Fotografía

De la pobreza digna de Dorothea Lange a la poética de la banalidad de Txema Salvans

La Bienal de Fotografía Xavier Miserachs dedica también exposiciones a Sergio Larrain, Gabriel Cualladó y la colección de la Fundación Banco Sabadell

01/08/2026 - 18:35 h.

"La vi y me acerqué a la madre hambrienta y desesperada, como si me atrajera un imán. No recuerdo cómo le expliqué mi presencia o mi cámara, pero sí que recuerdo que no me hizo ninguna pregunta". La fotógrafa Dorothea Lange recordó con estas palabras cómo hizo su fotografía más famosa y una de las más icónicas del siglo XX; Madre migrante, el retrato de Florence Owens Thompson y tres de sus siete hijos. Como se puede ver en la exposición que le dedica la XIV Bienal de Fotografía Xavier Miserachs en el Espai Cultural Bòbila de Palafrugell a partir de este domingo y hasta el 18 de octubre, esta fotografía es la culminación de cómo Lange se fue acercando progresivamente a esta mujer, que malvivía en un campamento de Nipomo (California), mientras su marido y uno de sus hijos habían ido a la ciudad para que les reparasen el radiador del coche y pudieran continuar el camino. "Ha habido muchas mujeres fotógrafas, pero lamentablemente son mucho más desconocidas que los hombres. Dorothea Lange es una fotógrafa imprescindible en la historia de la fotografía", afirma la directora de la Bienal, Maria Planas. "Trabajaba con una cámara Graflex, que era muy pesada. Había tenido poliomielitis cuando tenía siete años y consiguió hacer todas estas fotografías a pesar de tener problemas de movilidad, que disimulaba muy bien", dice Planas.

Un rasgo distintivo de esta muestra es que los textos que acompañan las imágenes de Lange son citas de la gran crónica literaria de la Gran Depresión y el Dust Bowl, Las uvas de la ira, de John Steinbeck. La exposición lleva por título Dorothea Lange. Un largo viaje y está centrada en el trabajo que la artista hizo en los años treinta y cuarenta por encargo de la agencia gubernamental Farm Security para documentar los estragos de la Gran Depresión en las familias agrícolas norteamericanas. Las imágenes son copias actuales de las fotografías conservadas en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

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En esta edición, en La Bòbila hay otra exposición, también impactante, Local es global. Colección de arte Banc Sabadell. Fotografía documental, comisariada por la Fundació Photographic Social Visions. Entre la debacle de la crisis de 2008 y el mundo postcovid, las fotografías expuestas representan grandes problemáticas contemporáneas como los movimientos migratorios, el cambio climático y las guerras, y otras más personales como la dictadura de la belleza. Entre las obras expuestas se encuentra la Pietà del Yemen, la fotografía con la cual Samuel Aranda ganó el Premio World Press Photo a la mejor fotografía del año en 2011. Asimismo, desde una perspectiva intimista se puede ver uno de los retratos que Darcy Padilla hizo a Julia Braid, cuando era una joven madre de diecinueve años que acaba de descubrir que era seropositiva. Y en un registro más irónico se encuentra el retrato que el fotógrafo Zed Nelson hizo a un cirujano plástico brasileño llamado Ox y a su mujer Angela.

El otro gran nombre internacional de esta edición de la Bienal es el chileno Sergio Larrain (1931-2012), de quien se puede ver en el Museu del Suro una retrospectiva complementaria a la exposición que la Fundació Foto Colectania le dedicó en enero, organizada por la Agencia Magnum y comisariada por Agnès Sire. Como recuerda la coordinadora de exposiciones de la agencia Magnum, Christiana Vieira, Larrain trabajó como un "observador silencioso", y también recuerda que algunas de sus imágenes, tomadas en su periplo por países como Chile, Bolivia, Perú, Francia e Italia, son fruto de un "estado de ánimo", o un "despertar" que le permitían capturar el mundo.

