Los RCR, de un faro imposible en el sueño completo de La Vila
El Museo de la Garrotxa inaugura una de las exposiciones más ambiciosas de Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramon Vilalta
OlotLos arquitectos Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramon Vilalta, los RCR, ganaron su primer concurso en Canarias poco después de graduarse en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallès. El proyecto era el de un faro en Punta de la Aldea, en la costa occidental de Gran Canaria, y los de Olot hicieron una propuesta excepcional: en vez de plantear una torre, propusieron una estructura horizontal que recuerda una mano tendida, en cuyo extremo estaba la luz del faro. Gracias a la integración de la estructura en el sitio, los RCR, que en 2017 ganaron el premio Pritzker, el Nobel de los arquitectos, conseguían que la luz estuviera a la misma altura que si hubieran diseñado una torre más abajo. El faro no llegó a construirse, pero permanece como un emblema de cómo, al inicio de los proyectos, los RCR no dan nada por hecho, tal y como se puede ver en la exposición que les dedica el Museo de la Garrotxa desde este sábado y hasta el 9 de agosto, con el título RCR Arquitectos: raíces y alas. Un viaje de los inicios a la actualidad. Se trata de una de las muestras más ambiciosas de su trayectoria, que el próximo año llegará a los cuarenta años, y tiene el valor añadido de que algunos de sus trabajos dialogan con las pinturas y esculturas de la colección permanente del museo.
"La arquitectura de los RCR es muy exigente con sus habitantes, porque los interpela constantemente", advierte Jaume Prat, el comisario de la muestra y autor de la tesis doctoral Espacio nube: un análisis de la arquitectura de RCR Arquitectos a través de sus atmósferas. "El espacio ideal de los RCR es una nube, y la entrada es paulatina. Una nube tiene una forma definida, y al mismo tiempo no, y va variando según el lugar, el momento y las funciones climatológicas", dice Prat. Precisamente, parece otra nube una de los proyectos más recientes incluidos en la muestra, un pabellón forrado de vidrio anexo a una vivienda en París. También se pueden ver otros proyectos muy poco conocidos, entre ellos el residencial Patjoni en Tira. en una corona de doce torres de entre catorce y treinta pisos (entre unos 54 y 110 metros) en un barrio sin coches. La construcción está prevista en diferentes fases, y las torres tienen un podio en la base, cuya cubierta es una de las azoteas verdes más grandes de Europa.
También se puede ver una maqueta de la ciudad corporativa de Agbar, en Cornellà de Llobregat, un edificio-paisaje hermano de La Parada, en Manresa. Otra del puente Seibert, en París, con el que ganaron el premio Eiffel. Este puente está relacionado con una de sus grandes obras internacionales, el polo artístico y cultural del Île Seguin, que incluye un hotel para artistas, uno de los cines más grandes de París y más de 16.000 m2 de oficinas y espacios para empresas culturales. Está previsto que esté terminado en octubre. Otras maquetas expuestas son la del gran complejo residencial Alfa Carrizalejo, en México, y la del centro de deportes y actividades de estudiantes en el campus de la Universidad Médica de China, en Taichung (Taiwán), que recuerda a una ola forrada con una malla de cobre perforada. Entre los proyectos que los RCR tienen en obras se encuentra la ampliación de la estación de Sants, y el proyecto de una clínica dental no muy lejos, cuya fachada sinuosa desdibuja el perfil de la esquina donde se encuentra. Por otro lado, se pueden ver rarezas, como unas viviendas tempranas, las Viviendas Gaudí, y el primer proyecto de la casa Horitzó, cuando aún no habían fragmentado su volumen.
En una de las citas incluidas a lo largo del recorrido, el crítico Daniel Giralt-Miracle pone de relieve la fuerza que el elemento sensorial tiene en la obra de los olotenses. "La arquitectura de RCR es espacio, luz, sombras, atmósferas, ambientes, colores, paisaje; son construcciones que no se cierran en sí mismas, sino que se abren al exterior y que implican nuevos comportamientos vitales", afirma Giralt-Miracle. "Con la exposición queremos explicar una manera de entender el mundo, de vivir la vida, si se quiere, de mirar la vida, de reflexionar sobre la vida, que se expresa a través de la arquitectura. Lo relevante de su arquitectura es que es el reflejo de una visión del mundo mucho más amplia de lo que puede expresar la misma arquitectura. Muy amplia, muy directa, y que, además, está la Prada, está, además, está la, está, además, está la, además, está la, además, está la que está, además, está la que está, además, está la que está, además, está la que destaca, además, está la misma, que está, además, está la que destaca, además, está la misma, que está, además, está, como está la misma, dice, además, está la misma, que está, además, está en la exposición". los RCR integran en su filosofía las artes plásticas, la fotografía –a través de artistas entre los que se encuentran Enric Roca Sadurní, Hisao Suzuki, Pep Bou y Eugeni Pons– y el diseño industrial.
