Literatura
Cultura 29/04/2022

Pedro Olalla: "Corremos el riesgo de que nos impongan el fascismo en nombre de la democracia"

Autor de 'El mar, la lengua griega y los albores de la civilización'

4 min
Pedro Olalla , escritor y ceneasta

BarcelonaPedro Olalla ha escrito su último libro, Palabras del Egeo. El mar, la lengua griega y los albores de la civilización (Acantilado), desde un lugar idílico: una isla en medio del Egeo, de montañas escarpadas y calas cristalinas. Espera la llegada de su hijo y, mientras no llega, le explica por qué es importante conocer el origen de la civilización griega o el significado de las palabras. Escritor, helenista, profesor, traductor y cineasta, Olalla hace treinta años que vive en Grecia, una tierra que, cuanto más conoce, más lo fascina. Reivindica las herencias del Egeo para reflexionar sobre el presente y el futuro. Desgrana diferentes hallazgos que hacen replantear dónde y cómo empieza realmente la civilización griega, un pueblo que construyó naves antes que casas. Las ganas de conocer el entorno hicieron que viajaran por las aguas del Mediterráneo, el Índico y el Atlántico hasta llegar a las costas de Groenlandia.

Teníamos un relato verosímil de cómo y cuándo había empezado la civilización griega, pero en su libro lo desmonta.

— El relato histórico es una creación en constante desarrollo y tiene que ser revisado. La ventaja de nuestro tiempo es que nos da herramientas nuevas que nos permiten encontrar nuevas evidencias y, curiosamente, estas evidencias nos acercan más al relato que los antiguos tenían y que dejaron plasmado en ritos, mitos y otros testimonios. Hasta hace poco nos podía parecer que pertenecían al mundo de la fantasía y que no reflejaban la realidad. Los lugares sobre los que escriben Plutarc, por ejemplo el mar de Cronos (hoy el mar de Labrador, en el extremo sur del cual está Terranova) y Homero eran más reales del que pensamos.

Explica, por ejemplo, el hallazgo de las mesitas de Cnosos, la ciudad más importante de Creta, durante la civilización minoica, con una escritura de quinientos años antes de Homero, o el hallazgo en el mar del Norte de cerámica griega de la edad de bronce. ¿La génesis de esta civilización se remontaría al mesolítico?

— Cada vez hay más evidencias que permiten rastrear la génesis de esta civilización ya desde el mesolítico. Hay documentación sobre navegación y comercio en el Egeo hace 12.000 años; primero construyeron naves y después casas, quizás porque esta necesidad de moverse y conocer el entorno era más importante. Ya en los primeros milenios del neolítico llevaron la agricultura, la ganadería y la cerámica al oeste del Mediterráneo y a las tierras interiores de Europa. Hace unos 8.500 años se internaron en el norte de los Balcanes y hace seis mil años llegaron a Inglaterra y se mezclaron con las tribus locales. Cada vez hay más indicios de que es una civilización que se extendió en todas direcciones, como las olas de una piedra que cae en el mar.

En el libro explica cómo percibían ellos su lenguaje y cómo lo explicaban. Cree que hemos ido vaciando las palabras de su significado.

— La propia palabra etimología quiere decir, en griego antiguo, verdad, la verdad que hay dentro de la palabra. La lengua griega es significativa, siempre hay una relación entre significado y significante. Otras lenguas, en cambio, designan un objeto por costumbre. El verdadero problema, sin embargo, no es que estemos perdiendo la conciencia etimológica, sino el valor real de los conceptos.

¿Qué quiere decir?

Ciudadanía, democracia, política, educación... son conceptos que se están convirtiendo en caparazones vacíos o se están alejando peligrosamente de su etimología original. ¿Qué es la política sino el arte de organizar la polis, siendo la polis los ciudadanos que tienen la capacidad y la potestad de gobernar y de juzgar? ¿O el ciudadano es simplemente alguien a quien una élite le otorga, como si fuera una gracia, unos derechos? Una élite, por otro lado, que tan solo prevé la participación de los ciudadanos para avalar una serie de prebendas o estrategias que ha definido previamente. Vamos vaciando de su sentido original palabras como demagogia y democracia, y corremos el riesgo de que nos impongan el fascismo en nombre de la democracia. Bajo los conceptos de democracia, educación, nación o libertad se puede meter cualquier cosa y es importante revisar estos conceptos en el sentido semántico, histórico y deontológico.

Como ciudadanos, ¿somos más pasivos que quienes fueron ciudadanos de la Antigua Grecia?

— Los ciudadanos griegos pagaban un tributo en implicación y esfuerzo para gobernarse a sí mismos, para ser autores de sus leyes. La democracia no es únicamente participativa, sino el único sistema que exige esta participación. Nuestra participación es más limitada, somos más ciudadanos a la romana, en el sentido de depositarios o beneficiarios de un estatus de ciudadanía que nos permite tener ciertos privilegios, pero no tenemos la potestad de legislar y juzgar. Ahora denominamos democracia a casi todos los sistemas con los que se gobierna en todos los países del mundo. Consiste en votar a un partido estructurado jerárquicamente que hace promesas que no está obligado a cumplir y está mediatizada por los poderes fácticos, que blindan su presencia en la escena política a través de mecanismos que dejan fuera las fuerzas minoritarias. Se escogen políticos que no pueden ser destituidos de su cargo con una nueva votación. Es prácticamente un cheque en blanco, es una forma de legitimar los intereses de determinadas oligarquías a través de un sistema de votos. No es un sistema participativo que garantice una experiencia política real y una autoría en la concepción de las leyes.

Usted describe la civilización griega como idealista.

— A menudo hablamos del idealismo como si existiera tan solo en el mundo de las ideas y como si no tuviera correspondencia con la realidad. Lo cierto, sin embargo, es que el hombre ha sido y ha llegado a ser lo que es porque ha sido capaz de señalar unos fines, de actuar guiado por estos fines. Se tiene que ser capaz de imaginar estos fines. Es necesario si se quiere ser mejor. Quizá una de las cosas más inspiradoras de la cultura griega es esta apertura, este replanteamiento de lo que existe con el objetivo de una solución mejor. Este ha sido uno de los grandes motores de la civilización griega. En vez de "Si no lo veo, no lo creo", a mí me gusta la formulación contraria: "Si no me lo creo, no lo veo".  

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