La nueva vida de Rais Esteve y Arnau París: cocineros televisivos y padres de gemelos

Comparten el espacio de ‘Cuines’ haciendo recetas en un pispás en TV3 y él asumirá el reto de heredar ‘Joc de cartes’

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Arnau París y Rais Esteve desayunando en su casa.
31/10/2026 - 13:03 h

Cornellà de LlobregatLlegamos a Cornellà justo cuando Arnau París (Barcelona, 1988) y Rais Esteve (Sant Boi de Llobregat, 1989) han dejado a sus gemelos, Artur y Robert, en la guardería. Ha sido un año de muchos cambios para esta pareja, que se conocieron en MasterChef, en el que París ganó la edición de 2021 y Rais Esteve trabajaba en la asesoría gastronómica. Como sabían que recibían la visita del ARA, nos esperan con la mesa puesta para desayunar. París insiste en que probemos la sobrasada que hacen ellos.

Si bien París es bien conocido en los hogares catalanes porque sale en Cuines, haciendo sus recetas sencillas en un periquete, Esteve, que tenía una larga trayectoria como cocinera, hasta ahora no era conocida por el gran público. Sí que lo era en el ámbito de la gastronomía. Ha trabajado con Paco Pérez, formaba parte del equipo que consiguió las tres estrellas en Dani Garcia y ha sido la jefa de I+D en el Disfrutar. Además, era una de las personas que avisaba a Jordi Cruz por el pinganillo de que a un concursante se le estaba cortando la salsa o estaba tomando una decisión que sería fatal. Los compromisos de París, que este año hará el relevo a Marc Ribas en Joc de cartes, han dejado espacio para que alguien se incorporara a presentar al espectador más preparaciones sencillas. Esteve, que ya colaboraba en el programa escribiendo muchas de estas recetas, ha tenido que dejar su posición detrás de la cámara y ponerse delante. Así que la conversación empieza preguntando a París quién es Rais Esteve, a quien su madre eligió el nombre de pila buscando en un libro de nombres.

“Rais es la mejor del mundo”, dice con seguridad. “Es la persona más profesional. Quien más sabe de cocina que yo haya conocido nunca. Te lo juro. Es una persona a la que admiro mucho por el trabajo que ha hecho y por el talento que tiene, por lo trabajadora que es, por cómo lo explica. Siempre he dicho que es una persona que el mundo no se puede perder”, afirma París mientras Esteve se sonroja. “Y en el ámbito personal es una persona muy cariñosa”. En este punto Esteve duda de si eso es de interés del público. Pero a París le da igual y continúa. “Quiere mucho, muy fuerte, muy claro, muy a saco”, dice, y añade: “A mí me da igual, pero es demasiado exigente consigo misma. Es muy buena madre, es muy trabajadora, es incansable”.

Cuando se conocieron, en el casting de MasterChef, nada hacía pronosticar que esto acabaría con gemelos. “No fuimos pareja hasta al cabo de dos años”, dicen. París explica que tuvo que picar mucha piedra. “Fui experto en minería”, reconoce. Esteve recuerda que tenía una imagen bien distinta de él, en aquel momento. “No diré que le odiaba porque no le odiaba, y porque le tenía cariño porque era catalán. Y porque al final siempre sabía cómo salir airoso de las situaciones. Pero era un tipo histriónico. Que le tiraba los tejos a todo el mundo”. “Y aquí estamos –dice Esteve, divertida–. Mucho tiempo después fui descubriendo que detrás de aquel megapersonaje había una persona que quiero en mi vida siempre”.

Arnau París y Rais Esteve.

Y desde esta temporada también comparten programa, el Cuines. “Quiero reivindicar que en el programa Cuines también hay unas personas que parece que no existan pero existen. Los culinarios. En MasterChef sin nosotros no sabían nada de lo que pasaba. También tenía que preparar las pruebas. Si querían una prueba superdifícil de chocolate que durase 90 minutos, yo tenía que poder hacerla en 45 minutos”, explica Esteve. Ella, bregada en cocinas de alto nivel, encuentra que el reto de ahora impresiona más. “Cuando llegué al Disfrutar llevaba 8 años en un entorno de alta gastronomía. Mucha exigencia, mucha constancia y obsesión, casi, por tu trabajo. Y a mí eso me gusta. Es como mi personalidad, en el fondo. Y, en cambio, ponerme delante de una cámara es lo contrario, saber que todo puede pasar un poco en directo y quizás no tienes todos los recursos para arreglarlo. No será un desastre mundial, pero sí que puedo pensar «uy, esto que estoy cortando no me está gustando cómo queda». Esta flexibilidad de «es así, sonríe y está bien, porque en casa pasará», es lo que más me ha costado”.

Para París salir en la tele tiene un proceso de aprendizaje. Un tiempo para soltarse hasta que coges suficiente confianza. Pero para Esteve compararse con su compañero es un hándicap. “Mi comparativa es Arnau, y es imposible llegar al punto de esta bestia. Le ves y dices, qué guapo, qué bien... Y yo me miro y casi lloro”. París responde que de ninguna manera: “De aquí cuatro años estarás igual y dirás, hostia, qué bien que lo hago. Es como un plato cuando lo haces muchas veces. ¡Lo hace muy bien!”, dice con convencimiento.

