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Sociedad  /  Vivienda 16/04/2022

Ni agua corriente ni nevera, y solo energía solar: así es vivir en una casa 100% sostenible en la ciudad

Un grupo de estudiantes de arquitectura de la UPC se instalan en un prototipo de vivienda ecológica para analizar la viabilidad

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Barcelona¿Es viable vivir en una casa 100% sostenible en medio de la ciudad? ¿Filtrar el agua de la lluvia, separar todos los residuos, obtener la energía solo del sol y vivir, por ejemplo, sin nevera? Un grupo de estudiantes de arquitectura de la UPC ha decidido comprobarlo en primera persona. "Hace un tiempo unos compañeros construyeron este prototipo de casa sostenible para llevarla a un concurso internacional", explica Adriana Núñez, estudiante del máster en arquitectura e investigadora de la universidad, mientras enseña la casa modular, ahora instalada en el Campus Besòs de la UPC. "Un día vinimos a dar clase para verla por dentro y nos surgió la pregunta de si realmente sería práctico vivir", añade. Y decidieron comprobarlo. Presentaron un proyecto de investigación en la universidad para llevar el prototipo "al límite". ¿El objetivo? Vivir durante seis meses –entre febrero y julio de este año– y analizar, día a día, qué significa vivir en una casa 100% ecológica y hasta qué punto se pueden aplicar ciertos sistemas a las viviendas actuales en la ciudad. "No se trata de evaluar la eficiencia energética; esto va mucho más allá, significa vivir la sostenibilidad de manera radical y analizar los pros y los contras", explica Gonzalo Macías, otro de los estudiantes de máster e investigador de la UPC.

El diseño de esta casa modular, de unos 100 metros cuadrados, es peculiar. La mayoría del espacio es diáfano y de madera, y solo unos cierres fijos separan la parte norte de la casa –la más fría– de la parte sur, donde se está más caliente. En un lado (el norte) están las habitaciones y la despensa, que hace las funciones de nevera. En el otro (el sur), está la cocina, una sala polivalente que sirve para acumular y distribuir el calor, y el lavabo. En el centro, el comedor y la única sala que contiene grifos. Concretamente tres: uno de agua potable, otro de pluvial y un tercero de aguas grises (utilizadas y depuradas). En medio de todo, un sistema de cortinas, más o menos gruesas, hace la función de tabiques interiores.

Durante estos seis meses vivirán en el apartamento hasta seis personas. "La idea es ir viendo si la casa aguanta el ritmo frenético de la ciudad", explica Núñez. Miden la temperatura, la humedad y el CO₂ que generan cada pocos minutos para analizar "cómo responde la casa". Al final, la investigación y los datos se publicarán y serán accesibles a todo el mundo. Uno de las grandes ventajas que ya han descubierto estos investigadores es la gran versatilidad que tiene el espacio. "Podemos distribuir y montar diferentes habitaciones en un momento, abriendo o cerrando las cortinas", explica Macías. Además, la bañera y la pica del lavabo y de la cocina tienen ruedas y son móviles porque no están fijadas a ninguna cañería. "Cogemos el agua de los grifos y la cargamos hasta donde queremos. Puedo decidir si quiero bañarme en medio del comedor o en mi habitación", señala divertida Núñez.

Casa sostenible.

Aquí todo se reutiliza, pero "no todo es práctico". Durante estos dos meses lo que más quebraderos de cabeza ha dado a estos jóvenes arquitectos es, precisamente, el sistema del agua. "Realmente es muy radical no estar conectados a la red de agua –admite Núñez riendo– y te obliga, por ejemplo, a tener un huerto sí o sí y un sistema de compostaje para deshacerte de las aguas más sucias y los excrementos", resume. El problema más grande lo tienen en la cocina. "Tenemos que tener un separador de aceite porque el agua de fregar los platos es sucia y no podemos echar aceite en las aguas grises, porque nos cargaríamos todo el sistema", lamenta la arquitecta.

El otro gran quebradero de cabeza es el confort térmico. "El apartamento se calienta muy rápido, pero también se enfría al momento", detalla Macías, que explica que este problema es "solucionable" porque en el diseño original ha montado un suelo radiante, que ahora mismo no está en funcionamiento. "La cosa cambiaría mucho con el suelo caliente", reconoce.

La despensa hace la función de nevera y los alimentos deben guardarse en un orden concreto.
La casa es un prototipo modular y la construyeron unos alumnos para un concurso internacional. Ahora está instalada en el campus de la UPC.
Diferentes aparatos miden la temperatura, la humedad y el CO2 de las distintas estancias de la casa.

Una experiencia "muy didáctica"

Sea como sea, vivir de manera "radicalmente sostenible" ya está sirviendo a estos jóvenes arquitectos para visualizar cómo pueden ser las casas del futuro y encontrar soluciones que, como mínimo, ayuden a reducir la huella de carbono en la vida cotidiana. "Hemos aprendido a almacenar mejor los alimentos –ejemplifica Núñez–. ¿Sabías que las manzanas emiten una toxina que hace madurar antes el resto de los alimentos si los tienes mezclados? ¿O que los plátanos aguantan mucho más si los guardas colgados, como si todavía estuvieran en el platanero?" Otro punto a favor es la facilidad de construcción: levantar una casa como esta se puede conseguir en solo 15 días. Además, aseguran, es un hogar didáctico: "Tener que cargar el agua en depósitos es muy molesto, pero nos ha hecho mucho más conscientes como arquitectos de lo que cuesta transportar agua y la energía que destinas a ello", argumenta Macías. "¡Créeme que ahorro cada gota, porque cada gota la cargo en la espalda!", exclama.

També han comprobado que la versatilidad de los espacios esconde "defectos de diseño". "Para mantener la despensa fría, y no necesitar nevera, los alimentos tendrían que estar prácticamente en la calle", concluye Núñez, que admite que esto ya es un problema en sí antes de que llegue el verano. "También hay problemas de privacidad –añade Macías–. Si queremos ventilar, en verano tendremos que renunciar a tener cierres interiores".

Al final, reflexionan, la experiencia también les está sirviendo para replantearse cómo vivimos ahora. "Si queremos pisos que nos ayuden a reducir el impacto del CO₂, tienen que pasar forzosamente por aquí", apunta Macías. "¿Por qué no dormir, por ejemplo, todos juntos en una zona común consumiendo menos energía si después cada uno puede tener igualmente una zona privada?", se plantea su compañera. "Es urgente que cambiemos la manera de funcionar y esto incluye la manera en la que concebimos nuestros hogares", concluyen.

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