Así han cambiado las bandas juveniles de Barcelona
Son grupos más pequeños, más heterogéneos y más incipientes que los de principios de los años 2000
BarcelonaEl miércoles fue el Día de las Escuadras, el día de puesta de largo de la policía catalana y una ocasión en la que los responsables de los Mossos d'Esquadra hacen balance y comparten los retos de seguridad a futuro en un auditorio lleno de agentes. El comisario jefe, Miquel Esquius, mencionó el narcotráfico y los extremismos como principales desafíos de país. Pero también destacó un tercer elemento que desde hace meses centra la atención de la jefatura: la violencia juvenil.
La policía catalana se refiere sobre todo a bandas formadas por pequeños grupos de personas –eminentemente chicos muy jóvenes–, mayoritariamente en edad de educación obligatoria, que han ido proliferando en Barcelona y su área metropolitana. A las autoridades les preocupa que, en algunos casos, hacen ostentación de armas blancas, como machetes de grandes dimensiones, y que ocasionalmente se pelean entre ellos y hay ataques entre grupos en la calle.
La atención policial por la aparición de bandas de jóvenes ha ido creciendo, hasta el punto de que a estas alturas desde la Comisaría General de Información de los Mossos se está implementando un plan para radiografiar algunos puntos de Cataluña donde tienen presencia. Según fuentes consultadas por el ARA, esta estrategia se inició con la llegada de la nueva jefatura hace ahora un año y medio. En el área metropolitana de Barcelona ya se han detectado puntos con presencia de bandas juveniles. Por ejemplo, en L'Hospitalet de Llobregat y en Terrassa.
También desde la región de Barcelona ya se hacen tareas de monitorización de algunos grupos, presentes en zonas a tocar del río Besòs, en los distritos de Sant Andreu, Nou Barris y Sant Martí. De hecho, esta semana el pleno del Ayuntamiento de Barcelona ha aprobado una proposición de Junts para impulsar un plan entre la Guardia Urbana, los Mossos y las policías locales del área metropolitana para luchar contra la actividad de bandas juveniles delictivas.
Violencia gratuita vs. control del barrio
Los Mossos hablan de grupos incipientes que deben intentarse abordar antes de que crezcan. Los vecinos del Parc de la Pegaso, en Sant Andreu, explican que ahora ven más agentes de los Mossos en la zona, sobre todo por las noches. La policía había identificado uno de estos grupos juveniles. Una de las vecinas, la Gemma, explica que hace un año había visto en alguna ocasión peleas y grupos de jóvenes que corrían unos detrás de otros, en uno de los casos con un hacha en la mano. Ahora, dice, el aumento de la presencia policial ha hecho que imágenes como esta no se vean tanto. Aun así, recomienda a sus sobrinos que no pasen por algunas zonas según a qué horas. El José, camarero de un bar de la zona, corrobora que hace unos meses vio peleas entre grupos de jóvenes, pero que ahora todo está más tranquilo.
Pasa lo mismo en el distrito de Nou Barris, donde hay grupos que se hacen llamar Barrio 18. El Carlos y el Antonio, que son vecinos de la plaza Àngel Pestanya, también explican que a menudo presencian carreras y, de forma no tan regular, peleas. Con todo, no detectan un aumento de la violencia en los últimos años. Ambos hablan de chicos muy jóvenes, algunos de los cuales llevan armas blancas, que pasan las tardes en la plaza, algunos consumiendo drogas. A veces, si viene un grupo de otra zona, acaban a golpes, explican. Los Mossos también han optado por aumentar el patrullaje en esta zona.
Ahora bien, la policía catalana es clara: el comportamiento de estos jóvenes no es como el que se observó a principios de los años 2000, cuando había una gran preocupación mediática y policial por el auge de bandas latinas como los Trinitarios o los Ñetas, que ganaron una fuerte presencia y provocaban enfrentamientos regulares. Los grupos identificados en Barcelona y su entorno no cumplen este perfil: sus miembros ya no se miran en esos grupos (a menudo se ponen otros nombres) y tampoco tienen una fidelidad al grupo tan alta.
