Sucesos

Ola de detenciones por tráfico de medicamentos en el Raval vista desde una terraza

La policía ya puede arrestar camellos de fármacos a pequeña escala después de un cambio de protocolo interno

La rambla del Raval de Barcelona en una imagen de archivo.
16/04/2026
3 min

BarcelonaEl contacto es rápido y hay que estar atento para no perderse nada. Un chico se acerca a otro y se intercambian un par de palabras. Sentado en una terraza para disimular y a una distancia prudencial, es imposible saber qué se dicen, pero sí que se puede interpretar. Uno le da unas monedas al otro. Al momento, el vendedor saca algo del bolsillo y va entregando, una a una, cosas pequeñas, como si fueran monedas, a las manos del comprador. El cliente ya ha pagado y después de este intercambio se separan con la satisfacción de haberlo hecho deprisa, sin que nadie los haya visto. Pero aparecen unos agentes de paisano de la policía y los detienen. El comprador lleva en el bolsillo varias pastillas Lyrica. El vendedor acaba detenido por un delito contra la salud pública.

Tal como ha explicado varias veces el ARA, es habitual ver estos intercambios de pastillas en plena calle en el Raval de Barcelona. La Lyrica es un medicamento que se indica sobre todo para rebajar el dolor de origen nervioso y algunas crisis epilépticas, así como el trastorno de ansiedad generalizada. Entre los fármacos que se trafican a pequeña escala en el barrio del Raval también está el Rivotril, una benzodiazepina que se destina, también principalmente, para determinados tipos de epilepsia y convulsiones. Ambos requieren receta médica.

Según fuentes policiales, hasta ahora las autoridades no podían detener a los responsables de estos intercambios siguiendo diversas indicaciones internas. Básicamente, hasta ahora el ministerio público apostaba por archivar los casos de intercambios de pastillas. Esto ahora ha cambiado. Después de un acuerdo entre la Fiscalía, los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana, se considera este tráfico un delito contra la salud pública y ya se producen los primeros arrestos.

Fármacos requisados en el Raval.

Estos medicamentos tienen un público muy concreto, según explican fuentes policiales y también de los traficantes, y son eminentemente jóvenes que se dedican, sobre todo, a robar. ¿Por qué? Son fármacos que acostumbran a desinhibir, a hacer subir la adrenalina, y se los toman para perder el miedo antes de cometer un robo con violencia en la calle. Antes del nuevo criterio, los intercambios se hacían a plena vista y los traficantes ni siquiera se escondían. Incluso, a veces lo hacían delante de la policía, con actitud chulesca, evidenciando su sensación de impunidad. Con el cambio interno en la policía, tanto en los Mossos d'Esquadra como en la Guardia Urbana, hay una ola de detenidos por tráfico de medicamentos.

El ARA ha podido presenciar tres detenciones simplemente sentándose una tarde en una terraza de la rambla del Raval. Las tres tienen lugar con una hora de diferencia entre ellas y a pocos metros de distancia. Siempre son camellos que se esperan de pie en las esquinas, pasando el rato, hasta que llega el cliente y con una rapidez admirable hacen el intercambio. En conversación con el ARA, uno de estos clientes, justo después de ser identificado por la policía, se queja de que toma Lyrica por un dolor en la pierna. De hecho, va con muletas y tiene una herida abierta y mal cuidada en la parte inferior de la pierna. Preguntado por si tiene este fármaco recetado, se limita a decir que es para la pierna. Es joven —no llega a los 30 años— y apenas habla castellano. No lleva DNI y se identifica con un carnet del CatSalut.

Pastillas intervenidas por la policía.

¿Cuánto ha pagado este hombre por las pastillas? 10 euros. Algo más de dos euros la píldora. Es el precio estándar si eres un cliente habitual. A veces, a los que no son conocidos les pueden cobrar hasta cinco euros por comprimido. Ahora la policía también empieza a investigar de dónde vienen estas pastillas y si hay aliados de los camellos que van con una receta a la farmacia y después las revenden.

Y un tirón

El Raval es movimiento. Decenas de personas suben y bajan constantemente por este barrio del centro de Barcelona. En medio del movimiento, se pueden ver intercambios de droga: un joven se acerca a otro, le pone algo en la mano y poco después el comprador se sienta y se lía un cigarrillo. Solo hace falta pasar cerca para detectar que aquello es hachís. En la misma esquina se produce un nuevo intercambio de pastillas que acaba, de nuevo, con la detención del vendedor.

Pero el Raval tiene tanto movimiento que segundos después, mientras están arrestando al camello, otro joven roba de un tirón un collar de oro que lleva un turista que espera un taxi. Empieza una persecución de varios agentes corriendo por el Raval hasta interceptar al ladrón. Consiguen pararle, le detienen y la joya vuelve a manos del turista.

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