Emergencia social
Sociedad 23/10/2021

¿Garbanzos o dinero?

La Comisión Europea plantea para 2023 cambiar los alimentos por la ayuda económica para "dignificar la pobreza"

4 min
Un voluntario de la entidad De Vecino a Vecino preparando los alimentos para repartir entre los usuarios

“¿Si eres pobre tienes que comer garbanzos o sardinas?” La pregunta la hace Anna Romero, una trabajadora social municipal crítica con el sistema centrado en el reparto de alimentos entre la población vulnerable. De hecho, este modelo está en crisis y las mismas entidades apuestan porque sea sustituido por uno basado en ayudas económicas directas a los usuarios, para que compren lo que consideren, en realidad. “Ser pobre no significa que no puedas decidir qué comes. Hay personas que necesitan ayuda, que culturalmente no están acostumbradas a las legumbres, y resulta que se los tienen que comer, se les imponen los garbanzos”, se queja Romero.

“Es una cuestión de dignidad de las personas”, subraya la trabajadora social. Tiene la misma opinión Rafael Martínez, responsable de la ONG De Veí a Veí, radicada en el barrio barcelonés de Sant Antoni, que reconoce el buen trabajo que están haciendo los bancos de alimentos pero que a la vez dice que el reparto de tarjetas monedero es una manera de "empoderar” a la gente que acude a los servicios sociales. La entidad mantiene un modelo mixto, con una parte importante de reparto de alimentos frescos y secos y de productos de higiene personal y del hogar. La peculiaridad del proyecto es que ha creado el tonet, una moneda social virtual que presta su nombre del gegant del barrio. Con tonets, los usuarios pueden ir a comprar directamente a tiendas de la zona. El proyecto pone de relieve, por un lado, el “vínculo” entre los beneficiarios de la ayuda y el comercio de proximidad y, por el otro, rompe con el “paternalismo y las colas de la vergüenza” para acceder a los productos, subraya Martínez, que asegura que la tarjeta monedero también potencia “el ahorro”.

Entradas para el cine

Los usuarios tienen una partida mensual, asignada en función de los miembros de cada familia y de si hay menores. Se puede aumentar si participan en las campañas de recaudo que se organizan para recoger alimentos de primera necesidad que posteriormente se distribuirán. Si en algún momento el gasto supera el saldo, la asociación se hace cargo de la parte extra yendo a pagar a la tienda. Martínez recorre también a la imagen de las legumbres que planteaba Romero, porque son alimentos principales en las cestas de ayuda: “Con el dinero, la gente compra lo que quiere. A veces nos habían devuelto lentejas porque no les gustan”, dice. Además, ser vulnerable no está reñido con tener ganas de "lujos" como ir al teatro o al cine y, en este sentido, la entidad se plantea introducir artículos culturales en este cesto social.

A la entidad les quita el sueño también la “intimidad” de las personas y por eso evitan la exposición pública de la pobreza. Antes de recoger el pedido, los usuarios establecen un vínculo con los equipos de voluntarios, que mantienen entrevistas personales con las familias para conocer sus particularidades. Periódicamente se conciertan visitas para recoger los alimentos. “Tenemos que acabar con el modelo de caridad, que también se genera en la forma en la que se entrega la ayuda”, sostiene.

El fondo europeo

La Comisión Europea todavía no tiene a punto el cambio de modelo asistencial de la compra de alimentos, que actualmente se hace a través del Fondo de Ayuda a los Más Necesitados, conocido por las siglas Fead. El objetivo es dejar atrás un modelo asistencial y transformarlo en uno que implique "la dignificación de la pobreza". De hecho, ya hace años que muchas entidades y ayuntamientos aplican este modelo para evitar las estigmatizaciones de los usuarios, repartiendo tarjetas monedero cada vez con menos elementos visibles que los identifiquen como beneficiarios de ayudas sociales. 

Pero la "preocupación" de las entidades no está en si garbanzos o dinero, sino en los "problemas logísticos" –sin más detalles– que pueden hacer que los alimentos previstos en el contexto de Fead no lleguen hasta el segundo semestre de 2022. ¿Qué pasará de enero a junio? En el Banco de Alimentos, la gran entidad distribuidora, lamentan que serán meses "duros" y ya hablan de "desabastecimiento" en pleno aumento de la demanda de ayuda social, en palabras del director del banco de Barcelona, Lluís Fatjó-Vila. Con Fead la Comisión Europea reparte cada año unas partidas millonarias (563 millones de euros en siete años en España) para que cada gobierno compre ayuda de necesidad básica. En el caso español, el ejecutivo opta por adquirir más de 90 millones de kilos de arroz, galletas, legumbres o cacao para distribuir al 50% entre los bancos de alimentos y la Cruz Roja, que a su vez abastecen, respectivamente, a pequeñas entidades y ayuntamientos y consejos comarcales.

El gobierno español aprobó una partida de 86 millones de euros para comprar alimentos de caras al próximo año, pero al ser productos subvencionados, tienen que pasar una serie de trámites legales (licitaciones, concurso de concurrencia competitiva) que no llegarán a tiempo para enero. Esto provocará que haya menos productos para repartir en un momento en que la demanda de usuarios ha crecido un 30% por la pandemia. Y Fatjó-Vila apunta todavía al peligro de que la situación empeore cuando se acaben las medidas aprobadas por el gobierno español en el llamado escudo social, como los ERTE. Por eso, las entidades sociales insisten en la urgencia de aprobar un plan contra la pobreza que permita sumar la renta garantizada y el ingreso mínimo vital para garantizar unos ingresos mínimos para una población que no se ha recuperado todavía de la crisis financiera de hace una década. "Hay que planificar a largo plazo, sin parches, porque las familias no tienen una almohada económica ni para comer", denuncia un responsable del tercer sector.

Para minimizar el impacto del desabastecimiento, el departamento de Derechos Sociales ya se ha reunido con las entidades para "mejorar la cooperación", puesto que como todos los alimentos que reparte la Cruz Roja provienen de Fead esto obligará a los servicios sociales municipales a desviar a sus usuarios a otras entidades que reciben productos del Banco de Alimentos y que se nutren de donaciones, excedentes o recogidas. En este sentido, Fatjó-Vila reclama a las administraciones que destinen partidas extras para que se puedan comprar alimentos y un esfuerzo solidario en el Gran Recapte, que se hará el 19 y 20 de noviembre, priorizando otra vez las aportaciones online.

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