Cercano, simpático e irónico

Los retos en esta casa no se acaban. La próxima temporada de Joc de cartes ya se ha rodado íntegramente: terminaron en julio. En el capítulo cinco habrá el cambio de presentadores. “Espero que la gente se lo pase igual de bien viéndolo que yo haciéndolo”, afirma. No habrá muchos cambios más, es uno de los programas de éxito en TV3. “Partimos de un formato que ya está hecho, que es el que es, y al final lo que hago es dar mi tono a la hora de conducir el formato. ¿Y cómo soy yo? Soy un tío cercano, simpático, irónico, juego mucho con las caras. Se me ve todo en la cara, y eso se mostrará en pantalla”. Esteve resalta la facilidad de su compañero de conectar con las personas, como uno de sus superpoderes. “He conseguido crear ambientes de confianza y de buen rollo con los concursantes, y eso también permite que se suelten mucho a la hora de explicarte cosas, de jugar”, asegura.

En las últimas temporadas se han visto concursantes polémicos y situaciones tensas. Respecto a esto, París lo tiene claro. “Yo parto de la premisa de que los que estamos aquí sentados somos adultos responsables y tenemos un criterio. Por tanto, lo que digas es lo que después saldrá en la pantalla. Y como tengas la cocina, lo que enseñes, es lo que después con el programa enseñaremos a la audiencia. No hay una tergiversación. Por tanto, si tú tienes la cocina hecha una mierda, ya sabías que veníamos. Es que a mí me hace gracia. En alguna cocina hemos entrado y he pensado: «¡Hostia, pero tú sabías que veníamos hoy!»”. Y eso se traslada a la manera de ser. “Igual que a la hora de jugar: si en tu vida real eres un cabrón y al programa vienes siendo un cabrón, pues saldrá que eres un cabrón. Ya tienes una edad, tú mismo. Ya sabes lo que es la tele. No te viene de nuevo”.

Lo que sí que vino de nuevo fue el embarazo de gemelos. Esteve se quedó embarazada y en la ecografía, sorpresa, había dos. Tuvieron que cambiar de domicilio. Un ático sin ascensor no se puede conjugar con dos bebés. La maternidad no ha impedido a Esteve emprender el nuevo reto en la televisión. “Ha sido la suerte de mi vida, esto de Cuines, porque es muy fácil de conciliar. Nosotros grabamos más de un programa en un día. No solo he tenido la suerte de tener la oportunidad, sino del momento en que ha venido, porque todo el trabajo que hacía de asesora culinaria...” Aquí París la interrumpe. Para él la faceta de asesora no se debe conjugar en pasado. Pero Rais Esteve insiste: “Es decir, ahora soy madre. Es así, porque la vida es así. No puedes decir «yo sigo siendo...». No, ahora mismo soy madre y salgo por la tele. Punto. Todo el trabajo que hacía antes ha quedado aparcado”.

Cuando ella estaba embarazada un día hizo un llamamiento. No encontraba ninguna chaqueta de cocinera para mujeres embarazadas. Dio a luz en marzo, y hasta febrero estuvo dando clases. El problema es que el sector no preveía su caso. Y menos con una barriga de gemelos. Se tuvo que comprar una chaqueta muy grande con cremallera. “Al final iba con un saco de patatas y ya está. Escribí a mucha gente. Y es un drama. Creo que el hecho de que no exista una chaqueta para mujeres embarazadas significa inmediatamente la negación de una realidad y de una gran parte de la sociedad”.

"No somos la Guardia Civil"

Rais Esteve y Arnau París han estado preparando comidas durante unos cuantos veranos en Boada (la Noguera), en el Molí de la Vansa. La finca es donde ha vivido la familia paterna de Arnau París y donde producen aceite. También es una casa de turismo rural y donde hace seis años empezaron un proyecto gastronómico. Servían menús degustación en verano, menos este último, en el que no lo han hecho porque acababan de ser padres. París reconoce que están pensando cómo transformar este proyecto: "Hasta ahora usábamos nuestras vacaciones para cocinar allí arriba, pero ahora tenemos otras prioridades”. Esteve añade que “es chulo que siempre haya ideas en común y proyectos separados”. “Exacto, no trabajamos 24 horas juntos”, dice París. Y Esteve remata: “no somos la Guardia Civil”. Y de repente aparece el comercial que era París antes de ser famoso: “No podemos ser la Guardia Civil porque facturaremos la mitad; si cada uno va por su cuenta, facturamos el doble. Soy de cuenta de resultados”. “Somos lo contrario. A mí me encanta el trabajo, vivo para el trabajo, soy una romántica siempre”, acaba Esteve. El yin y el yang bien avenidos. O por decirlo en términos culinarios, un maridaje por contraste que funciona.

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