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Cultura  /  Circo 14/05/2022

Carla Farreny: "Mucha gente prefiere comprarse un iPhone antes que consumir de forma local"

Artista. Estrena 'Tour' en la Fira Trapezi

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Carla Farreny en un momento del espectáculo 'Tour'

ReusCarla Farreny (Barcelona, 1991) lleva desde los 16 años haciendo acrobacias con el trapecio y, desde que nació, observando y experimentando con el oro, la plata y los metales. Farreny proviene de una familia de joyeros que ha mantenido el oficio generación tras generación. Consciente de la desaparición progresiva de los trabajos manuales en el siglo XXI, ha fusionado la artesanía con el trapecio en su primer espectáculo de creación propia, Tour, una pieza que reivindica la cultura de los ceramistas y que se ha estrenado este jueves en la Fira Trapezi de Reus.

¿Cómo surge Tour?

— Es mi primer espectáculo como creadora de un proyecto. Hasta ahora había trabajado para otras compañías en Francia como intérprete. He hecho de trapecista, pero utilizando objetos que no son un trapecio. Hacía tiempo que quería poner en marcha un proyecto propio. Lo empecé a pensar desde Francia, pero para mí era muy importante hacerlo en Catalunya y volver a mis raíces. Me interesaba poder conocer el sector de aquí y ver cómo funciona, porque me sentía totalmente desconectada.

¿Por qué escoges la cerámica como elemento protagonista del espectáculo?

— Mi padre es joyero y mis abuelos y mis bisabuelos también lo eran. Vengo de una familia de artesanos de muchas generaciones. Los espacios de taller siempre han sido muy comunes para mí; hemos tenido taller en casa y desde pequeña he vivido mucho el trabajo manual. Con siete años me apuntaron a clases extraescolares de punto de cruz, por ejemplo, una cosa que prácticamente no hacía nadie. La cerámica siempre me había atraído mucho y el torno me parecía un desafío, porque es muy técnico.

¿Qué relación tiene la cerámica con el circo?

— Me formé en el torno con un tornero de toda la vida, de 93 años. En las clases utilizábamos mucha cantidad de barro y cuando amasábamos se sorprendía de que yo tuviera tanta fuerza en los brazos. Me di cuenta de que el trabajo del cuerpo que requiere la cerámica es muy similar al del trapecio. Cuando subes la pieza, por ejemplo, tienes que ser muy estable de piernas y a la vez tener el torso móvil y ágil. Es un arte gestual muy próximo al del circo.

¿Por qué hay que reivindicar los oficios artesanos?

— Porque cada vez quedan menos. Esto lo he visto mucho en casa. Mi padre es diseñador modelista, crea las joyas de manera artesana. Pero con la aparición de las máquinas 3D ahora hace unos 15 años, esta parte del oficio ha saltado por los aires. Con los torneros está pasando lo mismo, solo hay que ir a la Bisbal para darse cuenta. El espectáculo nace de la preocupación de ver cómo tantos oficios y conocimientos que han viajado de generación en generación se están perdiendo a gran velocidad. 

¿A qué atribuyes esta pérdida?

— Los compradores tienen poca cultura para apreciar lo que ha sido hecho de forma artesanal. Cuesta que la gente no lo compare con precios industriales y valore que el precio de un bol de cerámica manual, por ejemplo, implica a una persona trabajando de forma artesanal detrás. Es una cuestión de prioridades. Mucha gente prefiere comprarse un iPhone de última generación o viajar a Tailandia que consumir de forma local. Probablemente la artesanía es menos espectacular. 

¿Cómo aplicas el consumo consciente en tu día a día?

— Intento tenerlo muy presente a la hora de viajar. Trabajo en Francia y voy y vuelvo prácticamente cada mes. Procuro no coger el avión, ir en tren, y cuidar la movilidad. No me importa esperarme antes de comprar una cosa que necesito y prefiero tener unos buenos zapatos que no comprarme cinco. También es verdad que el sector del circo es muy consciente de la importancia de cuidar el planeta y de trabajar con conciencia ecológica, y esto lo pone más fácil. 

Trabajas mucho en Francia. ¿Cómo ves el sector en Catalunya?

— Veo mucha diferencia en los precios de los cachés y en las condiciones de los artistas. Allí existe el Estatuto del Artista Intermitente, que nos permite trabajar y crear sin ir ahogados, porque cuando no estás actuando o cuando estás creando también estás cobrando. Esta es una grandísima diferencia, una comodidad que tendría que ser normal. Los artistas necesitamos este tiempo para crear y necesitamos que sea remunerado para poder sobrevivir.

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