Arquitectura

El Centro Botín, un barco zarpando de la bahía de Santander

El equipamiento diseñado por el arquitecto italiano Renzo Piano acoge la exposición más ambiciosa del artista japonés Shimabuku

El Centro Botín en la bahía de Santander
22/02/2025
4 min
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SantanderEs inevitable que las fotografías no hagan justicia en la vida de los edificios. Las imágenes reflejan cómo el edificio se relaciona con el tejido que le rodea, capturan detalles y atmósferas, e insinúan recorridos. Pero hasta que uno no visita un edificio no puede captar toda su magnitud. Asimismo, quizá sea un grado de excelencia que un edificio no se agote en su imagen. El Centro Botín de Santander es uno de esos edificios. El primer edificio del arquitecto italiano Renzo Piano, ganador del premio Pritzker en 1998, tiene dos vidas. Las escaleras y terrazas metálicas que le rodean por fuera, conocidas como pachinko, lo convierten en un mirador privilegiado sobre la bahía y la ciudad. Precisamente, uno de los atractivos es un trampolín de 23 metros de largo sobre el mar. Y, por dentro, alberga usos como un auditorio, espacios educativos, dos amplias salas de exposiciones, un restaurante y una tienda. "Por el edificio pasan un millón de personas al año, unas 250.000 de las cuales entran a ver las exposiciones. Es una buena cifra, pero hemos puesto carteles para llamar a los visitantes, porque si han llegado hasta la puerta, que entren a ver las exposiciones", afirman fuentes del centro.

El Centro Botín, el emblema de la fundación con el mismo nombre, es considerado uno de los últimos edificios icónicos construidos en el Estado. Costó unos 100 millones de euros. Cuando la crisis económica estalló en el 2008 y el sector de la arquitectura quedó gravemente afectado, las obras continuaron, abriendo sus puertas en el 2017. Dos razones más por las que es un edificio escurridizo tienen su origen en la polémica que suscitó su ubicación en la bahía. Por eso, Piano decidió que lo levantaría sobre una retahíla de pilares de hasta siete metros de altura, cuyo grosor no es superior a los árboles del parque que hay en frente, y que dividiría el edificio en dos partes: las aulas y el auditorio están ubicados en el edificio este, y las salas de exposiciones.2, al oeste. De las dos, llama la atención la iluminación cenital de la planta superior, con un tragaluz que ocupa buena parte de la cubierta. Piano le definió como "un edificio que festeja el agua, como un barco más en la bahía". Efectivamente, da este efecto.

Vista aérea del Centro Botín en la bahía de Santander.

Un edificio que cambia de color según el impacto de la luz

Uno de los rasgos más emblemáticos del Centro Botín es la piel cerámica de ambos volúmenes, formada por más de 280.000 piezas nacaradas, cuyo color cambia según les toque la luz: tienen matices azulados los días nublados y son casi blancas cuando hace sol. Sin embargo, ambos volúmenes están cubiertos con una malla protectora desde la primavera del 2018 porque algunas de las piezas, obra de la empresa granollerina Cerámica Cumella, se agrietaron y se corría el riesgo de que cayesen. Fuentes de la fundación explican que están buscando "la mejor solución" para resolverlo y que el problema con la fachada no afecta en absoluto al funcionamiento del centro. Asimismo, en el 2019 un juzgado de Santander determinó que el responsable del desprendimiento de las prendas era la empresa que había diseñado el sistema de anclaje, la también catalana Tot Disset. La empresa cerró, pero sus propietarios permanecen en activo con otra denominación. No hay otra solución más allá de sustituir las piezas, pero todavía no se sabe cuándo se hará.

La ambición del proyecto del Centro Botín fue más allá del mismo edificio: la fundación financió el soterramiento de un tramo de unos 200 metros del paseo Pereda para potenciar la relación del centro con la ciudad. Los jardines Pereda los remodeló el paisajista Fernando Caruncho en colaboración con el estudio de Piano, convirtiéndolo en un parque de esculturas donde se pueden ver trabajos de grandes artistas como Joan Miró y Cristina Iglesias. La intervención supuso duplicar la extensión de los jardines de 20.000 a 48.000 m2 y las zonas verdes de 7.003 a 20.056 m2. Y para integrar el parque con la bahía, los arquitectos pavimentaron las pasarelas y las plazas con un "hormigón azul salpicado de cobre y sulfato de hierro" que se confunde con el color del mar.

El artista Shimabuku durante la inauguración de la exposición 'Pop, cítrico, humano' en el Centro Botín de Santander.

El Centro Botín es la casa tanto de grandes maestros del arte moderno y contemporáneo como Joan Miró, Pablo Picasso y, en unos meses, Remedios Varo, como de los artistas más radicalmente contemporáneos, como es el caso del japonés Shimabuku (Kobe, 1969). La exposición de Shimabuku, titulada Pop, cítrico, humano (hasta el 9 de marzo), es la más ambiciosa de este artista conocido por los experimentos artísticos que emprende desde los años 90 espoleado por la curiosidad y el afán por relacionarse con la gente que se va encontrando. En manos de Shimabuku, aprender a curtir pepinos, afeitarse una ceja y documentar las reacciones que suscita durante un viaje en metro y provocar el encuentro entre un pez y una patata se convierte en materia artística, impregnada de humanismo y humor. "Intento encontrar en la vida cotidiana algo que la población local no ve", afirma el artista, conocido, también, por la fascinación por los pulpos. Con motivo de la exposición, Shimabuku fotografió a cien santanderinos para que se hicieran una estrella de sí mismos, y los hicieron volar todos.

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