Cómo Marbella se ha convertido en un decorado de lujo para los narcos

Los líderes de las bandas tienen un nivel de vida que pasa desapercibido en la ciudad

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MarbellaRecorriéndola en coche, desde los accesos hasta las principales avenidas, Marbella tiene eso de ser una ciudad que podría ser muchas otras ciudades. Más bien dicho, cualquier otra ciudad masificada de la Costa Dorada, de la Costa Brava, de la Costa Azul o de la misma Costa del Sol de la cual es emblema. Los edificios más altos son hoteles y no oficinas, los bloques de apartamentos, también imponentes, tienen piscinas comunitarias, y las montañas que quedan en el horizonte están llenas de puntos blancos; edificios que han destrozado el paisaje natural. Pero si te adentras en las carreteras que desfilan entre las montañas ves que no son chalets ni casas viejas: hay muchas mansiones, complejos, clubs de tenis y campos de golf exclusivos. Las cruces sanitarias van acompañadas de carteles que dicen “arzt” y “apotheke”, y no “doctor” o “farmacia”. Las vallas publicitarias son en inglés y anuncian clínicas privadas, la mayoría para hacerse retoques estéticos, para tratar la baja fertilidad o la falta de cabellos, y están dirigidos a un público de una cierta edad que no quiere –o al menos quiere disimular– hacerse mayor.

Solo las continuas banderas españolas en cada rotonda, sorprendentemente grandes, te recuerdan que aquello es España. Pero nada más da ninguna pista y tampoco oyes hablar castellano. Hay urbanizaciones de nacionalidades concretas, guetos de ricos. No es extraño ver coches caros con matrículas exóticas. La avenida principal se llama Julio Iglesias, una declaración de intenciones del carácter de la ciudad. El final de la calle del cantante español más internacional da paso a un puerto reservado para yates, que flotan inmóviles durante un día de enero lluvioso. Estamos en Puerto Banús, un puerto donde no hay almacenes, ni casitas de pescadores, ni una lonja. Ni tan solo huele a mar. En el mismo muelle, a tres pasos de los yates, hay una hilera de tiendas de lujo, algunas incluso repetidas. Michael Kors, Gucci, Louis Vuitton, Dolce Gabbana, Versace, Dior, Emporio Armani, Zadig Voltaire. Amarrar, bajar del yate, comprar y volver a la embarcación. Todo haciendo menos de cien pasos.

Las tiendas a pie de puerto de Marbella.

El lujo de un pueblo entregado a los forasteros hace que sea un escondite ideal para los poderosos narcotraficantes que desde hace décadas se han establecido en Marbella. Son cárteles de todo el mundo, que hablan en su idioma y nadie se extraña, que van con coches de alta gama y nadie se extraña, que compran una mansión y nadie alza la ceja, ni sospecha, ni se pregunta qué hace para ganarse la vida. “Los narcos tienen una forma de vida que no pasa desapercibida. El lujo es escandaloso. Pero en Marbella todo es anónimo, pasas desapercibido. Quién sabe si aquel es un empresario de éxito, un narco o un traficante de armas”, explica el abogado Lázaro Chico.

Sol, mar y comodidades

Marbella está en una zona estratégica si el tráfico de drogas es tu negocio: a pocos kilómetros del puerto de Algeciras, por donde entra mucha cocaína; también a pocos kilómetros de Marruecos, de donde viene el hachís; y cerca de territorios productores de marihuana como Granada. Pero también es un espacio privilegiado, de sol, mar y comodidades, que atrae a la mafia irlandesa que solo ve llover o a la sueca que vive en lugares permanentemente gélidos. Marbella ha sido el destino de veraneo del lujo y, durante años, todo el mundo ha querido tener un lugar. Tuvo una gran finca Moammar al-Gaddafi, dictador de Libia, conocida durante años como El Rancho Gaddafi. Le siguió Hosni Mubarak, antiguo rais de Egipto, que tenía propiedades en primera línea de mar de la misma Costa del Sol.

Una de las mansiones más lujosas fue la del traficante de armas Adnan Khashoggi. Él fue una figura clave para que aterrizara en Marbella la realeza de Arabia Saudita. El príncipe Fahd, que gobernó el país entre 1982 y 2005, decidió veranear allí y construyó varias propiedades de lujo. Marbella acogió la amistad del príncipe Fahd con el entonces rey de España, Juan Carlos I. El año 1979, de hecho, le regaló un yate, el famoso Fortuna. La historia de Marbella no se entendería sin las fiestas de Gunilla von Bismarck, miembro de la alta aristocracia alemana, sin el largo mandato de Jesús Gil como alcalde y sin la posterior operación Malaya. El año 2006 se destapó una gran trama de corrupción urbanística en el consistorio, con sobornos, licencias irregulares y unos terrenos urbanizables infinitos.

Piscines i més piscines

“Este boom inmobiliario lo cambió todo. Antes no había ni alcantarillado”, explica Lucía Casaus, fundadora del despacho de arquitectos GC Studio. Se encargan de hacer las mansiones de los más ricos y complejos de millones de euros con piscina exterior climatizada de 25 metros, un spa interior, un gimnasio, una guardería, una pista de baloncesto, un simulador de golf, una cámara hiperbárica y más piscinas, muchas piscinas. ¿Cuántos de sus clientes son españoles? “Un 5%”, responde. Son clientes jóvenes, de 30 o 40 años. Lituans, belgas, holandeses, mexicanos. Ella vive en Marbella y prácticamente tampoco tiene vecinos españoles. Solo se ha cruzado uno. Ha diseñado casas que valen 27 millones de euros –la Villa Olimpus, 2.000 metros cuadrados construidos, con cine y spa

– y apartamentos que cuestan cinco. Después de la covid, ha notado que los clientes estacionales han pasado a ser fijos y que cada vez tiene más compradores que trabajan en el mundo de las tecnológicas. Todo en una ciudad bonita si te gusta el cemento y las casas imponentes, que “no tiene ninguna zona deprimida”, añade Lázaro Chico.

Tiendas junto al puerto de Marbella.

Todavía quedan, sin embargo, algunos románticos. El Paco camina por el centro de Puerto Banús mientras va señalando edificios: “Mira, este lo construí yo, este aparcamiento también”, va diciendo. Ha sido albañil toda la vida y dice que ahora se siente extranjero en la ciudad que le ha visto crecer. “Todavía queda gente de toda la vida, pero la mayoría son de fuera”, admite. Se despide justo delante de una inmobiliaria que anuncia una nueva mansión por solo 10 millones de euros.

Más yates en Puerto Banús, con carteles indicando dónde están las tiendas.
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