Patrimonio histórico

Londres recupera temporalmente el Tapiz de Bayeux, relato fundacional de la Inglaterra moderna

A partir del 10 de septiembre, el Museo Británico exhibe una pieza de arte milenaria que une y explica la historia común de Francia y el Reino Unido por encima de las desavenencias

Tapiz de Bayeux
Patrimonio histórico
29/08/2026 - 08:02 h.
8 min

LondresHay objetos que explican una época y otros que explican un país, o al menos la visión que los vencedores de la historia tienen del país. El Tapiz de Bayeux pertenece a la segunda categoría. Con casi setenta metros de longitud y cerca de un milenio de historia, es a la vez una obra de arte excepcional, una herramienta de propaganda política y el relato visual del momento que cambió para siempre el destino de Inglaterra. Desde el 10 de septiembre, por primera vez en casi 950 años, se podrá ver en Londres, después de que Francia haya autorizado el préstamo en el marco de un acuerdo diplomático sin precedentes entre el presidente francés Emmanuel Macron y el gobierno del entonces primer ministro británico, Keir Starmer.

La exposición es, probablemente, la más o una de las más importantes que ha organizado jamás el Museo Británico. La expectación generada ha sido extraordinaria meses antes de la inauguración. Las entradas que se pusieron a la venta el 1 de julio para visitar la muestra entre los meses de septiembre y diciembre de 2026 se agotaron en pocas horas. El museo ya ha anunciado dos nuevas tandas de reservas que se venderán desde el 1 de octubre y desde el 1 de enero.

Pero pagando, San Pedro canta. Los clientes del exclusivo Hotel One Aldwych, donde las habitaciones cuestan más de 1.000 libras la noche, aún pueden conseguir su entrada para la exposición, gracias a un acuerdo de colaboración empresarial con el British Museum. En la web oficial, los tickets costaban 33 libras, si se conseguía comprar uno. A los huéspedes del hotel, por contra, se les informa que pueden elegir cualquier fecha y hora durante su estancia para tener prioridad a la hora de obtener las entradas, y que "hay muchas" disponibles. Sin embargo, hay un límite de una entrada por huésped y estancia. Este mercadeo ha provocado no pocas críticas.

La previsión de la institución del barrio de Bloomsbury es recibir 7,5 millones de visitantes hasta el cierre de la exposición, en julio de 2027, una cifra sin precedentes en la vida del museo. "Este será, sin duda, el año más importante de nuestra historia", aseguró el exministro de Economía, George Osborne, actualmente presidente del patronato, en el momento de recibir el tapiz el pasado 10 de julio tras un épico traslado. Los visitantes del Museo Británico tendrán un tiempo limitado para ver la obra: 40 minutos.

La cesión del tapiz coincide con el cierre temporal del Museo de Bayeux por una profunda remodelación y ha obligado a llevar a cabo una operación logística de una complejidad extraordinaria. Durante meses, especialistas en conservación han trabajado con réplicas exactas del bordado para diseñar un traslado capaz de minimizar cualquier tensión sobre una pieza tan frágil que muchos expertos consideran que difícilmente volverá a salir de Francia.

Keir Starmer y Emmanuel Macron en el Palacio de Blenheim, en una imagen de julio de 2024.

Los historiadores consideran que, muy probablemente, el tapiz de Bayeux fue bordado por mujeres en un taller de Inglaterra —posiblemente en Canterbury— poco después de la conquista de 1066, por encargo de un patrón normando. La autoría femenina, sin embargo, quedó eclipsada por los nombres de los hombres que lo encargaron o que en son protagonistas.

De hecho, de los 626 personajes que aparecen, las mujeres son una presencia excepcional, con solo entre tres y seis figuras femeninas identificadas. Se representan también más de 700 animales, entre los que destacan 202 caballos y mulas, 55 perros y 506 pájaros. Este excepcional relato visual de la conquista normanda de Inglaterra se completa con 37 edificios o fortalezas, 41 barcos y embarcaciones, 49 árboles y elementos vegetales y 57 inscripciones en latín que explican las escenas y guían la narración.

Una vieja reivindicación

El retorno del tapiz al Reino Unido es también el final de una larga reivindicación. Durante décadas se intentó que Francia aceptara prestarlo. Se propuso, incluso, llevarlo a Londres con motivo de la coronación de Isabel II, en 1953. Sin embargo, todos los intentos fracasaron. También el que tuvo lugar en 2018, cuando el presidente francés, Emmanuel Macron, anunció un préstamo temporal para 2022.

