Entre fiordos y viñedos: la nueva frontera del vino está en Dinamarca
El cambio climático y el aumento de las temperaturas impulsa una nueva generación de bodegas danesas donde antes era improbable hacer vino
Hasta ahora, Dinamarca ha sido un país reconocido por sus prestigiosas firmas de diseño de interiores, la apuesta pionera por la sostenibilidad y las energías renovables, y por acoger algunos de los mejores restaurantes de alta gastronomía del mundo en la ciudad de Copenhague. Probablemente, cuando pensamos en un país escandinavo, la primera imagen que nos viene a la cabeza no es la de degustar una copa de vino elaborado en una bodega local. Sin embargo, debido a los efectos del cambio climático, los países del norte de Europa están ganando protagonismo en la producción de vino, donde ven que tienen un futuro prometedor.Es el caso de la viticultura danesa, que en los últimos cinco años ha experimentado un notable salto cualitativo, impulsada por un puñado de productores atrevidos y visionarios empujados por la curiosidad, que por primera vez están consiguiendo elaborar vinos de gran calidad. Lo reafirma el periodista y crítico de vinos en el diario danés Politiken, Thomas Ilkjær, que asegura que el sector del vino danés “se encuentra hoy en un momento muy emocionante”. Hace 10 años, la producción de vino en climas fríos como Escandinavia era considerada una apuesta perdedora, pero ahora el sector se encuentra en ebullición: “Creo que de aquí a 50 años miraremos atrás y veremos que nos encontramos en el momento exacto en el que todo empezó a crecer” dice Ilkjær.Hasta ahora, los inviernos largos, fríos y oscuros propios de la latitud de los países nórdicos habían sido el principal obstáculo para la producción de vino. Pero el calentamiento global ha provocado que los países productores del sur de Europa se enfrenten a granos de uva sobremadurados y con un elevado contenido alcohólico, mientras que Dinamarca ha abierto la puerta a la elaboración de vinos “con una acidez marcada, mucha mineralidad y una gran frescura” asegura Ilkjær, hecho que cada vez convence más a los críticos gastronómicos y restauradores.En cuanto al número de productores de vino daneses, en las últimas dos décadas se ha pasado de 10 a 150 bodegas profesionales (con más de 1.000 viticultores aficionados) y cada año surgen nuevos. Esto ha hecho que en solo seis años la producción de vino danés se haya triplicado y el sector esté claramente en auge. Todo ello, a pesar de que la historia de Dinamarca como país vinícola tan solo comenzó en el año 2000, cuando se aprobó el cultivo comercial de viñedos bajo la normativa de la Unión Europea.Según la Universidad de Copenhague, la superficie dedicada a la viña en el país nórdico es de 250 hectáreas, de las cuales el 90% producen vino certificado como ecológico. Pero aunque la producción de vino danés ha aumentado y la calidad ha mejorado, la industria del vino todavía se encuentra en sus inicios, sobre todo si lo comparamos con otros países como Cataluña, donde hay plantadas 55.000 hectáreas de viñedo.En nuestra casa, una tendencia entre productores de vinos catalanes para superar los retos de las olas de calor y la imprevisibilidad del tiempo es trasladar la producción de vino buscando climas más fríos, por ejemplo cultivando las viñas en laderas de las montañas más elevadas, como en los Pirineos. En este sentido, los productores daneses sienten que tienen los efectos del cambio climático a su favor, ya que estudios climatológicos predicen que en un plazo de 50 años las condiciones climáticas del país nórdico se podrían asemejar a las zonas del norte de Francia o de la región de la Champaña, con un clima fresco, lluvia abundante, heladas esporádicas en la primavera y veranos más cálidos.A pesar de los efectos bien patentes del calentamiento global no significa que ahora en Dinamarca sea fácil producir vino, pero “el cambio climático lo ha hecho posible, o al menos ha ayudado a mejorar la calidad de los vinos”, dice Ilkjær. Actualmente, la temporada de cultivo en el país nórdico comienza en abril y la vendimia no se hace hasta octubre, cuando la uva ya ha madurado. Durante estos meses, la temperatura media es de unos 13 grados, un aumento de 0,8 grados en comparación con el periodo de 1960-1990. Sobre esto, se estima que las horas de sol han aumentado un 15% de media, un factor decisivo para producir vino. Con todo, “todavía tenemos un clima fresco, con el riesgo de que algún año sea prácticamente imposible hacer vino, por tanto, es un reto que no se pueda confiar del todo en el clima, y esto hace que para los productores sea difícil arriesgarlo todo en un negocio tan inseguro como la producción de vino en Dinamarca”, asegura Ilkjær.La mayoría de los viñedos en Dinamarca se encuentran a no menos de 10 km de la costa del mar Báltico y el mar del Norte, repartidos por todo el país, desde la península de Jutlandia hasta la isla de Bornholm. La variedad más utilizada para la producción de vino blanco es la Solaris, apreciada por su resistencia al clima frío, así como por su capacidad de maduración temprana. En cuanto a los vinos tintos, destaca especialmente la variedad Rondo, muy extendida en Alemania y en el sur de Inglaterra. Pero si los vinos daneses están consiguiendo una mayor proyección es gracias a la elaboración de vinos espumosos, que ya representa cerca del 20% de la producción total del país.“Todo un sueño y un reto hacer vino aquí”
