En paralelo a la exposición de White, el centro también acoge la muestra Tusquets de Cabirol. La forma elocuente, con la obra recuperada del químico y fotógrafo aficionado Joaquín Tusquets de Cabirol (Barcelona, 1904-1979). Sus negativos fueron encontrados en la calle en el año 2004 en Mallorca sin ninguna atribución, y durante años se trabajó para identificar al autor. Más allá de su valor estético y técnico, las imágenes tienen "un gran valor documental" según las comisarias, Marina Balagué y Arola Valls.El recorrido está organizado en cuatro ámbitos, en los que se pueden ver las fotografías de Tusquets de Barcelona, de diferentes puntos del litoral catalán y otras del mundo rural. El cuarto bloque está dedicado a los trabajos de vocación más abstracta. "Las imágenes muestran sobre todo una sociedad que está en proceso de reconstrucción después de la Guerra Civil: imágenes de trabajadores del puerto, de personas que trabajan en el campo, de paseantes en las ciudades y también de la vida burguesa", dice Vall. "Es una visión muy plural y muy poliédrica de la sociedad de aquella época –añade–, que nos explica de una manera un poco velada las vicisitudes de la sociedad de aquella época y también de la misma práctica fotográfica, porque en aquel contexto los fotógrafos se podían aventurar a hacer crítica social".
Minor White: sale a la luz el gran talento oculto de la fotografía del siglo XX
El centro Kbr le dedica la exposición más ambiciosa en Europa, con 250 fotografías
- Centro de fotografía KBr de la Fundació Mapfre. Av. del Litoral, 30, Barcelona. Hasta el 6 de septiembre.
Las fotografías del norteamericano Minor White (1908-1976) son como tiras de su piel. "Toda su obra es muy personal", explica Carlos Gollonet, el conservador de fotografía de la Fundación Mapfre y comisario de la exposición del fotógrafo que se puede ver en el centro KBr hasta el 6 de septiembre. "En sus fotografías es imposible descubrir cuáles eran sus sentimientos, pero igualmente están atravesadas por su manera de transmitir las emociones y de hacer partícipe al espectador de su visión de la fotografía, que va más allá de lo que se ve en la imagen fotografiada –explica Gollonet–. En aquel momento fue muy innovador que dejase un espacio para que el espectador completase la fotografía con sus emociones, recuerdos y experiencias".
La exposición es la más ambiciosa que se le ha dedicado a White en el ámbito europeo. Se pueden ver unas 250 copias de época, de las cuales unas 160 están organizadas en doce secuencias, uno de los rasgos distintivos de su obra. La mayor parte de las obras expuestas provienen de la Universidad de Princeton, que conserva su archivo. Muchas eran inéditas en Europa y hay una, Las tentaciones de San Antonio, que solo se había expuesto una vez. El Museo de Bellas Artes de Houston ha prestado la única copia existente de la secuencia Intimations of Disaster, la única que hizo el mismo White, una pequeña selección de los miles de fotografías que hizo por las calles de San Francisco. "La secuencia es lo más importante de su trayectoria, lo más innovador que aporta a la fotografía del siglo XX", dice Gollonet.
Uno de los grandes nombres del formalismo
Para Gollonet, White es uno de los grandes representantes del formalismo fotográfico. Por la importancia de su obra, debería ser más conocido que otros artistas como Edward Waston y Walker Evans. Si White quedó más bien oculto durante años es, en parte, porque en su momento no había todavía galerías de fotografía y porque se ganó la vida sobre todo como profesor, y no como reportero. "El formalismo es una de las tendencias menos exitosas del siglo XX. Comenzó con Stieglitz y prácticamente acabó con la generación de White, con otros nombres como Siskind y Callahan", apunta Gollonet. White comenzó su formación en el ámbito de la botánica y las artes y escribió poesía desde muy joven. A finales de la década de 1930 se dedicó plenamente a la fotografía, y durante la década de 1940 consolidó su perfil doble como fotógrafo y docente. Fue profesor de la California School of Fine Arts de San Francisco, institución clave para la renovación de la enseñanza fotográfica en los Estados Unidos, y en 1965 pasó al Massachusetts Institute of Technology (MIT). White fue uno de los fundadores de la revista Aperture, y la dirigió durante más de dos décadas. Antes de dedicarse a la fotografía, White hizo secuencias de poemas. "Un poema, o más adelante una fotografía, no expresaban todo lo que él quería decir, por eso utilizó la serialidad –señala Gollonet–. En la poesía encontraba una versatilidad que no le daba la fotografía y podía hacer evidentes sus contradicciones de manera menos directa". Convertir la frustración en belleza
White construyó una gran obra a pesar de la frustración y las crisis provocadas por ocultar su homosexualidad. "Cuando se dio cuenta de que su familia había leído su diario, en el que reconocía su homosexualidad, escribió en esas mismas páginas que era muy duro saber que a partir de ese momento viviría toda la vida en una mentira", dice Gollonet. White intentó paliar aquel dolor como pudo, y la fotografía fue a menudo una herramienta de sanación. Durante la Segunda Guerra Mundial se convirtió al catolicismo, y cada lectura que le conmovía la convertía en teoría fotográfica. Por ejemplo, El sonido de una mano (1960) es fruto de la influencia del budismo zen, mientras que un ensayo del actor y pedagogo teatral Richard Boleslavsky le hizo plantearse cómo expresar sus emociones. E incluso experimentó con el LSD y el hipnotismo.
El recorrido de la exposición está organizado cronológicamente a partir de los cuatro lugares donde White vivió a lo largo de su vida: Portland, San Francisco, Rochester y Boston. Entre sus primeras hitos hay un conjunto de detalles de los barrios de Pittsburgh que debían desaparecer a raíz de la transformación urbanística e industrial de la ciudad, fruto de un encargo que le hizo el ayuntamiento. Y entre unas secuencias y otras se pueden ver algunos de sus magníficos desnudos masculinos, en algunos casos de hombres que eran su pareja.
El punto culminante llega en el tramo final con la Secuencia totémica (1974) compuesta por diez fotografías de detalles de rocas y otros elementos naturales que White había hecho en Schoodic (Maine) entre los años 1969 y 1970. "Se puede ver cómo utilizó una misma fotografía con diferentes niveles menguantes de incidencia del sol. Es un trabajo que casi tiene más que ver con el cine y la música", dice Gollonet. La exposición forma parte del programa del festival PhotoEspaña y, después de Barcelona, se podrá ver en la Fundació Mapfre de Madrid a partir del 24 de septiembre.