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El minimalismo de Cualladó

Cada edición de la Bienal incluye también una exposición de un fotógrafo de la generación de Miserachs, y este año el elegido es el valenciano Gabriel Cualladó (1925-2003). La muestra, titulada Poética de la sencillez, se puede ver en el Museu Can Mario de la Fundació Vila Casas, y uno sale con ganas de más. Fotógrafo autodidacta, Cualladó es conocido por una obra con "una poesía suave y melancólica, y un lenguaje minimalista", dice su hijo, también llamado Gabriel. Muchos de los personajes retratados son parientes y personas cercanas. "Consiguió captar la personalidad del retratado", remacha Cualladó hijo. "Le gustaba mucho retratar niños –añade–, tenía la capacidad de tratarlos como personas". Cualladó es también conocido por la libertad de sus encuadres y algunos retratos en los que la cara del protagonista puede quedar a la sombra o incluso oculta. El misterio por encima de la inmediatez. "Surgió el debate de si era un fotógrafo neorrealista, pero a él nunca le gustó esa etiqueta, él prefería darle un encaje atemporal a sus fotografías, más que retratar una época", dice el hijo del artista.

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¿Qué comparten Txema Salvans y Josep Pla?

Después de Toni Catany, la Fundació Josep Pla vuelve a acoger una exposición de un fotógrafo contemporáneo, en este caso Txema Salvans. "Lo que pretendemos es que la relación estética y los resultados sean naturales, que sea una confluencia", afirma el director de la Fundació Josep Pla, Francesc Montero. Durante el proceso de creación de la exposición se dieron cuenta de que no hacía falta ir a buscar unos textos concretos de Pla para hacerlos dialogar con las imágenes de Salvans, sino basarse en "el trasfondo o la atmósfera, y en el acto creativo", dice también Montero. "Nos dimos cuenta de que Txema y Pla trabajan a partir de algunos parámetros comunes –añade el director–: una observación muy precisa de la realidad, la capacidad de capturar momentos concretos, de casi parar el tiempo. Se trata de un tiempo que parece suspendido, parado, con unas personas que no sabemos a veces muy bien qué hacen, pero que están allí. Tanto Txema como Pla consiguen capturar el tiempo, y Pla le pone el adjetivo".

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Además, para Montero, Pla y Salvans están hermanados por el carácter revelador de sus trabajos y por "la poética de la banalidad". "Pla también acaba expresando una cierta vacuidad y un cierto desencanto, es decir, es capaz de ver una escena bonita y encontrarle la capacidad expresiva para revelar lo que tiene de desencanto", dice el director. "Tanto Pla como yo trabajamos con nuestro territorio y la cotidianidad", remacha Salvans, conocido por las escenas insólitas, entre irónicas y desoladoras, o ambas cosas a la vez, que se encuentra en carreteras, suburbios o polígonos de toda la península Ibérica. "No busco la noticia. Me interesan los espacios que frecuentamos porque para mí es donde está la verdadera distopía", remacha el artista.

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La saga de fotógrafos Casanovas

En la línea de la Bienal de profundizar en el mundo local, el comisario Enric Bruguera ha vuelto a sacar oro del legado de la saga de fotógrafos de Palafrugell Casanovas. Como su tienda, donde conservaban el archivo, se quemó en el año 1998, Bruguera se puso en contacto con numerosas familias que llevaran al menos dos o tres generaciones en la villa para reconstruir la trayectoria de los Casanova. El resultado es un recorrido por la vida de Palafrugell desde la década de 1880, con retratos familiares, imágenes de reuniones, encuentros de ateneos libertarios y otros esperantistas, y unas imágenes posteriores de las fiestas de Carnaval antes de que quedaran prohibidas durante la dictadura de Primo de Rivera.

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Hay un ámbito dedicado al retrato femenino, que permite ver la evolución de la moda y los peinados, y la influencia del cine de Hollywood. Por otro lado, las fotografías coloreadas recuerdan el trabajo invisibilizado en su momento de Aura Casanovas. Y entre las curiosidades está la imagen del bautizo de Manel Bisbe como Gitano de la Costa Brava en la antigua bolera de Llafranc por parte de Carmen Amaya en el año 1958.

Además de estas exposiciones, también se puede ver el proyecto Un paisaje invisible, de Wayra Ficapal, en la Torre de Guaita de Sant Sebastià de la Guarda, y un proyecto de pequeño formato en la librería No Llegiu, de Palafrugell, con algunas fotografías que se han utilizado para portadas de libros. En cuanto a los datos prácticos, el abono de la Bienal cuesta 10 euros y da acceso a una sola visita a cada una de las exposiciones de pago desde el inicio de la Bienal hasta la clausura.