¡Urgente! Todo un pueblo busca carnicero
De aquí a final de año cierran las tres carnicerías de la Selva del Camp, un pueblo del Baix Camp
La Selva del CampSe busca carnicero en la Selva del Camp (Baix Camp). Trabajo estable de larga duración. Horario de mañanas (incluido sábado) y tardes de lunes a viernes. Imprescindible experiencia y destreza con los cuchillos. Garantía de ingresos y, sobre todo, garantía absoluta del reconocimiento de la gente mayor del pueblo, que ya empieza a sufrir. "Se ha acabado esto de comer bien", lamenta Maria, mientras sale de la carnicería de Miquel y Pepita. "Ya hace tiempo que se habla –continúa– pero yo prefiero no preguntar", dice. De aquí a final de año cierran las tres carnicerías del pueblo y la única opción que les quedará a los 5.700 selvatans para comprar carne dentro del municipio será ir al supermercado. Para algunos vecinos, como Maria, se trata de un contratiempo sin precedentes. "No sabes cómo disfrutan mis nietos cuando vienen a casa y prueban las hamburguesas de la abuela... Mi hija va al súper, que es otro precio, pero claro...", concluye la vecina.
Los tres carniceros son conscientes del vacío que dejan y están intentando encontrar a alguien que se quede el negocio pero, por ahora, no ha habido éxito. Dos de ellos representan la tercera generación de carniceros de la familia y el otro es la segunda generación. Y todos han tenido hijos, pero ninguno de ellos quiere seguir con el negocio de los padres. "Me da pena cerrar toda esta instalación. Hace más de 40 años que estoy aquí, y todo funciona, pero las dos hijas tienen una carrera y otros trabajos, y ganan más que yo", explica Daniel Vilalta, que tiene 63 años y a los quince ya iba al matadero. "Hace 45 Lunes de Pascua que traigo cerdos al matadero. He cotizado de sobra, yo".
Daniel representa la tercera generación de carniceros de un negocio que abrió la tatarabuela en el año 1880. "Estamos mirando si alguna empresa grande se lo quiere quedar. No queremos dejar el pueblo sin suministro", dice. De los tres carniceros, el negocio de los Vilalta es el más grande, e incluso tienen cerdos. Miquel y Pepita, los dos hermanos que llevan la carnicería que hay unos 80 metros más arriba, también están hartos: "¡Se acabó el bróquil! No hay relevo porque somos autónomos. ¿Quién quieres que se haga autónomo, eh?", dice Miquel mientras pica la carne de un bistec para una clienta. Ambos también están esperando el cambio de año para bajar la persiana. El tercer carnicero es Anton Ferraté, que cumplirá 63 años a finales de 2026. Él quizás mantendría el negocio, pero su mujer murió el año pasado y no puede permitirse contratar un ayudante. La madre, de 88 años, le echa una mano, pero a él le rompe el corazón. "No la quiero llevar de la tienda al cementerio", dice dolido. Y concluye: "Si no hay electricistas, ¿cómo tiene que haber carniceros?".
¿Quién hace los oficios?
La prima de Daniel Vilalta se llama Montserrat Soronellas y es investigadora de antropología social en la Universitat Rovira i Virgili. "Mucha gente cursa estudios superiores, ¿pero los que no lo han hecho? ¿Cómo es que no han aprendido un oficio?", se pregunta. Soronellas lamenta que "la planificación de oficios en este país no ha funcionado" y responsabiliza a los diferentes gobiernos. Lo mismo que pasa con los carniceros de la Selva del Camp pasa en muchos otros lugares del país con mecánicos, carpinteros, electricistas o agricultores: negocios que funcionan, pero que tienen que cerrar porque no tienen relevo. "Cuando la EGB no estaba aún instituida, a partir de los 14 años la gente acababa la escuela y se ponía a trabajar", explica la antropóloga. Los oficios pasaban de generación en generación y los padres ya se preocupaban de enseñar a los hijos a manejar los cuchillos o a trabajar la madera. Pero la EGB encaminaba a los alumnos a estudios superiores y los oficios empezaron a caer en picado. En este vacío, la inmigración juega un papel clave: "Como no llega el crecimiento vegetativo, llega el crecimiento por la llegada de inmigrantes, como pasó, por ejemplo, con muchos rumanos, que vinieron con los oficios aprendidos y ocuparon puestos de trabajo", explica Soronellas.
Además de la falta de interés por los oficios, detrás del cierre de las tres carnicerías también hay un cambio en los hábitos de consumo. Se compra más por internet y la comodidad de poder ir a un supermercado en coche y comprar de todo en veinte minutos se impone al modelo de la tienda de toda la vida. "Los ayuntamientos se darán cuenta de que tienen que dar apoyo a las tiendas y hacer algún tipo de acción para mantenerlas como parte del tejido urbano. Las tiendas iluminan la calle, dan vida y son muy importantes para los pueblos. El comercio es una manera de crear vínculo con la gente. No nos podemos permitir que la población se concentre en las mismas zonas", advierte Soronellas.