Educación

Reencontrar la ilusión por el nuevo curso

Regreso a las aulas en el primer día de clase en la escuela Espai 3 de Sant Joan Despí.
David Altimir Sans
12/09/2026 - 08:01 h.
Maestro de infantil en la escuela pública
3 min

Este verano que ahora termina ha sido sin duda uno de los más extraños que recuerdo como maestro. Es un verano que ha venido después de un curso muy convulso, con unas movilizaciones que ciertamente han sido históricas, pero que nos han dejado exhaustos.

Nuestras reivindicaciones eran (son) del todo justificadas para conseguir una educación pública y de calidad: la escuela inclusiva y la acogida de las diversidades, la reducción de los grupos para humanizar el trabajo docente, la mejora de las condiciones insultantemente injustas del 0-3, abandonar la precariedad de los equipos de apoyo y del ocio, la reducción de la burocratización… La estrategia de hacer un pulso con la administración con un calendario muy intenso de jornadas de huelga y la decisión de muchas escuelas (cerca de 1.300) de adherirse a la medida de dejar de hacer colonias y salidas de manera voluntaria más allá del horario laboral, han generado un ruido mediático y social que hoy todavía resuena.

Julio, para los equipos de maestros, es un mes de valoración del curso y de formación. Ya sé que de esto no se habla mucho en los medios de comunicación, seguramente porque es mucho más goloso hablar mal de la escuela, pero somos muchos los que esperamos los primeros días de julio para poder encontrarnos y formarnos en las escuelas de verano que se organizan desde los movimientos de maestros. Este es un buen termómetro para hacer valoraciones sobre el estado anímico de nuestro colectivo. Ha habido momentos en los que las movilizaciones han generado un gran fermento participativo en estas iniciativas, como lugar donde poder imaginar y encontrar nuevas ideas para renovar la escuela. No ha sido el caso de este año. Las escuelas de verano han tenido muy poca participación. Por eso digo que hemos acabado exhaustos, fatigados y dolidos.

Dolidos con la administración, porque desde hace tiempo no nos sentimos escuchados cuando advertimos de las dificultades a las que tenemos que hacer frente en la educación en una sociedad cambiante y con un presupuesto que no está a la altura de los nuevos retos. Dolidos también con los sindicatos porque se ha roto la unidad estratégica y esta fragmentación también se ha contagiado a los equipos. Dolidos, aunque nos cueste admitirlo, con nosotros mismos porque con estas medidas de presión que hemos acabado tomando ni hemos mejorado la calidad de la escuela ni tampoco hemos obtenido el apoyo social que esperábamos. Hemos tensado mucho la cuerda, pero como lo hemos pedido todo, nuestra frustración y decepción no se borra ante las propuestas que llegan y que vemos más como parches provisionales que como oportunidades para replantear con rigor los temas de fondo.

¿Cómo lo podemos hacer, los equipos de maestros, para reencontrar la ilusión necesaria para retomar el curso? Ya me sabe mal no poder dar una respuesta a esta pregunta, pero sí que querría terminar esta reflexión haciendo cuatro encargos.

A la administración le pido que se quite la venda de los ojos y se dé cuenta de una vez por todas de que la escuela debe cambiar al mismo ritmo que la sociedad, y que más diversidad debe equivaler a tener más herramientas para hacerle frente. A los sindicatos les pediría unidad de acción para dejar de desorientarnos y fragmentarnos. A los equipos de maestros les pediría ser capaces de separar el grano de la paja, porque al lado de las reivindicaciones que antes hemos expuesto hay otras demandas que pueden representar un freno para construir una escuela más globalizada, más democrática y más activa. A las familias les pediría que no olviden que no nos movilizamos para mantener privilegios, sino que llevamos a cabo una lucha que debe ser conjunta para hacer una escuela pública, catalana y de calidad para los niños. Y a los niños y jóvenes, además de pedirles paciencia ante los adultos que estamos a su lado, no les pido nada, porque ellos no fallan nunca y seguro que será con ellos con quienes podremos reconstruir la ilusión que hoy necesitamos.

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