"Hay descontento y rabia acumulados": hablan los maestros de menores que estuvieron en los disturbios
El profesorado afronta los primeros días lectivos después de la protesta anónima que reunió a medio millar de jóvenes en el entorno de plaza Cataluña
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GranollersEster –nombre ficticio para mantener el anonimato– se enteró el lunes en la sala de profesores de que dos de sus alumnos, menores de edad, habían sido identificados en los disturbios del sábado en Barcelona. Es docente en un instituto de los alrededores de Granollers, la zona donde los Mossos han rastreado el origen de la convocatoria anónima, y como ella muchos profesores no han podido ni querido esquivar el tema de conversación de la semana. Se han encontrado con alumnos que critican los destrozos ocasionados y otros que hacen broma al respecto. Y también con jóvenes que reivindican orgullosamente su autoría u otros que fueron a Barcelona por "FOMO" –miedo a perdérselo, dice la docente citando a los jóvenes–, pero que no participaron en ellos. La situación ha generado grandes incógnitas a los docentes, que se preguntan cuál debe ser su papel.
"Hace tiempo que se respira tensión en las aulas. Hay un caldo de cultivo que conduce a situaciones como esta", asegura Ester. Se refiere al "descontento y la rabia acumulados" por la crisis en la que los jóvenes se ven inmersos, en cuestiones como la vivienda, el desencanto con los estudios o las perspectivas laborales. Ante este escenario, los estudiantes "ven que romper cosas es la única manera de hacer que los escuchen", dice. En total, quedaron dañados más de una treintena de comercios, y el número de detenidos hasta ahora es de 132, de los cuales 89 son menores de edad, según la fiscalía.
Diversos docentes con los que ha hablado el ARA explican que las protestas en Francia han sido un tema de conversación recurrente estas últimas semanas en las aulas de los institutos. Ester cree que esto les ha dado un "empujón de entusiasmo", como en otros lugares de Europa, pero que en Barcelona los jóvenes se toparon con una "trampa": "Pensaban que se encontrarían con una protesta política con cara y ojos, se dejaron llevar por lo que habían visto en TikTok", asegura.
En este sentido, los profesores también se preguntan de dónde salió este llamamiento. La docente de Granollers sospecha de la finalidad "maquiavélica" de quien hizo este llamamiento, que los Mossos continúan buscando. Dice que ha sido muy "oportuno" que haya pasado justamente en un momento en que las asambleas de estudiantes se están constituyendo de cara a la huelga general del 11 de noviembre. También pone en duda que fuera realmente un ‘Blocus’ a la catalana, tomando la expresión de los franceses para bloquear los centros educativos. "Se está intentando reventar y criminalizar el movimiento estudiantil", sentencia la docente, que cree que habría que canalizar la frustración de la juventud en "organizaciones juveniles o sindicatos".
A diferencia de Ester, hay docentes que ya notaron que algo se estaba gestando la semana pasada. Oían conversaciones informales entre los jóvenes, en los pasillos o en el patio, pero no le dieron mucha importancia, reconoce Jonathan, profesor de Formación Profesional en otro centro de un municipio metropolitano. Trabaja con alumnos nacidos "aquí y allá", dice, y asegura que la protesta fue "transversal, indistintamente del origen o de la cultura": "Los jóvenes se sienten abandonados por el sistema. Aunque se esfuerzen, nada les asegura un futuro". Y concluye que "quieren quemarlo todo para volver a empezar".
Miedo a empezar
La convocatoria se difundió de manera anónima por aplicaciones como TikTok y también en canales de difusión de WhatsApp o Telegram a los cuales los alumnos se podían unir mediante enlaces abiertos. A estas alturas, ya se ha forzado el cierre de dos grupos de Telegram. A Marta, profesora en otro centro del Vallés Oriental, le consta que alumnos suyos están en estos grupos de mensajería. Reconoce que el profesorado tiene opiniones divididas sobre cómo se debe abordar este tema en las aulas. Incluso, añade, algunos docentes tienen "miedo" de abrir el melón –demasiado complejo y con interrogantes– y dicen que no hay suficiente tiempo para tratarlo en profundidad.
Dentro de este melón difícil de abrir está el uso de las redes. "Las redes sociales esparcen la información como la pólvora", dice Jonathan, preocupado por los peligros crecientes de Internet: "Tengo alumnos que se pasan entre 8 y 10 horas frente a la pantalla", asegura. También añade que la IA todavía envenena más la situación. No solo hace que la información se expanda como una "mancha de aceite", sino que ahora, esta información es menos fiable que nunca. "A los adultos nos cuesta disgregar, pero los jóvenes no verifican", lamenta el profesor.