POLÍTICA

La tarea cuántica de Joe Biden: reavivar la ciencia en los Estados Unidos

El nuevo presidente ya ha empezado a cambiar las acciones de Trump

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Joe Biden ha empezado el mandato con acciones para potenciar la búsqueda científica y el papel de los científicos en la toma de decisiones políticas.
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“Garantizar que nuestra nación pueda continuar aprovechando todo el poder de la ciencia y la tecnología en nombre del pueblo norteamericano”. Esto lo ha escrito Joe Biden en la carta que ha dirigido al pionero de la secuenciación genética masiva Eric Lander, nombrado director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica y asesor científico del presidente. El nombramiento es una de las primeras decisiones que ha tomado el nuevo presidente de los Estados Unidos para encarar una tarea que se puede calificar como cuántica: es fácil, y difícil a la vez. Fácil porque no parece muy complicado mejorar la acción científica de Donald Trump. Y difícil porque puede costar enmendar el impacto de las decisiones del expresidente.

Los cinco retos de Lander

¿Qué podemos aprender de la pandemia para mejorar la salud pública? ¿Qué puede hacer la ciencia para luchar contra el cambio climático? ¿Cómo pueden los Estados Unidos ser líderes mundiales en tecnología? ¿Cómo podemos garantizar que los resultados de la ciencia se distribuyan equitativamente? ¿Cómo podemos asegurar la salud de la ciencia a largo plazo? Estos son los retos que Biden plantea a Lander, un hombre avezado en grandes desafíos. Matemático de formación, fue una figura clave en el Proyecto del Genoma Humano de los años 90. Calificado a menudo como brillante, visionario o genial, se le considera la encarnación del triunfo de la Big Science en biología porque antes del Proyecto del Genoma Humano solo la física usaba grandes infraestructuras como los aceleradores de partículas, donde trabajaban miles de científicos con un objetivo común.

El prestigio académico de Lander es incuestionable. En 2011, por ejemplo, tenía más artículos científicos entre los más citados que ningún otro investigador de cualquier campo en los dos años anteriores. A pesar de este currículum, Lander ha protagonizado alguna polémica. En 2016 publicó en la revista Cell un artículo titulado Los héroes del CRISPR en el que escribía la historia de la famosa técnica de edición genética. Curiosamente, en esta historia no mencionaba a las investigadoras Jennifer Doudna, de la Universidad de California en Berkeley, ni a Emmanuelle Charpentier, del Instituto Max Planck de Berlín, que justamente ganaron el premio Nobel de química en 2020 por haber desarrollado el CRISPR. En aquel artículo que inflamó las redes Lander sí que alababa el rol de Feng Zhang, investigador del Broad Institute del MIT y la Universidad de Harvard, del cual él mismo es presidente. Además, Cell no mencionó en ninguna parte que el Broad Institute y la Universidad de California estaban metidos en un litigio por unas patentes relacionadas con CRISPR, lo que, tal y como indican los manuales de estilo de las revistas científicas, constituía un conflicto de intereses que había que poner en conocimiento de los lectores.

Sea como fuere, Lander no lo tendrá fácil para responder las cinco preguntas del presidente. La oficina que empezará a dirigir ha pasado de tener 150 miembros con la administración Obama a solo 50. Pero la sombra de Trump se extiende mucho más allá. Además de querer recortar los presupuestos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y otras agencias científicas, el expresidente había empezado el proceso para retirar a los Estados Unidos del acuerdo climático de París y había anunciado la salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Para cambiar estas decisiones, Biden no solo ha escrito una carta sino que también se ha puesto manos a la obra. Además de anunciar el retorno al Acuerdo de París y a la OMS, ha renovado cargos clave. Al frente de la operación Warp Speed para desarrollar vacunas y medicamentos contra el covid-19 ha puesto a David Kessler, un pediatra con trayectoria académica y de gestión pública, en sustitución del inmunólogo Moncef Slaoui, que procedía de la industria farmacéutica. En cuanto a la dirección de la Agencia de Protección Ambiental, ha echado al abogado Andrew Wheeler, conocido por relajar las leyes ambientales aprobadas por la administración de Obama, y ha puesto a Michael Regan, que ha trabajado desde la administración para endurecer la regulación de contaminantes químicos y para descontaminar zonas afectadas por centrales térmicas de carbón. En el departamento de Energía, Biden ha mantenido la misma línea: sale Dan Brouillette, que fue vicepresidente de Ford y ha protegido la industria del carbón, y entra Jennifer Granholm, que tiene experiencia política en impulsar inversiones en vehículos más limpios.

Necesitaremos tiempo para ver los resultados de estas medidas. Biden ha demostrado voluntad, pero todavía se debe ver hasta donde llega el rastro de Trump.

La carta de Joe Biden a Eric S. Lander
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