Muere Carlo Petrini, el hombre que nos hizo darnos cuenta de que hay que comer con conciencia y que el fuet catalán es muy bueno
El fundador del movimiento Slow Food sostenía que la comida debía ser buena, limpia y justa, y que entonces sería siempre un placer para los sentidos
El inventor del movimiento Slow Food, Carlo Petrini, falleció ayer a los 76 años en la ciudad italiana de Bra. Petrini, que visitaba a menudo Barcelona, aseguraba que nuestras elecciones alimentarias siempre tienen una responsabilidad social, que ayudan a nuestros vecinos productores y por lo tanto fortalecen la economía local. "Aún hay otro factor ligado a lo que decidimos comer: el gusto. Porque una comida buena, limpia y justa, la tríada que impulsa Slow Food, es siempre un placer para los sentidos", aseguraba.
Petrini siempre explicaba que comía poca carne, pero, según decía, no lo hacía por las alertas que enviaba la Organización Mundial de la Salud (OMS). "La OMS no se sabe explicar: si como cada día veinte fuets enteros, seguro que me muero. Igual que si me bebo treinta litros de agua al día. Lo que debemos vigilar es la producción industrial masiva, que adultera los productos. Por ejemplo, yo defiendo y defenderé siempre el fuet artesanal catalán, y sobre todo a los productores locales, en gran parte jóvenes, que se están dedicando a ello, porque garantizan la biodiversidad". Así pues, Petrini basaba su alimentación en la ingesta de poca carne porque consideraba que no es nada sostenible comerla con frecuencia ni en cantidad. Su dieta se basaba en fruta, verduras, pescados y carbohidratos, sin colorantes ni conservantes. Y no siempre todo ecológico.
La coexistencia de la industria y los productores
Sobre la industria alimentaria, Petrini decía que reconocía que había alimentado a mucha población, que la respetaba, y por eso no estaba en contra. Ahora bien, sí que denunciaba que "la industria trabaja exclusivamente por el dinero, y además ha absorbido la sabiduría de los productores locales". Y lo peor de todo, según el pensamiento de Carlo Petrini, es que "la industria alimentaria no permite que el pequeño productor coexista, porque le hace una competencia tan fuerte que lo acaba ahogando".
Otro de los temas que le preocupaban eran los transgénicos, de los cuales señalaba que se habían implantado en un período de silencio político y social, pero que todo estaba cambiando. "Y está cambiando porque la vanguardia culinaria, con todos vuestros cocineros de primera fila, da apoyo a la materia prima de calidad. Antes era la técnica, ahora el producto es fundamental; por tanto, los productores que trabajan bien salen reforzados de este cambio de mentalidad. Justamente estos principios son los que mueven el movimiento Slow Food, y nos encontramos que cocineros y ciudadanos confluyen en él". Por todo ello, Petrini decía que ahora vivíamos un momento "fantástico".