La gran sequía

Operación Arca de Noé para salvar a los animales del incendio de Tenerife

Miles de gallinas, caballos, ovejas y cabras también se trasladan a un lugar seguro ante la amenaza del fuego, que avanza a menor velocidad

BarcelonaYeray González está exhausto, pegado al teléfono, atento a los SOS de campesinos y ganaderos que quieren poner las cabras, los caballos o las ovejas fuera del alcance de la amenaza de las llamas del gran incendio que desde el martes quema el norte- este de la isla canaria de Tenerife. González, que tuvo que desalojar la quesería artesanal que regenta en La Orotava, se puso al frente de la operación para organizar la evacuación de animales de granja y trasladarlos a un lugar seguro. El arca de Noé de Tenerife. También está recibiendo las llamadas desesperadas de vecinos con órdenes de irse de casa y que no quieren dejar a sus perros y gatos. "La gente está asustada por el fuego, pero no quieren cerrar la casa y olvidar a los animales, que también son muy sensibles", explica por teléfono. Asegura que todos los traslados se están haciendo teniendo en cuenta el bienestar de los animales.

El fuego avanza aún fuera de control, pero en las últimas horas ha ralentizado la velocidad a la que avanza. Según el recuento provisional, devoró 3.797 hectáreas en un perímetro de 41,5 kilómetros. Desde el martes, cientos de bomberos y militares de la UME atacan por tierra y aire las llamas, que, según el presidente de las Islas Canarias, Fernando Clavijo, presentan una virulencia inusual en el archipiélago. Después de dos días de descontrol, y aunque todavía no se puede dar la batalla por ganada, se han empezado a ver los "comportamientos normales de otros incendios". Sin embargo, según Marcos Gómez Carpintero, vicepresidente de la Asociación de Trabajadores de las BRIF (ATBRIF, equipos de refuerzo del ministerio de Transición Ecológica), si las condiciones meteorológicas se mantienen dentro de los parámetros normales “se está casi en fase de control ”. Por el momento, el fuego ha podido esparcirse deprisa gracias a la suma de la orografía del terreno, la extrema sequedad del ambiente, las altas temperaturas y las fuertes rachas de viento, sumado a unos bosques con un exceso de árboles, sin terrenos de cultivo capaces de frenar las llamas, explica el experto.

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Mientras los bomberos trabajan para detener y rodear las llamas, se ha ordenado la evacuación de 3.000 personas y el confinamiento domiciliario de otras 3.000 para evitar que respiren un aire que se ha vuelto casi irrespirable a causa del humo y de las partículas de ceniza que los vientos se encargan de manejar hacia aquí y hacia allá. Los ayuntamientos afectados y el Cabildo de Tenerife abrieron centros deportivos para el centenar de vecinos que no encontraron alojamiento en casa de familiares o amigos. Lo mismo ocurre con los animales. Miles de gallinas, cientos de ovejas, cerdos, conejos y cabras, así como decenas de caballos, se han desalojado de las granjas y con “mucho cuidado” han ido distribuyéndose entre el espacio de una antigua explotación agraria pública inactiva desde hace años y otros establecimientos y propiedades que ceden a particulares. Cuando González recibe una llamada que reclama la evacuación de animales activa a los equipos –formados por voluntarios y por personal de las administraciones públicas– para ir a buscarlos. "Si se trata de animales pequeños, les enviamos jaulas y en caso de los mayores, como ovejas y caballos, tenemos remolques o camiones", relata, y subraya que a veces no es fácil porque los animales están "muy asustados".

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El valle de La Orotava es una zona rural, con casas y granjas diseminadas por un terreno muy abrupto, que dificulta la labor de los efectivos de tierra. Además, el espeso humo ha provocado que tuvieran que cancelarse los vuelos de los medios aéreos. Para Gómez Carpintero, las circunstancias favorables a un gran incendio forestal, de los llamados de sexta generación, son ya el pan de cada día, como se puede comprobar en lugares tan lejanos como Grecia, Hawai o Canadá y Australia, donde la mala o nula gestión de los bosques ha hecho que en las últimas décadas hayan ganado terreno hasta llegar a las puertas de núcleos urbanos, lo que favorece su virulencia y que dificulta su extinción, añade Lluís Brotons, investigador del CREAF y el CSIC. Todo ello hace que los incendios encuentren un terreno abonado de enormes extensiones de árboles, piñas (que actúan como proyectiles incandescentes) y edificaciones donde antes había agricultura y pastoreo, vitales para frenar los fuegos. "Cuando llega el incendio la emergencia ya está aquí, y cada vez nos encontraremos más incendios fuera de capacidad de extinción", aventura el responsable de la ATBRIF.