El análisis de Antoni Bassas

Feijóo y Rufián suben el tono

A Gabriel Rufián tampoco le gusta la realidad que ve y hace culpable a los que explican la realidad, "el 90% de la prensa catalana"

30/06/2026

Casi todo el espacio de análisis está ocupado por el ruido de la política española, un ruido que tiene dos emisores fundamentales. El primero es la corrupción próxima al PSOE y a Pedro Sánchez (Ábalos, Koldo, Cerdán), que suma una nueva imputada:

La presidenta de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), Belén Gualda, que según la Fiscalía habría hecho tratos delictivos relacionados con Leire Díez. El segundo, y como Sánchez no piensa ceder, viene de la derecha y la ultraderecha españolas, que han cruzado definitivamente una línea que hasta ahora solo se habían atrevido a rozar, que es la de achacar al sistema electoral parte de su desgracia de no poder gobernar desde 2018. Vox ya desconfió del voto por correo, y ahora Feijóo pide un plus de 50 diputados extras para el partido que gane las elecciones, porque de esta manera lo tenga más fácil para sumar votos para la investidura.

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Feijóo lo dejó ir en una entrevista con Jiménez Losantos –no llevaba la idea muy afinada–, después de que le preguntaran directamente por maneras de evitar que “grupos minoritarios tengan sobrerrepresentación” en el Estado. Feijóo pasó por alto el hecho de que estos diputados extras no se pueden otorgar sin reformar la Constitución, tal como explicamos en esta página, con la valoración que nos hacen expertos constitucionalistas.

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La respuesta de Feijóo es doblemente peligrosa, primero porque ya ha instalado la política española en la discusión de las reglas de juego, como si fuera víctima de un mal arbitraje y no del hecho de que su discurso, sus acuerdos con Vox y el hecho evidente de que vive ensombrecido por la sombra de Ayuso y de Aznar echan atrás a media España. Y es peligrosa para los catalanes y los vascos, todavía con un sistema propio de partidos, que ahora que han hecho presidente a Sánchez y no dan a Feijóo los votos para una moción de censura resulta que hay que reducir la influencia aritmética que tienen en el Congreso. Es una vieja cantinela que ahora vuelve con más fuerza y es más peligrosa, porque el dedo de Donald Trump les ha enseñado el camino, y una vez que se proyectan dudas sobre los votos o el sistema, la deslegitimación del adversario y de las instituciones democráticas es un hecho irreversible. Pero mientras el PSOE se defiende atrincherado en su castillo y el PP no sabe cómo asaltarlo, la política catalana vive del mismo mal de este bloqueo español. Al todavía cabeza de filas de Esquerra en el Congreso, Gabriel Rufián, tampoco le agrada la realidad que ve y culpa de ella a quienes explican la realidad, “el 90% de la prensa catalana” –él también la ha señalado con el dedo–, a la que acusa de dar demasiados minutos a la propuesta de Junts de buscar un presidente socialista alternativo a Sánchez.

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Es un clásico, unos denuncian el sistema electoral y otros se quejan del tratamiento de la prensa. Se apuntan todos, la derecha, la izquierda y los que dicen que vienen a regenerar la izquierda. Buenos días.