Sociedad 20/01/2021

El racismo en la escuela, el tabú silenciado

La asociación Madres Contra el Racismo denuncia el racismo estructural en ámbitos tan inesperados como el educativo, el sector editorial o los juguetes

Paloma Arenós
6 min
Editorials amb missatges racistes  EL RACISME  A L’ESCOLA, EL TABÚ SILENCIAT  Casos racistes que posen els pèls de punta

Cuando en junio unos agentes de la policía mataron el ciudadano afroamericano George Floyd en los Estados Unidos, se desató en todo el mundo una oleada de indignación y de protestas contra el racismo. Aquí mucha gente hizo suyo el lema Black lives matter [Las vidas negras importan], al darse cuenta de las injusticias que viven algunos ciudadanos negros en la sociedad norteamericana. Pero ¿quién se ha planteado que el racismo también existe en nuestro día a día? ¿E incluso que es estructural y un tabú silenciado que sufren niños y adolescentes en lugares tan inesperados como la escuela y el instituto? ¿Os podéis imaginar cómo debe de ser de terrible que niños racializados -adoptados en Etiopía, Haití... o hijas de padres inmigrantes- en cuarto de primaria estén cansadas de oir: “¡Negra de mierda!”, “No cojas los colores porque los ensucias”, “No te han invitado a la fiesta de cumpleaños porque el padre de X no quiere moros en casa”...? ¿Sois conscientes que algunos alumnos, desde primaria hasta el instituto, han recibido un montón de collejas, puñetazos, humillaciones públicas de compañeros -incluso de algunos docentes- y vejaciones difundidas en las redes sociales por su color de piel, origen o religión?

¿O que cuando las familias van a exponer este dolor, desazón e incluso miedo de los hijos hay profesorado y dirección de algunos centros que les dicen que son exageraciones, que no hay para tanto, que se tienen que adaptar a la vida de aquí? Desde la beligerancia lo explican las miembros de la asociación Madres Contra el Racismo. Es una asociación catalana nacida hace dos años -y heredera de Madres Blancas con Hijos Negros, del 2017- que representa un centenar de familias racializadas. “Nos hemos asociado para que todos los niños y jóvenes racializados, no sólo nuestros hijos, tengan la oportunidad de vivir como los demás, con los mismos derechos. Abrimos el debate sobre una realidad que vivimos de primera mano, a menudo incómoda para los educadores porque se sienten cuestionados. Intentamos concienciar de lo que representa vivir en una sociedad con una ideología blanca”, detalla Fatiha el Mouali, de la junta directiva. “Hemos constatado que es tabú hablar de racismo dentro de los centros educativos porque, en el imaginario colectivo, todo el mundo tiene claro que la escuela es el lugar ideal donde se transmiten los valores y se educa a los niños. Pero son pocos los que se cuestionan de qué manera estamos construyendo a estos hombres y mujeres del futuro, y no sabemos cómo es el trato al racializado y desde qué mirada se hace. ¿Qué se espera de ellos?”, cuestiona El Mouali.

Membres de la junta Mares contra el Racisme

Esther Duaigües, madre de una niña adoptada de un país africano, explica que para tratar a fondo el racismo hay que conocer el concepto de blanquitud: “Es una construcción social que se refiere al sistema de privilegios y pensamiento basado en el color de la piel y que afecta la cultura, la economía... del otro. Es la actitud jerárquica que toma el blanco para blanquear a los que no son blancos, desde la superioridad”. También matiza el término racializado : “Describe alguien que pertenece a una minoría, pero tiene una carga política, puesto que continuamente es una persona señalada y jerarquizada por los blancos por su raza, religión, origen o cultura. La raza biológica no existe, pero sí que existe la raza como construcción social. Es el otro quien te racializa”, dice.

Ejemplos reales de este racismo estructural en el mundo educativo tienen a puñados.

¡UY, QUE DIFÍCIL EL BACHILLERATO!

“La tendencia habitual de los docentes es decir a los alumnos racializados de la ESO que el bachillerato es muy difícil para ellos, que los ven más aptos para la formación profesional, que ¡ya no intenten ni la universidad!”, dicen, indignadas. “Es muy grave que te juzguen por tu origen o color de piel y no por tus capacidades”, lamentan. “También hay una tendencia a identificar a los niños recién llegados pequeños -que, por supuesto, necesitan un apoyo extra para integrarse por dificultades con el idioma- con los trastornos o déficits de aprendizaje y, por sistema, los derivan al CDIAP [centro de desarrollo infantil y detección precoz], donde se vuelven a encontrar con profesionales que no están preparados para atender, en su globalidad, a estos niños”, alertan.

