Crítica de teatro

El apocalipsis transformador de Sol Picó

Estrena su primer espectáculo en la Sala Gran y cierra una trilogía con un capítulo lleno de fuerza, entrega y magníficas coreografías

Sol Picó en 'La Cordero y su ejército' en el TNC
17/03/2026
2 min
  • Autoría, dirección y coreografía: Sol Picó
  • Intérpretes: Ana F. Melero, Julia Kayser, Marta Santacatalina, Mireia Varón, Julia Estalella, Amanda Rubio, Sol Picó
  • Teatro Nacional - Sala Grande
  • 13-15 de marzo

Sol Picó cierra una etapa con su primer espectáculo en la Sala Gran del Teatre Nacional. Un espectáculo que es despedida o, como dice ella, transformación. Y llega con un apocalipsis personal lleno de fuerza, entrega y magníficas coreografías.

Despedida o transformación, La Cordero y su ejército seguro que cierra una trilogía que vislumbraba desde el principio un inevitable cambio en su trabajo artístico. Con Titanas, el arte del encuentro (2022) mostraba el trabajo de tres coreógrafas veteranas (Sol Pico, Natsuki y Charlotta Ofverholm) con trayectoria y experiencia o, lo que es lo mismo, bailarinas más cerca del momento en que el cuerpo, al que han dedicado la vida, pide una transformación. Esto también queda patente ahora, en este cierre, cuando de repente para un exultante solo de aires flamencos y dice "Basta ya". Y se marcha. O cuando sentada en el trono hinchable de plástico donde se ha coronado reina se quita las zapatillas y se las cuelga en el cuello. Es sincera con ella y con los espectadores. Esto no impide que durante más de 75 minutos lidere un espectáculo original, sorprendente, fallero, como no podía ser de otra forma, y ​​de un desgaste físico impresionante. Una poderosa puesta en escena que, pese a problemas en los conectores entre escenas, conjunta con acierto las coreografías con el suntuoso y variado espacio musical de Josep Tutusaus, donde cabe desde el silencio hasta la sinfonía, y que alcanza momentos de intensa belleza.

Un espectáculo que, bajo la idea del apocalipsis de aire sacrificial, arranca con ella colgada en medio del escenario como un cordero descuartizado al que bambalian seis joviales bailarinas como si fueran fieras. Un ejército de amazonas (magnífico el vestuario de Patricia Albizu y Viviane Calvitti) que reproduce los rasgos de la danza de Picó en unas chispeantes coreografías de grupo donde reinan las puntas. Hay también un recuerdo y un autohomenaje con un gran cactus que recuerda a aquel Bésame el cactus con que, hace ya bastantes años, estalló en el mundo de la danza.

Despedida o transformación, a Sol Picó le queda mucho por decir en la danza.

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