Autobuses llenos como alternativa a Cercanías: "Más piezas para el puzle de cada día"

Viajeros de líneas interurbanas y de las alternativas a los tramos cortados explican cómo han tenido que variar las rutinas

Autobuses de Renfe para cubrir los tramos cortados de la R3, en la estación de Sagrera de Barcelona.
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MartorellBaja del autobús para coger otro y le faltará todavía un pequeño tramo en tren para llegar a destino. De la UAB a Vilafranca "cuenta dos horas y media si todo va bien", responde resignada Paula Pàmies cuando ya vuelve a casa. Un mes antes, el viaje con la R4 y la R8, con transbordo en Martorell, duraba "una hora" y admite estar "harta de esperas y de ir corriendo para nada".

Desde el accidente mortal de un tren de Cercanías en Gelida, el 21 de enero, la red ferroviaria de Catalunya está al límite. La vida de viajeros como esta universitaria ha tenido que reajustarse a los horarios de los convoyes. "Pasan cuando quieren y cuando no pasan nadie informa", denuncian los usuarios habituales. Pero a estos retrasos hay que sumar que a los tramos en los que la vía ha tenido que cortarse mientras se realizan las obras de rehabilitación de los desperfectos detectados, Renfe ha tenido que improvisar autobuses como alternativa para realizar el servicio por carretera. "Más problemas y más piezas para el puzle de cada día", ilustra Gerard, vecino de una urbanización de Sant Sadurní y usuario de la R4, cortada hasta Martorell.

Líneas de Cercanías afectadas y plan alternativo previsto por el Govern.

En Martorell coinciden los autobuses que cubren el tramo afectado por el accidente y los que realizan el trayecto hasta Granollers siguiendo el itinerario de la R8, la única vía de Cercanías que no atraviesa Barcelona y también la única totalmente cortada, aunque el punto en reparación es el túnel de Rubí. En la otra punta de la línea, antes Roger Cumeras cogía cada día el tren para ir a trabajar y en 21 minutos hacía el trayecto Granollers-Sant Cugat. Sin trenes el viaje ha pasado a durar una hora y media (tres horas diarias), lo que le ha trastornado su rutina familiar porque le obliga a levantarse mucho más temprano, aunque llega más tarde que antes y debe correr para volver a la vida familiar.

Cumeras habla de "calvario" y "situaciones desesperantes" porque en estas tres semanas en autobús alternativo ha sufrido retrasos ya que "no encontraban al conductor" (que dormía en el interior del vehículo) o porque sin previo aviso se trasladó la parada a una calle más abajo y nadie informó a los usuarios. Por último, el conductor de un autobús de la misma empresa les advirtió de que hacía unas horas –a media mañana– tuvieron que cambiar de emplazamiento a instancias de los Mossos d'Esquadra.

En el caso de los autobuses alternativos contratados por Renfe de la R4 y la R8, los usuarios no se quejan de que vayan demasiado llenos y, es más, aseguran que en horarios de poca afluencia viajan "cuatro o cinco personas", porque la gente se ha "afañado a buscarse alternativas a las alternativas", apunta. Vive en El Vendrell y para evitar este tramo de carretera "de momento" coge el coche particular y lo aparca en Martorell para continuar el viaje a Barcelona en tren. "He descubierto a los FGC, son más caros, pero llego antes", dice satisfecha de poder darle el salto a Cercanías.

Paradas sin información

Los usuarios se quejan de la falta de información, de las incidencias de tráfico y de retrasos. "Peor que en el tren", exclama Montse. El malestar se extiende entre los viajeros de la R2 Sur, como Isidre, que desde que hay problemas ha tenido que recurrir al teletrabajo que le permite hacer la empresa para evitar quebraderos de cabeza. Hace tiempo que dejó el tren por el autobús interurbano para cubrir el trayecto Vilanova y la Geltrú-Barcelona. La cosa le iba bien hasta que muchos viajeros, cansados ​​del desaguisado de Cercanías, han dado el paso hacia el servicio de carretera. Ahora los vehículos se llenan y, en consecuencia, los viajeros se alargan en las operaciones de subir y bajar e incluso a la hora de pagar porque sólo se acepta el billete integrado o efectivo. "Son autobuses pensados ​​en mentalidad de coches de línea del siglo XX", señala, y subraya que ni el incremento de frecuencias es suficiente para absorber a tantos usuarios que quieren evitar el tren. En las paradas, se queja este viajero, no hay paneles informativos ni una aplicación como sí tienen los trenes para los incidentes.

Silvia viaja de Ripollet a Barcelona y también ha notado cómo los autobuses se han llenado de desencantados de la R4. Reconoce que de vez en cuando le da una "oportunidad" pero vuelve a darse cuenta de que se ha equivocado, porque "siempre hay algo que va mal". En su caso, el autobús es mucho mejor, aunque a menudo tenga que ir de pie por la autopista. Dice que "no es sólo tiempo, sino el ahorro del malestar, la rabia y el estrés" que le provoca Cercanías. Otro usuario satisfecho con el autobús es Pedro, afectado por el corte de la R3 por el desdoblamiento de la vía –que estaba planificado antes del accidente de Gelida–. Llega puntual y directo desde Vic, sea con autobuses interurbanos de línea o los habilitados mientras duren las obras.

El mal del sur

En Tarragona, el caos ferroviario lo pasan sin autobuses. "Renfe sólo les pone de alternativa donde no hay tren, pese a que el servicio no funciona", se queja Ana Gómez, usuaria del Avant Tarragona-Barcelona y presidenta de la Plataforma Dignidad en las Vías, que reclama "valentía" a los alcaldes "para plantarse" y exigir un transporte útil para sus ciudadanos, como ha hecho el Ayuntamiento. Los retrasos e incidencias ferroviarias han hecho que el trayecto doble la duración al menos, pero en ocasiones el viaje supone "media jornada laboral".

La plataforma convocó con la asociación Promoción del Transporte Público (PTP) la manifestación del sábado por las mejoras del tren. Su presidente, Adrià Ramírez, resume la situación como "crítica", y advierte que "funcionan mejor las líneas de autobús ya existentes que las alternativas" y se pregunta si la administración será capaz de recuperar el buen servicio y "la confianza" de los viajeros que ahora reniegan del tren.

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