Salud

Pérdida de movilidad y del sentido del tacto: algunas de las graves secuelas del gas de la risa en jóvenes

Guttmann ha hospitalizado a seis personas de entre 19 y 25 años que consumían óxido nitroso "como vía de escape"

ARA
18/03/2026

BarcelonaEntre 2020 y 2025, el Guttmann Hospital de Neurorrehabilitación de Barcelona ha ingresado seis jóvenes con secuelas neurológicas graves por haber consumido óxido nitroso, una sustancia conocida popularmente como gas de la risa. Se trata de cinco chicos y una chica de entre 19 y 25 años, que fueron ingresados ​​entre uno y tres meses. Todos ellos presentaban una fuerte debilidad muscular en las extremidades (tetraparesia o paraparesia), cinco habían perdido la capacidad de percibir vibraciones (hipopalestesia) y dos una disminución de la sensación del tacto por daños a los nervios (hipoestesia). En algunos casos, los pacientes perdieron movilidad y necesitaron utilizar una silla de ruedas.

Según el departamento de Salud, el óxido nitroso es la droga más consumida dentro de la categoría de nuevas sustancias psicoativas entre los jóvenes, ya que un 1,6% de los estudiantes de entre 14 y 18 años consumieron en 2025. La médico rehabilitadora en el Guttmann Margarita Vallès2 Revista de Neurología, el de un chico de 22 años con una enfermedad de la médula espinal, que afecta a la sensibilidad y al movimiento y que había comenzado dos años antes el consumo de gas de risa. Desde hacía ocho meses había llegado a inhalar hasta 200 globos por día, detalla la experta.

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Los profesionales del Guttmann advierten que, aunque en general hace falta un uso continuado del gas de la risa para que haya efectos graves, el efecto puede darse mucho antes, especialmente en personas con niveles bajos de vitamina B12. Vallès explica que en ocasiones el afectado se recupera totalmente, pero en otras quedan secuelas a largo plazo. En el caso de los seis pacientes jóvenes, uno presentó una recuperación completa y el resto siguen con síntomas, si bien su movilidad ha mejorado funcionalmente.

El psicólogo del centro, Joan Saurí, añade que el perfil de los pacientes atendidos por este consumo suele ser el de personas sin rutinas ni hábitos, a veces con situaciones familiares complicadas, que utilizan el gas de la risa "como vía de escape". Por eso es común que estos jóvenes también hagan un consumo de alcohol excesivo o sufran trastornos de ansiedad, lo que lleva a menudo a dejar de alimentarse adecuadamente.

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Percepción falsa de seguridad

El gas de la risa se inhala mediante globos o cartuchos metálicos y sólo está formado por dos componentes: oxígeno y nitrógeno. En los últimos años se ha utilizado como droga recreativa porque produce un efecto euforizante y desinhibidor casi inmediato, que puede tener una duración de entre 15 y 45 minutos. Los principales consumidores son los jóvenes, puesto que es un producto de bajo coste –una dosis vale pocos céntimos– y se puede comprar fácilmente por internet. Además, es inodoro y tiene un ligero sabor dulce, y se considera segura una percepción totalmente falsa.

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El óxido nitroso –que es un neurotransmisor– puede causar en el cerebro unos graves efectos secundarios, algunos de ellos irreversibles, como lesiones en el movimiento voluntario del cuerpo, la coordinación y el equilibrio. Además, puede causar desmayos y paros respiratorios porque limita la entrada de oxígeno en el cerebro. Hacer un uso continuado "puede causar lesiones neurológicas graves e irreversibles porque interfiere en el metabolismo de la vitamina B12, esencial en procesos celulares y metabólicos". Todo esto puede derivar en una pérdida de mielina, que es una estructura de las neuronas que permite la transmisión de los impulsos entre ellas, especialmente en la médula espinal, pero también en los servicios periféricos y en el ámbito cerebral.

El gas de la risa se utiliza como anestésico disociativo, por lo que puede causar alucinaciones, vocalización incontrolada, alteraciones de la percepción, desorientación espacial y temporal y reducción de la sensibilidad al dolor. También son habituales las quemaduras en boca y vías respiratorias, así como los accidentes traumáticos, ya que la droga altera la percepción y aumenta el riesgo de sufrir caídas y accidentes de tráfico.