Un bar de siempre que sirve cocina popular catalana en la zona cero del 'brunch'
Gerard Sans ha hecho del Veracruz una casa de platos sencillos a buen precio en el Eixample de Barcelona
Barcelona"Quiero que sea el lugar donde un albañil que está trabajando aquí al lado venga a comer", dice Gerard Sans. En unos tiempos en los que los bares se nos están gourmetizante y, por tanto, los precios se suben aunque los vasos sigan siendo de Duralex, es noticia que alguien haya cogido un bar de toda la vida y quiera simplemente servir butifarra con secas, bacalao a la llauna o capipota a buen precio. Estamos en el bar restaurante Veracruz. El dueño anterior estuvo allí un montón de años y había conservado el nombre de un dueño todavía previo, así que nunca sabremos qué relación tiene este local con México. Estamos en la calle Mallorca de Barcelona, entre Gerona y Bailén. Rodeados de sitios para hacer el brunch, se abre este humilde oasis con tirador de Voll-Damm. Suenan Llach y Mishima. Sans dice que su referente es el Gelida, un sitio que no nos cansaremos nunca de recomendar, también. Mientras pruebo una sublime croqueta de merluza y gambas, siento un matrimonio mayor que tengo detrás (si nunca coincidimos, queridos lectores, sepan que yo siempre pongo la antena): "De este sitio haré propaganda, está buenísimo. Si no mojas pan, te lo pierdes", le espetaba ella al mar. "Haga caso a su señora", pienso.
Gerard Sans ha abierto este bar restaurante hace poco más de dos meses y está reforzándolo poco a poco con unos cimientos ya muy sólidos. Se ha adentrado en esta aventura con sus propios ahorros y con la ayuda de la familia. Tenía claro que quería un "bar de siempre, de los que se traspasaban a la comunidad china cuando la familia que lo abrió en los 70 ya no tenía relieve", dice. Le acompañan en la aventura dos personas con las que ya había trabajado y con las que tiene una complicidad total. El cocinero Marcos Costa, que proviene de Brasil, de la preciosa región de Maranhão, y que hace "el mejor fricandó", asegura Sans. Y Eric Bunagan, en la sala. Habían trabajado juntos en el Mercader del Eixample. Luego Sans estuvo un tiempo cuidando de su hijo, que ahora tiene seis años. Y finalmente se ha enzarzado en tener un negocio propio. Merece la pena resaltarlo en estos momentos en los que muchos establecimientos forman parte de grandes grupos y tienen, claro, un músculo y un riesgo financiero muy diferentes. Gerard Sans estudió cine, y cuando se decidió por la cocina se apuntó a Hofmann con 27 años. Dice que es una "superescuela".
Un plato rebosante de macarrones
El ilustrador Juanjo Sáez, colaborador de este diario, le ha hecho el grafismo. Sáez siempre va a parar a los sitios que merecen la pena, como lo atestigua un cuadro que tienen colgado en La Granjita del Raval. Sans ofrece una carta corta pero solvente, con la palabra "Veracruz" hecha con letras de Sáez en lo alto. Los platos que aparecen son fijos, y lo que varía es el del día. Más que cocina tradicional, le gusta decir que hace "cocina popular catalana". Mientras lo explica, pasa un plato rebosante de macarrones. Hoy es viernes y es lo que toca. El plato del día tiene un precio de 8,90. Los martes es el día de las lentejas con chorizo; los miércoles, de la fideuá; los jueves, del arroz a la cazuela. Y los sábados, por el momento, va variando: está buscando quién será el candidato que se instalará. En la carta nunca falta la escudella mezclada (10,50), que sirve directamente con un cucharón. Tiene claro que si todo va como está previsto, la servirá todo el año. El plato más costoso de la carta es la zarzuela de pescado y marisco, que vale 18 euros. Para los carnívoros, también están los dados de entrecot a 15. Sin embargo, la mayoría de propuestas no pasan de los 12 euros.
Trate de tener buen producto y contar con los paradistas del Mercado de la Concepción, el que tiene más cerca. Y comprar algunas verduras en Can Fisas o los huevos ecológicos de Calaf, con los que hace tortillas al momento. Es un lujo asequible, acompañar la tortilla con pan con tomate. Tiene la de patata y la butifarra de perol y judías.
En cuanto al café, dice que es de calidad pero no de especialidad, así que puede contener precios. Es de Mateu, un torrefactor de Hostafrancs. "Compro todo lo que pueda ser de aquí", explica. De hecho, en el mostrador tiene unos trípticos de Òmnium Cultural: son de un programa en el que el local se ha adherido como entorno propicio para encuentros de parejas lingüísticas y para personas que quieran conversar y aprender el catalán. Gerard Sans conoce bien el barrio, ya que sus padres viven cerca. Además muchos clientes son vecinos. No es de extrañar que Ramón y Pepi, los antiguos propietarios, le traspasaran el bar a él. Se quisieron asegurar que dejaban al Veracruz en buenas manos. Y así fue.