y aviones de combate con misiles hipersónicos en sus bases sirias, lo que “permitiría a Rusia disuadir de manera más efectiva una eventual participación de Occidente en Ucrania o incluso llevar a cabo ataques desde suelo sirio en caso de una escalada”, señalaba Makki.

Siria también es plantel de mercenarios dispuestos a luchar codo con codo con los soldados rusos. Ahora que las tropas rusas han sufrido miles de bajas (más de 7.000, según la inteligencia de EE.UU.), cada vez está más cerca la opción de que el Kremlin envíe mercenarios sirios de bajo coste a Ucrania.

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En la guerra civil siria, Rusia entrenó a unidades auxiliares y milicias, como la Brigada al-Quds y Suqur al-Sahara, que lucharon junto con las fuerzas del régimen. Si fuera necesario, Rusia podría reclutar rápidamente a miembros de estos grupos teniendo en cuenta la miserable situación económica en la que viven los sirios.

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Más presión sobre los civiles sirios

No se puede olvidar que Siria es un país devastado por once años de conflicto armado y las consecuencias de la invasión de Rusia en Ucrania castigarán todavía más duramente a los civiles sirios. Los combates en Ucrania han cortado hasta un 30% las exportaciones mundiales de trigo, lo que supone un riesgo grave para la población hambrienta siria, que arrastra una gran crisis económica y energética los últimos años. Según las Naciones Unidas, la producción de trigo en Siria se redujo más del 60% en 2021. Debido a este factor y a algunos más, 12,4 millones de sirios (casi el 60% de la población) están actualmente en situación de “inseguridad alimentaria”. A medida que aumentan las sanciones contra Moscú, crece el miedo de que Rusia haga uso del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como medida punitiva y acabe cortando las vías de entrada de la ayuda humanitaria en Siria, como advierte el diario online Al Monitor.

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El Consejo de Seguridad tiene hasta julio para renovar el acuerdo de asistencia humanitaria transfronteriza que proporciona alimentos, medicinas y otros bienes básicos a millones de civiles sirios desesperados cada mes. En la resolución de la ONU aprobada en 2014 se establecieron cuatro puntos de entrada de la ayuda desde los países vecinos para evitar que se canalizara desde Damasco y no pudiera llegar a las zonas rebeldes bajo asedio del régimen.

Moscú, principal patrocinador militar del gobierno sirio, nunca ha visto con buenos ojos este mecanismo de ayuda porque considera que socava la soberanía nacional y en repetidas ocasiones ha amenazado con vetarlo en el Consejo de Seguridad. Hoy, de los cuatro puntos establecidos de entrada de asistencia humanitaria, solo queda el del paso fronterizo con Turquía de Bab al-Hawa. El mandato de la misión humanitaria de la ONU se prorrogó un año más gracias a un acuerdo de Estados Unidos y Rusia en julio de 2021, y expirará el próximo julio si el Consejo de Seguridad no vota la renovación, lo que parece poco probable por la confrontación con Rusia.