Un exemple de racisme és presuposar que un nouvingut té menys formació que els alumnes autòctons

Hajar Menssouri, trabajadora social de 28 años y de origen marroquí, llegó a Catalunya con 12 años. “Yo ya estaba escolarizada en Marruecos y era una buena alumna. Aquí los maestros me daban fichas de niveles muy inferiores y, cuando veían que las hacía bien, flipaban. Lo único que no conocía era el idioma y lo aprendí rápido”, explica. Advierte que “pensar que por el hecho de ser marroquí no tenía formación es un error”. “Y otra equivocación es segregar los alumnos recién llegados del resto de alumnos o separarlos por grupos A/B/C, según el nivel de conocimientos. Así es muy difícil aprender e integrarte porque siempre estarás en el grupo C, el gueto”, denuncia.

Editoriales con mensajes racistas

Madres Contra el Racisme denuncia que los profesionales de la educación “no están formados ni preparados para atender la diversidad ni identificar el racismo ni el microrracismo y actuar para evitarlos”. Solo hay que ver, por ejemplo, una ficha educativa con un enunciado que dice: “Observa esta escuela de un país pobre y compárala con tu colegio”. En la imagen se ve una maestra de un país africano escribiendo en la pizarra, sonriendo, ante unos alumnos con sus mesas, sillas y rodeados de material escolar. ¿Qué mensaje se traslada al alumno blanco? “Principalmente, que en el continente africano todo el mundo es pobre, pasa hambre, hay desgracias, la gente vive en cabañas... Lamentablemente, nuestros hijos no tienen referentes positivos de los negros: a pesar de que hay premios Nobel de literatura, deportistas, investigadores, artistas o científicos destacados que son negros, no trascienden”. O una editorial italiana -a la cual la asociación ha conseguido hacer rectificar- que calificaba el esclavismo como una profesión de la historia. O una empresa que fabrica muñecos y los etiqueta así: “Niño, niña y étnico”. Como si hubiera tres géneros.

Imatges editorials i de joguines amb un rerefons racista

El doctor en antropología Carles Serra, profesor de la Universitat de Girona y autor del libro Identitat, racisme y violència, es un buen conocedor del racismo en los institutos, puesto que durante una década analizó qué pasaba en un centro de secundaria de las comarcas gerundenses y con el resultado acabó haciendo su tesis doctoral. Vio de todo: agresiones, insultos, humillaciones a los jóvenes racializados ... Y tanto de parte de los alumnos como de los profesores blancos. “Lo que más cuesta es hacernos cargo de lo que representa para una persona ser víctima del racismo de manera cotidiana”. A este dolor, explica, “se suma la insensibilidad de algunos profesionales que nunca han vivido estas situaciones en su propia piel y que las niegan o minimizan”. Serra reflexiona sobre la lucha feminista, reconocida por la sociedad y la administración, y cómo está de poco avanzada la lucha contra el racismo.

“Después de muchos años de lucha de las feministas, que inicialmente también estaban solas, hay un cierto consenso social de que vivimos en una sociedad patriarcal. Las instituciones han pasado a combatir la desigualdad y sobre todo la violencia de género”. En cambio, añade, “la lucha contra el racismo no ha ganado, todavía, bastante consenso a la sociedad”.

PROTOCOLOS NO APLICADOS

Los expertos consultados coinciden que en el Estado no hay protocolos específicos contra casos de racismo en los centros educativos -y cuando hay no se aplican-. No obstante, las cifras de acoso escolar dicen que el bullying a los hijos de inmigrados ha aumentado en casi tres puntos entre el 2015 y el 2017 y que ya llega al 10% del total de los casos.

Casos racistas que ponen los pelos de punta

Son tres situaciones largas y dolorosas, pero las resumimos en pocas líneas. Angie -nombre ficticio-es una madre blanca británica con un marido indio, y son padres de un niño y una niña. Los han escolarizado en primaria en Barcelona y la hija ha sufrido todo tipo de insultos y violencia. “Le decían «Negra, vuélvete a tu país», le daban patadas... Cuando nos quejamos a la maestra, decía a los niños que no le dijeran negra, ¡que era morena [sic]!” Astou Touré explica como el curso pasado, en la clase de su hijo, en 4º, en una escuela del Vallès Oriental, un compañero trajo una caja de galletas para celebrar el aniversario. La maestra le dijo: “Primero los españoles, después las niñas, después los latinos, los moros y al final los negros, que son los más feos”. Las familias se unieron para denunciar esta barbaridad y la escuela, después de cuatro meses de gestiones, expedientó a la maestra. Mely González, de Barcelona, es madre adoptiva de un joven de 16 años de origen haitiano. “Los insultos por ser negro han sido constantes desde 4º de primaria, pero en el instituto fue horrible, con acciones que eran delito de odio. Todo le afectó mucho a la autoestima. Ahora hace bachillerato en otro centro y está muy contento y orgulloso de ser negro”, concluye.

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