Con motivo de la llegada a Londres de la pieza, Macron publicó un artículo en The Times en el que afirmó que "el préstamo demuestra todo aquello que los dos países pueden conseguir cuando unen esfuerzos", en lo que constituye una "expresión tangible de una amistad de larga duración". El gobierno británico ha cubierto un seguro que ha valorado el tapiz en 935 millones de euros.

En julio de 2025, durante la visita de estado del presidente francés al Reino Unido, Macron hizo el anuncio, un gesto de buena voluntad con el gobierno de Starmer tras las tensiones que el Brexit causó entre Londres y París. No en vano, en el artículo mencionado el presidente francés aseguraba también: "Esto [el préstamo] es lo que nuestra asociación debe continuar representando. El Reino Unido es un socio estratégico, un aliado y un amigo de Francia. Ante los grandes retos de nuestro tiempo —la seguridad de nuestro continente, la soberanía tecnológica, la innovación, la energía y la descarbonización, y la resiliencia de nuestras democracias— hemos decidido actuar juntos".

Una escena del Tapiz de Bayeux.

El interés del Tapiz de Bayeux va mucho más allá de la excepcionalidad patrimonial. Sus casi setenta metros de lino bordado –68,3, de hecho– narran el momento fundacional de la Inglaterra moderna. Las escenas muestran la sucesión de los acontecimientos que culminaron con la batalla de Hastings, el 14 de octubre de 1066, cuando Guillermo, duque de Normandía, derrotó a Harold II, el rey anglosajón de Inglaterra, y se convirtió en Guillermo el Conquistador.

El relato, obviamente, no es neutral. La mayoría de historiadores consideran que el tapiz fue encargado por el obispo Odón de Bayeux, hermanastro de Guillermo, probablemente para decorar la catedral de la ciudad normanda y celebrar la conquista de la isla y la victoria sobre el rey Harold II. Odón aparece repetidamente, incluso combatiendo con una maza junto a las tropas normandas. El bordado construye una historia destinada a justificar la invasión. Presenta a Harold como un monarca que había traicionado el juramento hecho ante las reliquias de la catedral de Bayeux, donde habría prometido dar apoyo a los derechos de Guillermo sobre la corona inglesa. Al coronarse después de la muerte de Eduardo el Confesor, Harold aparece convertido en un perjuro que legitima moralmente la conquista normanda.

En este sentido, el Tapiz de Bayeux es mucho más una pieza de propaganda que una simple crónica de los hechos. El Museo Británico ha decidido convertir esta idea en uno de los hilos conductores de la exposición. Recursos digitales, ampliaciones de detalles y recreaciones inmersivas de la batalla de Hastings permiten entender cómo las imágenes funcionaban en el siglo XI como un instrumento de poder en una sociedad donde la inmensa mayoría de la población no sabía leer. Paralelamente, el museo confronta el relato normando con las fuentes anglosajonas, que ofrecen interpretaciones muy diferentes sobre los mismos acontecimientos.

La catedrática de historia popular de la Universidad de Londres Catherine Clarke asegura a el ARA que "la batalla de Hastings tuvo consecuencias profundas para Inglaterra y, más adelante, para buena parte de Gran Bretaña". "El país pasó a manos normandas. En 1086, solo el 8% de la riqueza territorial de Inglaterra continuaba en manos inglesas; el 92% restante pertenecía a los normandos. La lengua, la cultura y las tradiciones quedaron sometidas al nuevo poder ocupante. Y más de un siglo después, la conquista continuaba siendo una herida abierta", dice Clarke.

Un detalle de las fuentes de la época permite captar cómo los anglosajones vivieron la ocupación de 1066, la última de la historia de las islas que tuvo éxito. Hacia 1196, el monje inglés Guillermo de Newburgh escribía que, cada vez que llovió, el campo de batalla de Hastings "sudaba sangre auténtica y aparentemente reciente".

Paradojas de la historia

La gran paradoja es que aquella invasión que el tapiz celebra acabó definiendo el Reino Unido que hoy conocemos. La victoria de Guillermo no solo cambió de rey. Transformó Inglaterra de cabo a rabo. Nació un nuevo reino anglonormando que, durante siglos, compartió monarcas, aristocracia e intereses políticos con la otra orilla del canal de la Mancha. La Inglaterra que hasta entonces había mirado sobre todo hacia Escandinavia empezó a orientarse decididamente hacia el continente europeo.

