Ernest Altés, escultor silencioso, hace un gran monumento al aviador Clément Ader
El artista instala en Muret una gran escultura evocadora del vuelo de un pájaro y un avión
BarcelonaEl escultor Ernest Altés (Vic, 1956) es un artista atípico, un creador silencioso, en las antípodas del postureo y los discursos impostados. Le gusta trabajar por encargo, a veces junto a arquitectos. Y uno de los ejes principales de su obra son las esculturas públicas: ha cumplido una cuarentena en Cataluña, España, Andorra, Francia y Alemania. Pero, para ello, no se trasladó a una gran ciudad, donde hay más encargos y galerías; sino que vive en el mundo rural desde que era un adolescente.
"Mi materia prima intelectual son las fuerzas de la naturaleza, en el sentido profundo: la geología, la geografía, toda la potencia que emana de un temporal en el mar, la calma del desierto", explica Ernest Altés, que este otoño ha inaugurado un gran monumento dedicado al pionero de la aviación C cerca de Toulouse. Se trata de una estructura de acero ingrávida de diez metros de alto evocadora del vuelo de un pájaro y, al mismo tiempo, de un avión de papel infantil. "El trabajo por encargo me estimula: desde un Ayuntamiento que está diseñando una plaza hasta alguien que quiere una obra para poner sobre la chimenea. Soy un poco de trabajar a medida, cómo hacer de sastre", dice. Además, para Altés hacer obra pública significa un "privilegio". Y un desafío. "Tienes que dedicarle el máximo de atención, no puedes ir abriendo cajones a ver qué tienes, o simplemente ofrecer lo que estás haciendo en ese momento", subraya el artista.
Para Altés, una escultura pública está compuesta al 50% de la obra misma, un 25% corresponde a la ubicación, y el último 25% a la escala. "Hay esculturas que son muy feas, pero que están muy bien colocadas y la escalera es adecuada. Y hay esculturas que son muy guapas, pero que son excesivamente grandes", explica. Para definir cómo será un monumento, Altés hace una interpretación del lugar "tanto física como humana". Para desarrollar Porvenir, el memorial de la tormenta Álex, que causó 18 víctimas mortales y destrozos materiales en valles alpinos italianos y franceses. Altés hizo entrevistas por los pueblos de la Cerdanya que habían sufrido aguaceros parecidos a los primeros años 80. "Alcaldes de diferentes pueblos me dijeron que lo más importante es lo que va después de la tragedia, que la desgracia tiene una importancia relativa y que lo importante son las posibilidades de que te abre una desgracia", explica. La escultura está hecha con hierro, acero inoxidable, cobre y cantos rodados, y la retahíla de elementos que se aguantan de pie hacen pensar en la reconstrucción de las zonas devastadas. "Una cosa es que el objeto artístico guste y la otra es lo que quieres transmitir, es importante tener claro que son dos partes indisociables".
Entre otros trabajos recientes de Altés se encuentra el memorial a Lluís Companys en la Seu d'Urgell, donde se pueden ver unos hierros rotos evocadores de la quincena de veces que Companys estuvo encarcelado, incluso antes de ser el presidente de la Generalitat. "Creía que conocía muy bien su historia, pero cuando me puse a fondo, me di cuenta de que no sabía tanto como pensaba. Todos nos quedamos con el fusilamiento, que evidentemente es un drama, pero el concepto recoge que la cárcel fue muy importante en la vida de Companys", dice Altés.
En el terreno de la colaboración con arquitectos, Altés es el autor del muro y la reja que cierran el recinto de la Biblioteca de Cataluña por la calle Egipcíaques, dentro de un proyecto de Joan Rodon. Es una pieza aparentemente discreta, pero muy trabajada, porque dialoga con el conjunto histórico, y al mismo tiempo se distingue, con unas piezas de acero de tamaño y trabajadas con unas técnicas, concretamente el corte con láser, impensables hace un siglo. "Que se sepa que lo he hecho yo es secundario, yo creo en esto", advierte.
Un escultor precoz
Ernest Altés realizó las primeras esculturas cuando tenía nueve años, unos trabajos realizados con materiales encontrados, entre ellos cristales pulidos por el mar, troncos, plumas y hojas. Es el pequeño de los hijos de un matrimonio con profundas inquietudes culturales, lo que le marcó profundamente. "Durante el franquismo, en casa se recibían libros y películas de toda Europa, porque el padre tenía amigos en Inglaterra y en Francia. Cuando Bergman estrenaba una película, la veíamos en Vic", recuerda. "Según qué libros se publicaban, los teníamos en casa —añade—. Los padres eran muy amigos de Miquel Martí i Pol. Había todo un movimiento de cultura de base, más que estrictamente antifranquista. El padre fue de los fundadores de la delegación de Òmnium en Vic, la primera fuera de Barcelona. La capitaneó él porque conocía a él".
Cuando llegó el momento de decidir qué estudios emprender, los padres le incentivaron hacia el mundo del arte. Así que Altés se matriculó en la Escola Massana, y más adelante en la Lonja y la Escuela de Bellas Artes de Olot. "Duele decir, pero en los tres puestos, me dijeron en el primer curso que no hacía falta que siguiera porque no me enseñarían nada nuevo. Me dedicaba todo el día, pasaba todo el día en La Massana, y en Olot hice en un año todo lo que tenía que hacer en tres", explica Altés. Por otro lado, dentro de este entorno cultural familiar, surgió uno de sus trabajos más queridos, el libro hecho a cuatro manos con el poeta Miquel Martí i Pol El silencio. "Cuando le expliqué la propuesta me dijo que se había cogido un año sabático y que no quería escribir, pero que cogiera lo que quisiera de su obra. Con Miquel habíamos hablado de temas como el silencio, el horizonte, la soledad, y cuando yo ya había empezado a releer sus poemas, la mujer de Mi hablado no había parado de escribir sobre el silencio", recuerda Altés. Curiosamente, como los grabados y los poemas son indisociables, El silencio quedó fuera de las obras completas de Martí y Pol.