Cuando no todos los niños están invitados a las fiestas de cumpleaños

El problema es la situación que esto puede generar: a la salida de la escuela o con las extraescolares, unos niños se van juntos hacia la fiesta y otros se quedan atrás

Infancia
Eirene Solé Figuerasy Eirene Solé Figueras
18/05/2026
2 min

GironaAyer nuestra hija de cuatro años fue a su primera fiesta de cumpleaños. La primera. Y no era una fiesta cualquiera: era la de su gran amigo. Hacía una semana que hablaba de ella, emocionada, contando los días, imaginándose aquel momento con una ilusión inmensa.

Nosotros fuimos con pesar. No porque no quisiéramos que fuera, sino porque sabíamos perfectamente que no estaba invitada toda la clase. Y eso, en según qué edades, es una crueldad que a menudo los adultos disfrazamos de normalidad. Sí, gracias a los grupos de WhatsApp hoy todos sabemos demasiadas cosas, y demasiado pronto.

Hablamos de niños muy pequeños. De edades delicadas. De etapas en las que se debe proteger a los niños, cuidarles emocionalmente y evitar situaciones que les hagan sentir excluidos, señalados o menos importantes. No estamos hablando de adolescentes que ya entienden mejor ciertas dinámicas sociales. Estamos hablando de criaturas de cuatro años.

¿Qué mensaje les estamos dando a nuestros hijos?

¿Qué mensaje les estamos dando a nuestros hijos?

¿Qué mensaje estamos dando a nuestros hijos? Exigimos a la escuela que eduque en el respeto, en la inclusión, en la convivencia, en la importancia del grupo-clase. Pedimos a los maestros que trabajen los vínculos, que protejan a los más vulnerables, que ayuden a crear comunidad. Pero después, las familias somos las primeras en dinamitarlo fuera del aula con prácticas que dejan niños excluidos de manera pública y dolorosa.

No, no todo vale para que sea una fiesta privada. No cuando el impacto recae directamente sobre criaturas pequeñas que todavía están aprendiendo qué significa formar parte de un grupo. No cuando la herida de quedarse fuera la cargan ellos, no los adultos.

Quizás haya quien piense que exageramos. Yo creo que banalizamos demasiado a menudo el dolor infantil solo porque no siempre saben expresarlo. No todos los niños lo verbalizan. No todos lloran. No todos se quejan. Pero está ahí. Y el hecho de que una criatura sea “fácil” o no haga comentarios no quiere decir que no sienta nada.

Por eso, nosotros lo tenemos claro: a partir de ahora, ninguno de nuestros hijos irá a una fiesta donde no estén invitados todos los niños de la clase. Seguramente se enfadarán con nosotros, pero se lo explicaremos y creo que nos acabarán entendiendo y dándonos la razón. Porque en la infancia, o todos o ninguno. Querer proteger a los niños no es exagerar. Es educar con coherencia.

Graduada en pedagogía y madre de dos hijos
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