Sociedad 24/01/2022

Uno de cada cuatro municipios ya recoge los residuos puerta a puerta

El sistema, extendido en poblaciones pequeñas, quiere abrirse paso en ciudades más grandes y metropolitanas

5 min
Una ciudadana deja la basura en un contenedor inteligente de fracción orgánica.

BarcelonaHace más de 20 años que un grupo de representantes municipales emprendieron un viaje en furgoneta hasta Italia para conocer de primera mano un sistema de recogida de residuos que consistía en ir puerta a puerta por los domicilios y retirar las diferentes fracciones en vez de recurrir a los tradicionales contenedores abiertos 24 horas en la vía pública. A raíz de aquella visita aterrizó en 2000 el modelo de recogida puerta a puerta en Catalunya, que implantaron en solitario Tiana, Tona, Riudecanyes y la Mancomunitat la Plana. Un calendario semanal de recogida separada de la orgánica, el papel y el cartón, los envases, el cristal y el rechazo. Hoy, más de una cuarta parte de todos los municipios catalanes ya funcionan con este modelo –250 en total– y hay 133 más que trabajan para implantarlo, de forma que se llegaría a un tercio del total dentro de pocos años.

Los resultados ahí donde se ha desplegado han sido un impulso bastante rápido de las tasas de recogida selectiva hasta niveles que rozan o superan ampliamente los objetivos europeos, cada vez más estrictos. Berga, con 16.800 habitantes, la ciudad más grande donde se hace puerta a puerta, ha pasado en tres años de una recogida selectiva del 30% a niveles que superan el 70%. Y como Berga los 17 municipios de la comarca que hicieron el cambio en 2018, un año en el que hubo un boom de adhesiones coincidiendo con la aprobación del nuevo marco normativo europeo, según explica la Asociación de Municipios Catalanes para la Recogida Puerta a Puerta. Pero a pesar del goteo constante –Sils, Breda, Ullastrell, Verges...– Catalunya todavía incumple las directrices de la UE.

La tasa de recogida selectiva tenía que llegar al 50% en 2020, pero se quedó en el 46% de media en Catalunya. "Si hablamos de reciclaje, este 46% es en realidad un 39%", admite el director de planificación estratégica de la Agencia de Residuos de Catalunya (ARC), Francesc Giró, subrayando que el primer porcentaje –el más alto– corresponde a una cifra bruta. El modelo puerta a puerta, detalla, no solo ha demostrado que mejora la recogida, sino que cumple con otro de los grandes mandamientos europeos: mejora de la calidad del material que se recoge para que se oriente cada vez más hacia un reciclaje real. En 2035 la recogida selectiva tiene que llegar al 65% de media y no podrá entrar en el vertedero más de un 10% del total de residuos generados. "Tenemos 15 años para dar un salto mucho mayor", apresura Giró.

Mapa interactivo: Implantación del puerta a puerta
Mapa interactiu: Auri Garcia

Los sistemas puerta a puerta, tanto los puros que suponen la retirada de contenedores de la calle como los que combinan la recogida domiciliaria con contenedores inteligentes para algunas fracciones, llegan hoy al 8% de los ciudadanos, lo cual quiere decir que se han extendido por núcleos de población pequeños y han pasado de largo de las grandes ciudades del país, que son la clave para dar un salto en la gestión de los residuos. Pero esto está empezando a cambiar.

El momento de las ciudades

En el Área Metropolitana de Barcelona (AMB), algunos municipios se preparan para dar el paso hacia el puerta a puerta y unirse a los casos de Tiana y Torrelles. Es el caso de Corbera del Llobregat, con 15.000 habitantes, donde el próximo 1 de febrero empieza la primera fase del cambio. "A pesar de estar por encima de la media metropolitana, hace diez años que nuestra tasa de recogida selectiva está estancada en el 50%", explica al ARA el concejal de Medio Ambiente, Xavier Miquel. El gobierno, de ERC y la CUP, se propone llegar a un 70 o 75% de recogida cuando esté plenamente desplegado. No son los únicos. También Ripollet, una ciudad de 40.000 habitantes y en este caso muy densa y con muchos bloques de pisos, implantará el puerta a puerta antes del verano.

Cada una lo hará haciendo las adaptaciones y cambios que permitan el encaje en la realidad urbanística del municipio. En Ripollet se optará por un sistema mixto que combinará la recogida puerta a puerta con los contenedores cerrados que solo los vecinos podrán abrir, según explicaba hace unos días la teniente de alcalde Pilar Castillejo, de la formación Decidim Ripollet, que gobierna el municipio.

En el caso de Corbera, el puerta a puerta se hará respetando un modelo de separación singular, el del residuo mínimo, que funciona desde el 2006 en la ciudad. Es uno de los pocos municipios que optó en su día por separar los residuos basándose en la división húmedo-seco, de forma que los ciudadanos separan solo 4 fracciones y no 5: orgánica, cristal, papel e inorgánica, una fracción donde van a parar todos los envases, que después se llevan a una planta en Molins de Rei para ser elegidos y separados del resto de la basura. "Así se elimina en la práctica un contenedor en casa y era la manera de intentar que los productores asumieran de verdad el coste de los envases que ponían en el mercado y no fuera a parar todo al gris", explica el concejal. Con el puerta a puerta, esta división se mantendrá y solo el cristal se seguirá recogiendo con contenedor en la calle.

Estos días hay nervios en Corbera sobre cómo reaccionará la población después de que el modelo haya estado muy presente en los medios por los problemas que ocasionó el despliegue en el barrio de Sant Andreu de Barcelona. "No ha sido un fracaso, pero sí ha habido ruido", admite el concejal. Barcelona, de hecho, ha tenido que corregir algunos aspectos que generaban oposición como por ejemplo la recogida puerta a puerta de la orgánica, que ya no se hace con cubos individuales sino con contenedores inteligentes y cerrados en la vía pública, un modelo que seguramente se extenderá a otros barrios donde está previsto implantar el cambio en la recogida de residuos los próximos años. En Lleida también se está ensayando el puerta a puerta en tres zonas de la ciudad, y esto ha hecho mejorar la exigua tasa del 26% de recogida selectiva de hace cinco años hasta el 37% actual.

El coste de la gestión de los residuos ha sido una palanca de cambio en algunos casos, puesto que Catalunya cuenta con un canon que se tiene que pagar por tonelada de desechos que se envía al vertedero o a la incineradora y que se ha ido encareciendo en los últimos años. En la comarca del Berguedà, por ejemplo, las bajas tasas de recogida selectiva conllevaban elevados costes vía canon que hacían presagiar que el sistema de recogida se volvería "insostenible", explicaba recientemente la técnica de Medio Ambiente del Consejo Comarcal, Gemma Vinyes, en unas jornadas sobre el modelo puerta a puerta organizadas por el AMB. De hecho, ahora que la ley española amenaza el canon catalán de residuos, desde los partidos catalanes se trabaja para no perder una herramienta crucial de gestión para avanzar hacia los objetivos comunitarios.

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