Cine

"Gracias a los videoclips y la publicidad nunca he tenido prisa por dirigir cine"

Bàrbara Farré explora los miedos y anhelos de una adolescente de un internado femenino en ‘Mala bèstia’, su debut como directora

Bàrbara Farré en su productora de Barcelona.
03/08/2026 - 07:01 h.
3 min

BarcelonaEn un hermético y extraño internado femenino rodeado de muros donde a los adultos solo se les intuye, Atenea (Maria Schwinning) pasa los días compartiendo historias fantásticas que traslucen los miedos y los anhelos de una infancia estrellándose contra la pubertad. Así arranca Mala bestia, de Bàrbara Farré (Barcelona, 1994), debut en el largometraje de la directora de videoclips como Milionària de Rosalía o El relámpago de Amaia, que ya mostró su interés en la adolescencia como territorio confuso y contradictorio en el corto La última virgen (2017), premiado en los Gaudí y el Festival de Málaga. “La adolescencia siempre me ha interesado porque hay una especie de vacío temporal –dice Farré–. Dejar de ser niña para transformarte en mujer parece una idea oscura, pero que también puede ser bonita y no nos debe dar miedo, porque significa que puedes crear tu propio universo y descubrir emociones de la persona en la que te convertirás”.

El viaje a la vida adulta, por supuesto, suele ser accidentado. Cuando una pareja adopta a Atenea, el miedo a no encontrar nunca una familia es reemplazado por una nueva inquietud: que el vínculo de sangre de una futura criatura de los nuevos padres acabe pesando más que el afecto escogido. Ambigua y turbia, Mala bestia se desmarca de una parte importante de los debuts del cine catalán reciente en su voluntad clara de moverse en un territorio más cercano a la fábula que al realismo dramático. Tampoco tiene ningún trasfondo biográfico, al menos de manera consciente. “La historia llegó hasta mí a través de la intuición –explica la directora–. Mi coguionista [Alberto Dexeus] y yo escribíamos diversas situaciones y decidíamos cuáles serían más interesantes de explorar. Fue como construir un rompecabezas. Al final te das cuenta de que sí que hay muchas cosas que hablan de mis miedos y emociones, pero llegan a través del inconsciente”.

Maria Schwinning en 'Mala bèstia'.

Encontrar una voz propia

Si Mala bèstia no es una típica opera prima catalana, Farré tampoco es la típica directora debutante. “Yo me dedico a hacer videoclips y publicidad, y gracias a eso no he tenido nunca prisa por hacer cine –asegura–. Tampoco he sentido la necesidad de debutar pronto, sino de hacerlo bien y de darme tiempo para encontrar mi voz”. Esta voz, admite, no está en todos sus trabajos como realizadora. “Cuando rodé el videoclip de Milionària, mi tarea era concretar la visión creativa del artista, pero en otros videoclips como Muñequita linda de Najwa Nimri o El relámpago de Amaia sí que he trabajado con más libertad”, explica Farré, que en estos encargos detecta un elemento en común. “La luz y la oscuridad siempre van de la mano –dice–. Es un choque que me gusta mucho: filmar algo trágico de una manera muy bonita, casi preciosista”. En este sentido, Mala bèstia recuerda en su tramo inicial al film de culto de Peter Weir Picnic at Hanging Rock, una película que “fascina” a Farré por su “estética superbella, superbrillante y super dreamy”, aunque de entrada no la utilizó como referente.

Bàrbara Farré en su productora.

A Farré no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones valientes como arrastrar a su protagonista a situaciones muy oscuras o dejar abierto si lo que acabamos de ver es realidad o ficción. “La idea era no cerrar la historia, porque el viaje de la protagonista, que es el de darte valor a ti misma y no buscar la validación en los demás, no se acaba nunca”, apunta. Otro gesto atrevido es el hecho de poner todo el peso narrativo en la joven protagonista, la casi debutante Maria Schwinning, y dejar a actores tan sólidos y experimentados como Iria del Río y Roger Casamajor en un discreto segundo plano. “Trabajé la dirección de actores como si estos personajes fueran producto de su imaginación –admite Farré–. Y cuando ensayábamos, le decía a la Maria que los dirigiera, para que sus interpretaciones nacieran de la mirada de la protagonista. Y tanto Roger como Iria entendieron que la película era de Atenea y fueron muy generosos”.

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