La trampa del "comodín" Samaranch

03/06/2026
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Quizás algún día Feijóo será presidente del gobierno español, pero por el momento, no parece que vaya a llegar. Continúa siendo un jefe de la oposición gris, triste, incapaz de generar ilusión ni de acertar la estrategia, dependiendo de la muleta de Vox. Había pedido el apoyo de Junts para una moción de censura, Turull se lo quitó de encima diciéndole que si quería hablar de ello fuera a Waterloo a reunirse con el presidente del partido y, claro, Feijóo no tuvo más remedio que despreciar la oferta. El PP nunca le dejaría hablar con Puigdemont, de manera que, como diría Rajoy “fin de la cita”. Pero, aparte de su jugada frustrada, Feijóo habló en el Círculo de Economía y dijo lo siguiente: “Cataluña no debería continuar aspirando a conseguir las cosas ni por coacción ni por colisión, sino por convicción”. Qué frase más bonita, si no fuera que es de una gran hipocresía. Puedo imaginar que cuando habla de “colisión” se refiere al Procés y al 1 de Octubre. Pero me pregunto a qué le llama “coacción” el señor Feijóo. ¿Negociar cuando los votos de la gente te han dado el poder de ser influyente es “coacción?” ¿Y qué convicción se puede desplegar cuando nada de lo que plantee Cataluña es aceptable por principio? Solo hay que ver el rechazo de las autonomías gobernadas por el PP a aceptar el modelo de financiación propuesto por Esquerra que las beneficia a todas porque el gobierno español pondrá miles de millones de más.

Y aparece inesperadamente el nombre de Joan Antoni Samaranch, cuya memoria fue objeto de un homenaje ayer por la tarde en Barcelona presionando y discutiendo sobre el uso del catalánY convenció al rey y al gobierno de la época de que él podía conseguir los Juegos para España y que aquello podía ser un ‘win-win’ para Cataluña y España. Y el gobierno español se lo creyó (quizás porque pensaban que la candidatura de Barcelona no ganaría) pero sobre todo, porque si los Juegos venían de la mano de Samaranch, un español, exfranquista, monárquico, no eran sospechosos. Para que Cataluña pueda convencer debe encontrar un auditorio receptivo. Y España no lo es. Es una lástima, pero no lo es. Solo hay que ver el lío que tenemos organizado con el uso del catalán por parte del Papa en su próxima visita a Cataluña.

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El episcopado español, organizador del viaje, no puede ser menos receptivo al uso del catalán por parte del Papa y en presencia de los reyes de España. Y entre los menos receptivos, un hombre clave, el cardenal de Barcelona, Joan Josep Omella. Que 34 años después de los Juegos de Barcelona todavía tengamos que estar presionando y discutiendo sobre el uso del catalán en Cataluña en una ceremonia de alcance mundial es la muestra de hasta qué punto, en España, el poder político, económico y, lo que es más triste, eclesiástico solo se siente dignamente representado por una lengua, y que oír hablar al Papa en catalán en presencia de las autoridades del Estado es una especie de afrenta simbólica. Por cierto, hay unas cuantas gestiones puestas en marcha. A ver cómo acaba la cuestión, pero la imposición es impresentable.

Buenos días.