En medio de un paisaje verde, carreteras sinuosas que atraviesan pequeñas aldeas, y antiguos castillos señoriales, la isla de Fionia (Fyn) guarda un encanto de postal. En esta ubicación tan bucólica se encuentra la finca By Stokkebye, una bodega familiar que produce cada año 20.000 botellas de uno de los vinos espumosos más prestigiosos del país. “Todo empezó como un hobby el año 2009”, para mí era como un sueño y un reto poder plantar vino aquí, pero estaba seguro de que lo podía conseguir, dice Jacob Stokkebye, que dirige la bodega junto con su esposa, Helle. Sin embargo, el camino no fue fácil, y en los inicios tuvieron que tirar el vino porque la calidad no era lo suficientemente buena. Esto llevó a Jacob a dejarse asesorar por productores vinícolas franceses, que le han ayudado a elaborar un vino inspirado en el método tradicional del champán.Hoy, la bodega es de las pocas que apuesta por plantar las variedades Pinot Noir y Chardonnay, a pesar de que están menos adaptadas al clima lluvioso y a los inviernos helados: "Parte de nuestro éxito es que nos encontramos al lado del mar donde siempre sopla el viento, esto ayuda a secar rápido la lluvia de la viña", dice Jacob.
Como en el caso de By Stokkebye, muchas de las bodegas danesas “comenzaron de manera amateur, guiadas por el emprendimiento y la pasión de los productores”, señala Hans Münter, presidente de la asociación de la industria vinícola de Dinamarca. “Con el tiempo, el sector se ha ido profesionalizando, y esto ha contribuido en la mejora de los vinos” dice Münter.Poco a poco, los vinos producidos en Dinamarca se están haciendo un hueco sobre todo en las cartas de los restaurantes de alta cocina, mientras que en restaurantes más asequibles o en tiendas especializadas los vinos hechos en Dinamarca continúan siendo una excentricidad. En cuanto a los vinos espumosos elaborados en By Stokkebye, han conseguido el reconocimiento de estar presentes en las cartas de vinos de 25 restaurantes con estrella Michelin repartidos entre Dinamarca, Suecia, Noruega, Alemania y Francia: “Este era nuestro objetivo, como somos un país vinícola nuevo, nos centramos mucho en la calidad, no en la cantidad, y eso marca la diferencia. Somos muy críticos antes de hacer una botella de vino”, dice Jacob Stokkebye. Para el periodista Thomas Ilkjær, este es un reconocimiento merecido, ya que “en los restaurantes de alta cocina no ponen nada en sus cartas si no es lo suficientemente bueno, solo cuando tiene suficiente calidad, y en los últimos 5-10 años los elaboradores daneses lo están consiguiendo”, asegura. El precio, un factor importante
A pesar del auge de la producción vinícola, algunos de los retos del sector todavía son muy importantes. El cambio climático ha traído un aumento de la temperatura que favorece la maduración de la uva, pero también unas condiciones climáticas más volátiles en el norte de Europa que pueden comportar un año con un calor muy intenso, y un exceso de lluvia al siguiente. Esto hace que las cosechas sean desiguales y la cantidad de vino producida sea todavía pequeña, y mayoritariamente destinada al consumo nacional. Muchas de las bodegas todavía tienen una red de distribución muy limitada, que obliga a ir directamente a las bodegas para catar sus vinos.Otro de los grandes retos es conseguir que los precios sean más competitivos. Actualmente, una botella de vino danés cuesta de media entre 30 y 40 euros, principalmente porque los costes laborales y de producción en el país nórdico son cerca de tres veces más elevados que en los principales productores europeos, como Francia, Italia o España: “El precio es muy importante, si no, te sentirás como un tonto pagando un coste muy alto por un vino que no es realmente lo que esperas, el precio y la calidad deben coincidir”, dice el elaborador Jacob Stokkebye.En estas circunstancias, muchos de los elaboradores daneses todavía tienen problemas para hacer de la producción de vino su medio de vida y un negocio rentable. Como asegura Jacob, a pesar de que su bodega ha conseguido tener una viabilidad económica y unos clientes estables que garantizan el futuro del proyecto, “este no es un negocio para ganar dinero, en absoluto, si te quieres dedicar a ello para ganar mucho, mejor olvídalo, te tienes que dedicar por pasión”.