Precisamente, uno de los objetos más sonados de los RCR es un sillón de madera que hicieron expresamente para Javier Cercas, para el que escanearon su cuerpo. Por otro lado, uno de los diálogos más asombrosos con la colección del Museo de la Garrotxa es el que se establece entre el grabado arremolinado que sirvió para estampar las cerámicas del restaurante Enigma y una pintura de Vayreda. Y el más emotivo es el de una maqueta del Parque de Piedra Tosca con las esculturas de Leonci Quera, que murió prematuramente a mediados de los sesenta en un accidente de tráfico.
A los RCR les advirtieron una y otra vez que, si querían hacer carrera, era una temeridad quedarse en Olot. Cuando en el 2004 ganaron un premio FAD por los espacios exteriores de La Villa de Trincheria, en el Valle de Bianya, que más adelante se hicieron suyo, algún amigo todavía les preguntaba cuándo se trasladarían a Barcelona. Precisamente, el recorrido termina con el proyecto de La Villa, el lugar soñado para poder desplegar plenamente su visión del espacio y dónde hacer I+D. Abrirá sus puertas el 28 de junio con una exposición sobre los ejercicios sobre el encaje urbano de la Sagrada Família que han realizado los estudiantes de su taller de verano en los últimos años, y con una experiencia inmersiva sobre el espacio.
"Las raíces en Olot nos han dado una coherencia en el proceso", afirma Ramon Vilalta, quien también asegura que, aunque puede parecer "paradójico", cuanto más profundas son estas raíces, más fuertes pueden ser las alas para proyectarse más allá del lugar de origen. "De lo que estamos más orgullosos es de haber hecho este camino juntos", dice Aranda. Otro de los puntales de su trayectoria es el Espai Barberí, la antigua fundición muy cerca del museo que compraron en 1994 para realizar un gran estudio y un equipamiento cultural, después de ganar el primer gran concurso internacional, The Edge, que consistía en cinco torres en Dubai con oficinas, viviendas y un centro comercial.
Una arquitectura compleja
El vínculo de los RCR con Olot fue muy fuerte desde el principio, como puede verse en el plan especial de ordenación y protección de Tussols Basil, donde hay una primera versión del pabellón del baño que realizaron más adelante, y en otro proyecto de una Olot imaginaria plenamente fusionada con el entorno natural. Al inicio de su trayectoria se hicieron conocidos sobre todo por una retahíla de casas unifamiliares de volúmenes puros que en la muestra aparecen bajo el paraguas de una "época blanca", fruto del hallazgo de una piedra caliza proveniente de Cabra (Córdoba). Según Prat, el cambio hacia el lenguaje más característico de los RCR, en el que muy a menudo se encuentra el acero Corten como material principal, se encuentra entre la Casa Margarida y el pabellón del baño, su primera intervención en el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, donde se puede ver cómo, a través de la abstracción, se relacionan con la naturaleza. "Los RCR siempre explican que la Casa Margarida es la obra máxima que les enseñan a realizar en la Facultad de Arquitectura", dice Prat.
Al mismo tiempo, uno de los rasgos característicos de la forma de trabajar de los RCR es la complejidad; por eso podían estar trabajando simultáneamente en dos proyectos aparentemente opuestos. Y, para Vilalta, la situación actual es la de una "sociedad velada", que representan con un hombre y una mujer "nube": "Ya no vivimos en la sociedad líquida de la que hablaba Zygmunt Bauman, sino en una sociedad que cambia continuamente; las cosas tan definidas y tan dogmáticas tenderán a desaparecer, y no podremos no de unas nuevas reglas y de unas nuevas formas de vernos entre todos", dice Vilalta.