En la mayoría de los casos, se trata de grupos más pequeños, más heterogéneos, formados por personas de nacionalidades diferentes (mayoritariamente españoles) y que no tienen una actividad delictiva conjunta más allá de pelearse entre ellos, si bien puede haber excepciones y conductas individuales. No son grupos con un rol de sucursal ni franquicia de grandes organizaciones latinas internacionales. Tampoco ha habido muertos ni una sensación de inseguridad como la de principios de los 2000. De hecho, las peleas entre ellos suelen ser más por un simple elemento de violencia gratuita que por el control de un barrio o una plaza concreta. Todo está en un momento embrionario. Es decir, puede ser una amenaza de futuro.
Tanto fuentes policiales como expertas en la temática apuntan que Catalunya está lejos de la situación de Madrid, donde hay una presencia más arraigada de bandas juveniles de origen latino, herederas de este fenómeno pasado. Por ejemplo, este mismo viernes murió un joven de 17 años apuñalado en Vallecas, y la policía ya habla de una posible venganza entre las bandas de los Trinitarios y los Ñetas.
Ahora bien, en Catalunya sí que ha habido operativos policiales contra los Trinitarios, pero han acabado con la detención de miembros antiguos, en ningún caso pertenecen a una banda juvenil.
Segundas y terceras generaciones
En Cataluña, muchas de las personas que integran estos grupos forman parte de la segunda y la tercera generación de inmigrantes. "Buscan una segunda familia que los acoja. Hace veinte años eran personas que acababan de llegar, que estaban perdidas, algunas no tenían ni referentes familiares. Hoy en día todavía pueden tener esta función, aunque se suma un sentimiento de exclusión", explica Carles Feixa, catedrático de antropología en la UPF y coordinador delInforme Juventud en España 2024. Añade que las grandes bandas han seguido existiendo, pero como un "referente más simbólico". Ahora, resume, hemos vuelto a una dinámica similar a la de los años 70, "de pequeñas bandas de barrio, sin una vinculación transnacional".
Con todo, Feixa dice que no conoce ningún "estudio serio" que hable de un aumento de la violencia juvenil en Cataluña. Por ejemplo, el Informe Juventud en España 2024 es interesante porque pregunta a los jóvenes si han participado en peleas en la calle o si las han grabado. Un 10% responden que sí. Según el antropólogo, esta respuesta "no es relevante cuantitativamente", pero sí lo es que la mitad de los jóvenes hayan visto peleas en las redes sociales. Advierte que esto no se traduce automáticamente en más violencia pero sí que es un factor relevante.
"Ha vuelto a reavivar la idea de la violencia como diversión", coincide, en esta línea, Jaume Funes, psicólogo, educador y periodista. Insiste en la idea de que las bandas son una "familia" para las personas que no tienen o la tienen desestructurada o lejos. "Son personas que buscan formas de afirmación en una sociedad que difícilmente las ha aceptado", añade, y coincide también en la idea de que la "fragmentación social" también ha llevado a la "fragmentación de grupos". Aun así, advierte: "Hay tantas formas de ser joven que no se puede generalizar".
De hecho, una de las principales preguntas es cómo se deben abordar estos conflictos, y los dos expertos coinciden en que esto no solo puede ser competencia de la policía. La clave de bóveda, según Funes, es encontrar interlocutores en estos grupos y no entrar en una espiral "de acción-reacción". "Con los Latin Kings teníamos intermediarios y pudimos hablar con ellos", dice, y recuerda que esto acabó con una desescalada y con la agrupación de los Latin Kings en una asociación legal. En este sentido, Feixa opina que el proceso de regularización actual también puede ayudar a reducir la problemática.
"Hacen falta mediadores, más integradores sociales y más presencia en la transición de la ESO al mundo laboral", añade Feixa, que insiste en la importancia del entorno escolar en este fenómeno. Por un lado, para reducir el absentismo; por otro, para evitar la segregación escolar, "que no se ha revertido" y atiza la conflictividad.
Esta semana se ha sabido que los Mossos y el departamento de Educación están impulsando un plan piloto para que haya agentes de paisano en los centros. Si bien fuentes de los Mossos lo desvinculan del problema con estas bandas juveniles, la consejera de Interior, Núria Parlon, sí afirmó que ayudaría a prevenir la "violencia juvenil".