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Sociedad  /  Barcelona 12/09/2022

La pesadilla del Poble-sec: gritos, peleas y apuñalamientos

Un local okupado desde hace unos cuántos meses en la calle Blesa desespera a vecinos y comerciantes

4 min
Las manchas de sangre a la acera de una esquina de la calle Blesa después del apuñalamiento.

Barcelona“Dos chicos se peleaban con una navaja en la esquina. Parecían dos gallos. Me ha dado tanto miedo que me he ido corriendo”. Antònia pasaba este mediodía por la calle Blesa de Barcelona, en el barrio del Poble-sec, cuando se ha encontrado esta trifulca que ha acabado con los dos implicados heridos y trasladados a un centro sanitario, sin lesiones de gravedad –uno estaba herido en el glúteo y el otro en la pierna–. Según fuentes policiales, los dos hombres se conocían y son conocidos de la zona. Los Mossos d'Esquadra investigan la agresión y no consta ninguna detención. En la acera de la esquina se podían ver las manchas de sangre una hora después del doble apuñalamiento. Los restos de sangre llegaban hasta unos metros más arriba, ante un portal metálico muy alto pintado con grafitis, donde alguien ya ha echado cubos de agua para hacerlas desaparecer.

Todos los ojos de los vecinos y los comerciantes de la calle Blesa se fijan en este portal metálico, que permite acceder a un local que los que han entrado describen como muy profundo. Lo definen como unos bajos donde se almacenan drogas y algunos también están convencidos de que sirve de escondrijo de ladrones. Se ha borrado una pintada de la pared donde se podía leer “Ladrones” con una flecha que apuntaba al portal. “Adentro hay okupas”, comentan Antònia y Juana. Las dos vinculan los inquilinos a las disputas con navajas y a los robos en la zona: “Hace tiempo que esto está mal”. Nadie acaba de tener claro desde cuándo el local está ocupado, a pesar de que hay consenso en decir que es mucho más de un año.

El penúltimo día del año pasado, los Mossos y la Guardia Urbana desalojaron dos narcolocales en la calle Piquer y en la misma calle Blesa, junto a los bajos conflictivos. Cuando los agentes montaron este operativo, los vecinos, que hacía unas semanas que protestaban, aplaudieron la actuación, pero alertaron de que todavía quedaba una tarea pendiente: el otro local okupado de la calle Blesa. Desde entonces han pasado nueve meses y no se ha desalojado. Según fuentes municipales, el distrito de Sants-Montjuic y los Mossos contactaron con la propiedad –una entidad bancaria– para que denunciara la okupación, un trámite que se hizo. Pero el juzgado todavía no ha puesto ninguna fecha al desalojo y las mismas fuentes consideran que se está alargando “de manera inexplicable”.

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El local okupado de la calle Blesa que los vecinos vinculan a las disputas con navajas y a los robos.

“¿Qué podemos hacer?”, pregunta un hombre a una patrulla de los Mossos que se ha desplazado a la calle por la trifulca del mediodía. Quien lo pregunta es Carlos, un vecino que expresa la desesperación que comparten todos los que hacen vida allá. “Es el tercer apuñalamiento en medio año. ¡Y los que no sabemos!”, asegura. Carlos explica que en la puerta pequeña para acceder al local okupado hay mucho movimiento de gente: “Salen con patinetes para entregar paquetes”, que deduce que son de droga. Piensa que los gritos que oyen y las peleas que ven –la de este mediodía había tenido una previa de madrugada– son para mantener el control de la zona.

Similar a la cueva de Alí Babá

“Son disputas diarias entre ellos. Cada día tiene que venir la policía”, se queja Fidel, que ha normalizado esta pesadilla. Xavi y Jordi ven diferencias entre el narcolocal que los agentes desalojaron hace un año y el que todavía continúa activo: ya no ven a los toxicómanos que hacían cola en el primero, donde sospechan que consumían. “Ahora son chicos que entran y salen constantemente. Dan portazos y desde el verano las peleas han aumentado. Tiene más pinta de la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones, donde guardan los botines de los robos”, opinan. Aparte de los tirones en la calle, los vecinos y los comerciantes también han detectado que algunos okupas comprueban las manecillas de los coches por si encuentran alguno abierto, han aparecido vehículos con los cristales rotos y han sufrido robos en los domicilios o en los negocios.

“Hacía muchos años que los bajos estaban vacíos”, dicen Xavi y Jordi, que lamentan que ahora no hay nada detrás de varias persianas del Poble-sec que antes acogían establecimientos: “Cuando desalojaron el narcolocal okuparon otro”. “Se ha degenerado el barrio”, asegura Carlos, que admite que un apuñalamiento en pleno mediodía no es habitual porque acostumbra a ser por la noche cuando se agravan los conflictos. Este vecino cree que los inquilinos de la calle Blesa también subarriendan el espacio inmenso que okupan porque han visto que algunos entran con maletas de viaje. Es un lugar delante del cual pasa gente que, según Carlos, vive en tiendas en la montaña de Montjuic, y denuncia que todo contribuye a la percepción de inseguridad. Después de la nueva agresión con heridos, sin embargo, sospecha que durante un par de días los okupas estarán “más desaparecidos”.

Fuentes municipales explican que desde el distrito han hecho inspecciones en el local para identificar posibles situaciones de riesgo y notificarlas al juzgado, porque el Ayuntamiento no puede desalojarlo. En este sentido, opinan que se necesitan más recursos para el sistema judicial para evitar que un caso así se eternice y confían que, lo antes posible, se dé la orden de vaciar el espacio para recuperar la tranquilidad.

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