Medio Ambiente

40 años transmitiendo amor por la naturaleza en el corazón de la Alta Garrotxa

Los campamentos de Ribelles, que durante una semana organizan actividades de escalada, espeleología y descenso de barrancos para adolescentes de 12 a 16 años, celebran cuatro décadas de historia

03/07/2026

GironaCada año, después de San Juan, a principios de verano, una veintena larga de adolescentes de entre 12 y 16 años pasan una semana en la montaña, en el Alta Garrotxa, acompañados de un equipo de monitores especializados en deportes de aventura. Van a los campamentos de Ribelles, cerca del río de Sant Aniol, a unas tres horas a pie del aparcamiento de Sadernes. Durante todos estos días, hacen un montón de actividades al aire libre y conviven completamente aislados, desconectados del móvil, en tiendas de campaña, comiendo bajo una carpa y sin duchas ni lavabos. Este 2026, los campamentos celebran 40 años y el 4 de julio organizarán una gran fiesta con arrozada popular y música en directo para más de 70 invitados.

El proyecto nació en 1987 de la mano de Ramon Estiu, alpinista que acababa de volver de la primera expedición gerundense al Kanchenjunga (8586 m), y de Rafel Lafarque, también amante de la montaña y con mucha experiencia pedagógica trabajando con jóvenes. Inicialmente, organizaron los campamentos a través de los Servicios Territoriales de la Generalitat, más adelante recibieron el apoyo de otras administraciones y, actualmente, dependen de la Colla Excursionista de Sant Julià del Llor. El núcleo original de monitores se ha mantenido estable y la esencia fundacional de los inicios continúa intacta con el paso de los años. "Intentamos transmitir los valores del excursionismo, pero no los de la competición y las grandes hazañas, sino que los niños disfruten de la naturaleza haciendo actividades más o menos deportivas. El hecho de estar una semana sin cobertura, durmiendo en tiendas y haciendo actividad todo el día, creemos que puede ser muy interesante para ellos. No creo que hoy en día queden muchas actividades como esta", explica Ramon Estiu.

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En 40 años han pasado más de 500 chicos y chicas. Y la dinámica ha sido prácticamente siempre la misma. Jóvenes y monitores salen cada día del campamento a hacer una actividad exigente caminando más de 5 horas: rutas para conocer la fauna y flora de la Garrotxa, espeleología en una cueva espectacular al pie del Comanegra, descenso de barrancos, escalada o vivac en el Bassegoda. Muchas de las actividades ciertamente tienen un riesgo, así que los monitores son todos profesionales, con experiencia en el alpinismo de alto nivel, y en el campamento base hay siempre un médico.

Marc Pinsach, Oriol Cardona, Maria Serra y Lluís Puigvert

La experiencia de los campamentos es muy intensa y, para la mayoría de chicos y chicas que han pasado por ellos, crea un fuerte sentimiento de pertenencia. Algunos, con los años, se han convertido en figuras destacadas del deporte de montaña, como los esquiadores Marc Pinsach y Oriol Cardona, reconocidos mundialmente, o Maria Serra, finalista en la última edición del concurso La Travessa de 3Cat. También Lluís Puigvert, ganador de la Olla de Núria del 2025: "Fui 4 años a Ribelles y me gustó muchísimo. Hicimos un grupo muy unido y era el lugar donde nos encontrábamos cada verano. Las actividades eran todas en la naturaleza. Me encantaban los barrancos, el día del Bassegoda, cuando hacíamos vivac y carne a la brasa para cenar. También aquella sensación de vivir como un superviviente: ducharte en el río, con el agua helada, y salir de la comodidad de casa. A mí, sinceramente, me encantaba", recuerda Puigvert.

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Cuando empezó a ir a los campamentos Puigvert todavía no competía en carreras de montaña, pero considera que Ribelles fue determinante. "Me hizo querer más la montaña. También había algún chico que hacía atletismo y eso me motivó. Con 12 o 13 años físicamente es duro, porque caminas mucho y Ramón impone un buen ritmo. Pero te enseña a superarte y a querer la naturaleza, a marchar dejándolo todo tal como lo has encontrado", concluye el corredor gerundense.

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"Fue la primera vez que me trataron como a una persona y no como a una niña"

La huella de los campamentos también es muy profunda entre muchas otras personas que han desarrollado su trayectoria profesional fuera del ámbito deportivo. Es el caso de Anna Espelt, responsable de los vinos del bodega Espelt, en Vilajuïga. Fue durante la década de los noventa y, años después, ha llevado a sus hijas. Cada verano, además, colabora en el transporte del material para montar el campamento. "En Ribelles fue la primera vez que me trataron como una persona y no como a una niña. Esta era una idea muy propia de Rafel: darte libertad, pero también responsabilidad. Es muy reconfortante descubrir de qué eres capaz. Esto te hace una persona diferente", explica.

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Este aprendizaje, aunque sea de manera indirecta, también ha influido en su manera de entender y llevar a cabo el trabajo de viticultora: "La manera como hago los vinos va más allá de la elaboración, tiene mucho que ver con el conocimiento del entorno y esta sensibilidad la aprendí en Ribelles. L'Alta Garrotxa y el Cap de Creus son mis dos lugares preferidos del mundo", concluye Espelt.

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Ahora, después de estos 40 años, el futuro a corto o medio plazo de los campamentos no está asegurado. Los monitores fundacionales son cada vez más veteranos, algunos rondan la setentena y otros ya no están. Además, los efectos devastadores del cambio climático cada vez ponen más difícil el desarrollo de las actividades, con menos agua en los ríos, mucho calor y un riesgo elevado de incendio. Lleguen o no al medio siglo de vida dentro de 10 años, la suya ya es una historia de éxito y de amor.