Plaga de insectos

El pueblo que se ha llenado de moscas y que no puede ir a trabajar

Hostalric vive una plaga de estos insectos originada en una empresa de reciclaje

Una de las trampas para capturar moscas en Hostalric
ARA
22/06/2026
3 min

El pueblo de Hostalric, en La Selva, sufre desde hace una semana una plaga de moscas que llena el municipio y que está complicando la vida de los vecinos. Algunas empresas del municipio se han visto obligadas a cerrar unos días porque les resulta imposible ir a trabajar: comercios, bares y restaurantes no pueden funcionar, y quienes pueden abrir lo hacen con las molestias que comporta tener decenas de estos insectos alrededor.

Las trampas para capturar las moscas están por todas partes: en las señales de tráfico, en las calles, dentro de las cocinas, en los almacenes... Hay más de un centenar, según explica el Ayuntamiento a la ACN. Pero los animales continúan volando por todas partes. ¿De dónde salen? El alcalde de Hostalric, Nil Papiol, explica que empezaron a investigar de dónde podía venir esta plaga: "Revisamos que no fuera la depuradora o si venía de los campos que hubieran abonado", explica.

Un palet de madera lleno de moscas en la fábrica de Hostalric donde se ha originado la plaga de insectos.

Finalmente, descubrieron que el foco venía de una empresa que se dedica al reciclaje de envases de plástico en el polígono del pueblo. Desde aquel momento se convocó un comité de emergencia formado por técnicos del Ayuntamiento, el departamento de Interior de la Generalitat y la misma empresa. La compañía tenía unos palets infectados y, con el paso de los días y con la ayuda del calor, los insectos se fueron reproduciendo hasta esparcirse por todo Hostalric. El consistorio ya ha abierto un expediente administrativo.

Malestar entre los vecinos

Los vecinos aseguran que están "cansados" de ver tantas moscas. Lo explica Lídia, que dice que no pueden "abrir ni la puerta ni la ventana" sin que una sola mosca entre en casa. Y esta plaga ocurre en un episodio de altas temperaturas, lo que complica aún más la situación. Algunos vecinos explican a la ACN que han apostado por fabricar trampas ellos mismos con garrafas en las barandillas de los parques infantiles para capturar insectos, otros simplemente cierran las persianas y cuelgan tiras adhesivas en las ventanas para que se queden pegadas. Con todo, siguen viéndose las moscas volando en masa.

Joana tiene un estudio de fotografía en Hostalric. Asegura que todo el día tiene la puerta cerrada y el aire acondicionado puesto. "Por suerte, aquí dentro cuesta que se queden, pero cuando alguien abre la puerta entran a puñados", explica. De hecho, asegura que ella todavía tiene suerte de poder estar con la puerta cerrada y trabajar igualmente, una situación diferente a la de los bares y restaurantes del pueblo.

Una trampa adhesiva llena de moscas que cuelga de una cocina en Hostalric.

Empresas a medio gas

Algunos comercios han optado por bajar la persiana hasta que pase la plaga. Los hay que funcionan con la cocina cerrada, y otros están cansados de ir con el matamoscas y el insecticida a todas partes. Y esto también hace que muchos clientes decidan no ir a las terrazas para evitar las molestias.

En el polígono industrial la situación es similar. Hay empresas que funcionan a medio gas y otras que ni abren. Una de las que no ha parado de trabajar es Selvametall. El gerente, Carles Sánchez, ha explicado que el lunes de la semana pasada llegaron a la fábrica y se encontraron que estaba todo lleno de moscas. "Hemos probado de todo: trampas, insecticida, hemos fumigado..., pero siempre vuelven", explica.

El gerente asegura que afecta "emocionalmente" a los trabajadores porque la situación es muy molesta. "Aquí trabajamos con la puerta abierta, hace calor, sudamos y las moscas se enganchan", explica el responsable de la empresa. De hecho, los empleados no paran de espantar a estos insectos con la mano, con golpes de cabeza y con todas las técnicas que pueden. Y mientras tanto, las trampas quedan llenas de insectos atrapados y se tienen que cambiar cada dos por tres. "Llevo 300 euros gastados en insecticida y trampas, pero al menos podemos seguir trabajando", admite Sánchez.

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