La miel con grillos, el caviar de caracol, el látigo de pescado y la guerra que nos dejará sin azafrán
La feria Alimentaria se celebra cada dos años, presenta las novedades del sector y muestra las tendencias actuales
L'Hospitalet de LlobregatUn chico repartía bebidas energéticas en la entrada. Si no fueran las nueve y media de la mañana, es para tomar una, porque de Alimentaria sabes cuando entras pero no cuando sales. Los pabellones de la feria de alimentación se llenan rápido de personas que quieren conocer las novedades de este año, que ya les aviso que tienen que ver con la proteína. De hecho, proteína por un tubo.
En la última edición de esta feria bianual la proteína añadida en postre como el yogur ya hicieron acto de presencia, pero en esta edición es indiscutible: Cacaolat con proteína, galletas con chocolate y proteína, snacks proteicos de pollo con sabor a queso o bien los productos en los que la proteína la añaden insectos.
Una de las novedades más relevantes la presenta Mels Alemany, de Os de Balaguer. Ellos han ideado, junto con Grillco, miel enriquecida con polvo de grillo. Destacan en este caso no tanto la proteína como la propiedad de incorporar vitamina B12. Mientras estoy, Ferran Alemany la presenta a unos compradores de un importante supermercado. Se lo miran curiosos. ¿A quién puede ir dirigido? A personas con problemas de deglución oa quien necesite un refuerzo alimenticio, explica. En otro pabellón se encuentra la parada de Bernat Monter, cofundador de Grillco. Cuenta que tienen la granja en Sant Miquel de Balenyà y que tienen 20 millones de grillos. Que son muchos señores, y necesitan calma. Que es una buena proteína alternativa y que comerla ya no es el futuro, sino el presente. Vende en polvo, que se puede añadir como suplemento donde quieras. Durante toda la mañana sólo dos personas han declinado degustar galletas que llevaban. El polvo no sabe a nada, y el grillo, si se comiera entero, recordaría la gamba. De ahí que todos los que sean alérgicos a los crustáceos deben abstenerse.
Otra proteína, en este de mar, que se presenta en la feria son los embutidos de pescado: sobrasada, chorizo, butifarra de huevo, látigo. Todo hecho de pez. Claro, este producto está destinado a ser un éxito en los países en los que no se come carne de cerdo. Para diseñar estos embutidos ha sido necesaria la suma de esfuerzos entre el cocinero Riccardo Radice, del restaurante Fishology (que tiene una estrella Michelin), y Àlex Castany Sanmartí. Castany es conocido porque desde su carnicería centenaria de Sabadell ha importado carnes premium, como el Wagyu japonés. Ahora se pone en el pez, que les ha hecho adaptar la maquinaria. "¿Cómo puede que antes hayamos llegado a comer una barrita hecha con escarabajo que un látigo hecho de pescado pescado frente a nuestra costa?", me pregunta. Dice que el mar no se está trabajando lo suficiente, y que no conocemos muchas especies que son buenas. "¿Tú sabías que el 55% del pescado se tira?", espeta. Pruebo el látigo de atún, y me recuerda el de jabalí.
Y ahora hacemos el camino a la inversa. Volvemos a la tierra para encontrar un producto habitualmente marino. Se trata del caviar de caracol que presentan los productores Caracoles de Gredos, de Ávila. Lo dejan probar con un buen chorrito de aceite. Por el momento han encontrado buena acogida en restaurantes de alta restauración. Los huevos son redonditos, blancos, y con un sabor mucho menos salino.
Longaniza cubierta de oro
Visito el stand de la casa Font-Sans, que hacen salchichones desde 1917 en Sant Feliu de Pallerols. Me atiende al director general, David Pérez. Han creado un salchichón que de fuera parece todo bañado en oro. La cobertura dorada tiene un porcentaje pequeño de oro, pero no lo es al 100%, claro. Tiene un precio de 30 euros y la crearon para ponerla en la portada de un catálogo. La gente empezó a pedirla, y vieron que tenían que comercializarla. La empresa también hace salchichones con foie, trufa o parmesano. Y unas que miden 1,2 metros, y se venden como churros en gasolineras francesas por un precio de 20 euros. De hecho, donde más vienen es en La Jonquera. Y su cliente es del país galo. Por eso directamente etiquetan en francés.
En la feria también hay mucha presencia extranjera, como un grupo de gente que prueban la salsa de calçots de la casa Ferrer. Muy cerca, Galetes Trias expone sus cajas especiales. Una con diseño de Miró y otra de Pilarín Bayés. Tótems transversales de la cultura catalana. También generan mucho interés los turrones. Como el de trufa negra de Nandu Jubany y Turrones Vicens. El cocinero asegura que tiene suficiente trufa congelada para poder fabricar todo el año y que sea el souvenir que los extranjeros compren en el aeropuerto de El Prat. También el que ha presentado Albert Adrià, que ha llamado turrón de aire. Ha tardado un año en adaptar la técnica a la gran producción.
Finalmente, la guerra hace presencia en la feria. Visito Carmencita, la empresa de especias de Alicante. Sufren porque muchas especies pasan por el estrecho de Ormuz. Pero es que además comercializan una sal con azafrán que se vende con un molinillo. Cuentan que el azafrán de calidad viene casi completamente de Irán. En toda España se producen 350 kilos de azafrán al año. Sólo Carmencita importa 3 toneladas del país persa. Atención, porque se necesitan 200.000 flores para tener un kilo de azafrán. Esperamos que no sean objetivo militar, aunque ahora mismo todo parece posible.