Momento en que el Tapiz de Bayeux llegó a Londres, durante la madrugada del pasado 10 de julio, tras el traslado desde Francia.

Las consecuencias todavía son visibles hoy. Los grandes castillos de piedra y las inmensas catedrales medievales que forman parte del paisaje inglés son herederos directos de la conquista normanda. También lo son muchas instituciones políticas y administrativas. Los nuevos gobernantes reorganizaron el sistema de gobierno incorporando modelos continentales y crearon organismos, como el Exchequer, antecedente del actual Tesoro británico. Incluso el derecho inglés experimentó reformas profundas que marcarían la evolución política del país durante siglos.

La conquista también quedó grabada en la lengua. Los campesinos anglosajones continuaban criando las sheep (ovejas), las cows (vacas) y los pigs (cerdos). Pero, cuando aquellos animales llegaban asados a la mesa de los nuevos señores normandos, se convertían en mutton (carne de oveja o de carnero), beef (carne de ternera o de buey) y pork (carne de cerdo), palabras todas derivadas del francés. Mil años después, el vocabulario continúa recordando quién trabajaba los campos y quién se sentaba a la mesa.

Durante los dos siglos siguientes, Inglaterra y Francia mantuvieron una relación mucho más estrecha de lo que a menudo sugiere la historia nacional británica. Buena parte de los reyes ingleses nacieron en Francia y gobernaban territorios a ambos lados del canal. Ricardo Corazón de León, uno de los grandes mitos de la historia inglesa, pasó menos de seis meses de su vida en Inglaterra y prefirió residir en sus dominios franceses. Todavía hoy está enterrado en la abadía de Fontevrault, en el valle del Loira.

Cuando Normandía se perdió en 1204, los vínculos no se rompieron. Las reivindicaciones inglesas sobre la corona francesa acabarían desembocando en la Guerra de los Cien Años. Aquel conflicto provocó una enorme presión fiscal en Inglaterra que alimentó la Revuelta de los Campesinos de 1381 y, tras la derrota definitiva de 1453, contribuyó a la inestabilidad que desembocaría en la Guerra de las Dos Rosas. La última posesión inglesa en Francia, Calais, se perdió en 1558. Según la tradición, la reina María I dijo antes de morir que, si abrían su corazón, allí encontrarían escrito el nombre de la ciudad.

Una imagen de un vídeo sobre el Tapiz de Bayeux en el Museo Británico.

Reinterpretación política

Por eso el Tapiz de Bayeux ha sido reinterpretado políticamente una y otra vez. Napoleón Bonaparte quería exhibirlo en 1803 para demostrar que Francia ya había conquistado Inglaterra una vez y que podía volver a hacerlo. Más de dos siglos después, Nigel Farage lució una corbata decorada con escenas del tapiz durante la campaña del Brexit para recordar, según sus palabras, "la última vez que fuimos invadidos".

El Museo Británico, en cambio, propone una lectura radicalmente diferente. El tapiz no solo habla de una invasión. Explica también el nacimiento de un espacio político compartido entre Inglaterra y Normandía, de una aristocracia común, de una lengua transformada y de un país que durante siglos miró hacia Francia tanto o más que hacia sus islas vecinas.

Es difícil no ver una ironía histórica. En plena etapa post-Brexit, cuando el Reino Unido continúa redefiniendo su relación con Europa, el objeto cultural más esperado del año recuerda hasta qué punto la identidad inglesa es inseparable del continente. Que sea precisamente Emmanuel Macron quien haya autorizado este préstamo excepcional añade aún más simbolismo a la operación. Hace casi mil años, el bordado justificaba la conquista normanda de Inglaterra. Hoy, aquel mismo objeto llega a Londres como un gesto de diplomacia cultural entre dos países que han alternado siglos de guerras y alianzas, pero que comparten una historia mucho más profunda de lo que a menudo admite el debate político contemporáneo.

Esta es la gran lección de la exposición. Más allá de su valor artístico, el Tapiz de Bayeux recuerda que las fronteras políticas pueden cambiar, pero las historias compartidas continúan definiendo las naciones. Pocas obras lo explican con tanta fuerza como este largo bordado medieval que, casi mil años después, continúa obligando a británicos y franceses a mirar juntos su pasado.

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