"Soy tan burro que pienso que lo mejor aún ha de venir"
El actor Ramon Madaula rememora sus mejores noches de verano
Las mejores noches de verano que recuerda Ramon Madaula siempre han sido en un porche. “Siempre que pienso en noches de verano pienso en un porche. Es un espacio que te permite cenar, charlar, jugar a las cartas…”, dice el actor. De todos los porches que ha habido en su vida, uno de los que más recuerda es el de una casa de payés que alquilaron durante un par de veranos en Ibiza, hace veinte años. “Recuerdo aquellas noches como unas de las más bonitas de mi vida, con mi mujer, mis hijas y algunas amistades de las hijas. Por el porche de aquella casa pasaba una brisa muy agradable, estábamos casi solos en aquella parte de la isla, y por la noche se oían las cigarras. Las niñas estaban en una edad muy bonita, tenían unos 12 o 13 años, ya podías hablar con ellas, jugábamos a las cartas hasta tarde y pasábamos muchos ratos divertidos juntos”, rememora Madaula.
Su amor por los porches, explica, le viene de pequeño: “Mis padres tenían una casita con un porche pequeño, y cada noche cenábamos al fresco. Tenían una tele portátil y la sacaban fuera”. Ahora las noches de verano también las pasa casi todas en el porche de casa, en compañía de su pareja, la actriz Sílvia Munt. “Tenemos la suerte de tener un porche pequeño y por la tarde-noche hacemos vida allí. Para nosotros es una alegría, no ponemos ni la tele. Hay unas golondrinas que han hecho nido en el porche y estamos entretenidos viendo cómo construyen el nido. No nos hace falta nada más, una cena fresca, buena compañía y una copa de vino blanco fresco. Son noches con pocas expectativas y mucha serenidad”, dice Madaula.
Sea en un porche o no, para él lo más importante de las noches de verano es la compañía. “La buena compañía es lo que lo hace todo bonito, si no todo es un poco desastre. Yo solo nunca estoy bien”, explica. De hecho, las noches de verano de cuando era soltero no las recuerda. “Las tengo borradas. Para mí, todas las noches de fiesta y de pasarlo bien siempre han sido noches de fracasos, de tener las expectativas altas y encontrarte después con ruido, incomodidad y desorden”, asegura. Le pasa lo mismo con las noches de verano de adolescencia: “Para mí la adolescencia fue un mal rato. Siempre estaba enamorado de quien no debía y lo pasaba mal. No me gustaba beber alcohol ni fumar, porque en lugar de darme alegría me hundían. Fue una época triste”, admite.
Sí que echa de menos las hogueras de San Juan en cada esquina del barrio, donde los vecinos quemaban sillas y muebles viejos: “Era una experiencia muy atávica”. Aun así, no se considera una persona nostálgica: “Soy tan burro que pienso que lo mejor aún ha de venir. Objetivamente, supongo que ya he pasado lo mejor de la vida, pero aún vivo con ilusión por todo lo que nos espera”.