Los pioneros de la industria farmacéutica en las comarcas de Tarragona
Cuando se habla de los orígenes de la industria farmacéutica catalana, el relato acostumbra a situarse casi exclusivamente en Barcelona. Es una asociación lógica. Empresas como Uriach, Viñas o Esteve, junto con el establecimiento de las primeras multinacionales farmacéuticas alemanas, acabaron convirtiendo la capital catalana en el principal centro productor de medicamentos del Estado. Sin embargo, esta visión deja a menudo en un segundo plano un fenómeno poco conocido, pero de una gran trascendencia: el papel que tuvieron las comarcas de Tarragona, y especialmente Reus, en los inicios de esta actividad industrial.
Durante las primeras décadas del siglo XX, la demarcación reunía un conjunto de laboratorios farmacéuticos sorprendentemente numeroso para un territorio alejado de los grandes centros industriales. Algunos de estos laboratorios alcanzaron proyección estatal, registraron decenas de marcas comerciales y llegaron incluso a fabricar especialidades bajo licencia de prestigiosos laboratorios europeos.
Uno de los primeros ejemplos de actividad farmacéutica con voluntad industrial fue el del farmacéutico Modesto Nadal Riera, establecido inicialmente en Tarragona. En el año 1902 registró una marca de fábrica para proteger la comercialización de la Emulsión Nadal, un preparado a base de aceite de hígado de bacalao enriquecido con otros ingredientes. Dos años más tarde amplió su catálogo con la Emulsión Alfa y el Jarabe Nadal, este último anunciado como premiado en la Exposición de Atenas de 1903, y registró también una marca genérica con su propio nombre. Su farmacia estaba situada en la calle Mayor, 14, de Tarragona, hasta que en 1926 trasladó su actividad a Reus.
Otra iniciativa singular fue la fabricación del Agua del Carmen por los Carmelitas Descalzos de Tarragona. La producción se inició en el año 1909 en el convento de la orden y, desde 1911, Tarragona se convirtió en el centro elaborador de este preparado para el mercado español y buena parte de Hispanoamérica. Para su elaboración, los religiosos disponían de instalaciones propias y personal asalariado, mayoritariamente femenino. Comercializada como una especialidad farmacéutica con propiedades digestivas, antiespasmódicas y sedantes, el Agua del Carmen se distribuía en farmacias de todo el Estado gracias también a una intensa actividad publicitaria. Su fabricación se mantuvo en Tarragona hasta la década de 1980.
Antes de la Guerra Civil también funcionaban laboratorios farmacéuticos en Tortosa, donde destacaban Climent, Gallosch, Queralt y el Quimioteràpic del Ebro, este último conocido por las populares Tosiletas y otros productos bajo la marca Geve. En Alcover trabajaba Tomàs Serra; en Montbrió del Camp, el laboratorio Fenoll; en Mont-roig del Camp, Mont Reis; en La Riba, Calmet Carreño; y en Ulldecona, Viladot Sala.
Entre todas estas iniciativas, Reus acabó consolidándose como el principal centro de la industria farmacéutica de las comarcas de Tarragona. Este desarrollo no fue fruto de la casualidad. Reus reunía una combinación de factores difícil de encontrar en otras ciudades catalanas: una economía dinámica, una larga tradición comercial, unas buenas comunicaciones, una burguesía emprendedora y una generación de farmacéuticos dispuestos a asumir riesgos empresariales. La suma de estos elementos convirtió la ciudad en uno de los principales focos de la industria farmacéutica catalana durante el primer tercio del siglo XX.
Una de las claves para entender la génesis de la industria farmacéutica, fue el papel de las droguerías. Las grandes droguerías reusenses –como la Antigua Casa Coder o la de José y Melchor Bufill– distribuían productos químicos, especialidades farmacéuticas, complementos alimentarios y aguas minerales a buena parte del territorio. Mucho antes de la aparición de las modernas distribuidoras farmacéuticas, estas empresas actuaban como grandes mayoristas. Además, la irrupción de las especialidades farmacéuticas industriales modificó completamente la actividad tradicional farmacéutica. Algunos profesionales decidieron adaptarse a los nuevos tiempos y aprovecharon los conocimientos químicos adquiridos en la universidad para crear empresas capaces de producir medicamentos a gran escala.
En este contexto apareció la figura que marcaría un punto de inflexión en la historia del sector: Antoni Serra Pàmies. Hijo de una familia humilde, farmacéutico formado en la Universidad de Barcelona y establecido en Reus, transformó una oficina de farmacia en una auténtica empresa industrial. Fue el único fabricante español de la Aspirina de Bayer durante una etapa decisiva, produjo bajo licencia especialidades de laboratorios como Bayer, Merck, Poulenc, Vial o Wander, impulsó las populares Litines Serra –primer litinoide fabricado en España– y desarrolló una intensa actividad en la comercialización de aguas minerales embotelladas. Además, creó una importante empresa distribuidora de medicamentos, e integró en una misma organización la fabricación, la representación comercial y la distribución farmacéutica. Sus instalaciones de la carretera de Castellvell llegaron a ocupar cerca de 250 trabajadores, una cifra extraordinaria para una empresa farmacéutica catalana de aquel tiempo.
El éxito de Serra Pàmies demostró que era posible crear una industria farmacéutica competitiva desde Reus. Poco después surgieron otras iniciativas empresariales que consolidaron esta tradición. Destaca, como ejemplo, la familia Vallverdú, creadora de los Laboratorios Klam. Salvador Vallverdú Gebellí desarrolló diversas especialidades farmacéuticas, pero sería su hijo, Josep Ramon Vallverdú de Cortada, quien convertiría Almendrina en una de las marcas alimentarias más conocidas del Estado. Nacida como una leche de almendras elaborada en un laboratorio farmacéutico, Almendrina acabaría convirtiéndose en un producto presente durante generaciones en miles de hogares españoles.
Otra figura imprescindible fue Arturo Punyed Lloberas, impulsor de un laboratorio con una marcada vocación industrial, que desarrolló numerosas especialidades farmacéuticas y participó en proyectos vinculados a las aguas mineromedicinales. A su lado hay que recordar también a farmacéuticos como Pau Ornosa, Josep Benet Soler o Francesc Cahué, cuya innovadora anestesia se distribuyó por toda España.