Festivales de música
Cultura 04/07/2021

Las ganas del público pueden con todo en un Canet Rock masivo

La gestión de las pruebas de antígenos causó colas de más de tres horas

4 min
Gairebé 21.000 personas asistieron al Canet Rock

Canet de MarEl público del Canet Rock es entusiasta, y todavía más ayer en la edición del test de antígenos y la mascarilla, pero libertad para bailar, saltar, beber y comer sin zonas segregadas, que así lo había autorizado el Procicat. En un año sin fiestas mayores como es debido, el festival que se autodenomina la fiesta mayor de Catalunya fue recibido con más ganas que nunca por casi 21.000 personas, las que tuvieron un resultado negativo en el test de antígenos. Se hicieron 20.763 tests y se detectaron 151 positivos covid, espectadores que no pudieron entrar en el recinto de conciertos y a los que se les devuelve la entrada. En los días previos al festival, cerca de 700 personas habían comunicado que no irían porque eran positivas o contactos estrechos. Para contextualizar los 151 casos: la incidencia a 14 días en Catalunya es de 721 contagios por 100.000 habitantes en la franja de población de 15 a 29 años, que es la mayoritaria en el festival.

Este público lo aguanta todo (¡colas de más de tres horas!), fue algo más disciplinado con el uso de la mascarilla que el del Vida Festival y merece agradecimientos y recompensas; es el alma, el corazón, el músculo, el bolsillo y la alegría del Canet Rock, todavía más en tiempo de pandemia y festivales con la supervisión de la Fundación de Lucha contra el Sida y las Enfermedades Infecciosas. Y tenía tantas ganas que ayer fue tan explosivo con el poderoso hip hop empapado de toques latinos de JazzWoman como con las canciones posconfinamiento de Stay Homas y los para-pa-pa-pa del Tan de bó de Suu. “Encantada de estar aquí sin sillas”, dijo la cantante barcelonesa antes del estallido pop de Eres un temazo. Con Escriurem de Miki Núñez, el Pla d’en Sala se convirtió en el karaoke más grande de la Europa pandémica. Y si el DJ de continuidad pinchaba The rhythm of the night, bailaba como una macrodiscoteca al sol. Todo era entusiasme y la alegría de reencontrarse dos años después con clásicos de los festivales de verano como las hamburguesas con nombre de ciclista, los frankfurts atómicos, los lo-lo-lo-lo con el bombo y las colas en las barras.

La paciencia infinita

“Ya estamos a medio camino”, decía con optimismo Elena. Era una de las personas que hacía cola para que le hicieran el test de antígenos imprescindible para acceder al Canet Rock. Elena y Violeta venían de Tossa de Mar. Llevaban una hora y media haciendo cola por las calles de Canet de Mar, desde las 15.30 h. Arriba ya se veía el pabellón de deportes donde el personal sanitario hacía las pruebas. Todavía tuvo que pasar otra hora y media larga antes de hacerse la prueba. Paciencia infinita. Todo ello, una espera de más tres horas, y había que sumar un rato más hasta llegar al recinto de los conciertos, hacer la cola correspondiente y finalmente entrar. Lo mismo le pasó al barcelonés Martí, de 16 años, que llevaba una camiseta de P.A.W.N. Gang; sí, la juventud trapera empieza a incorporarse al Canet Rock. Martí confiaba que reservando hora para la prueba a las tres de la tarde tendría tiempo de sobra para llegar a ver a Lildami, el artista que a las 18 h abrió la séptima edición del festival. Apenas llegó a tiempo para el concierto de Suu, a las 19.30 h. Era su primer Canet Rock, y seguramente por eso una vez dentro decidió que lo más importante era disfrutar y olvidar aquellas horas de cola al sol.

El Canet Rock había aprendido la lección de la primera noche del Vida Festival y, por lo tanto, había descartado la aplicación para gestionar las pruebas de antígenos. También había distribuido quince puntos de cribado en Barcelona, Girona, Granollers, Lleida, Manresa, Olot, Reus, Sabadell, Tarragona, Tàrrega, Terrassa, Vic, Vilafranca del Penedès y Vilanova i la Geltrú. De hecho, a las 13 h ya habían pasado el test 7.000 personas. Pero faltaban unas 14.000, y muchas fueron a Canet. La acumulación de gente y un acceso al pabellón demasiado estrecho complicaron la fluidez; tampoco se había pedido a los espectadores qué franja horaria habían reservado. Todo ello, más de tres horas de cola. La intendencia que hay que movilizar para hacer los tests es inmensa, y seguramente les faltó para alcanzar tanta gente. Hay que esperar que el Cruïlla tome nota, para que los días 8, 9 y 10 no pase lo mismo en el Centro de Convenciones Internacional de Barcelona, donde se harán las pruebas de antígenos imprescindibles para acceder después al Parc del Fòrum.

Mainat y Bob Esponja

Como es habitual en situaciones donde prevalece el estoicismo, la reacción del público del Canet Rock fue muy comprensiva. Ayudó el hecho que, a diferencia del Vida Festival, donde los tests se hacían en una nave industrial de un polígono rodeado de viñas, en Canet se hicieron en el pueblo y, por lo tanto, la gente podía ir a comprar bebidas y comida en bares y supermercados mientras compañeros de cola les guardaban el lugar.

A Elena, que ya tenía la entrada para la edición de 2020 que tuvo que cancelarse, le supo mal que hubieran caído del cartel grupos como Manel y Sopa de Cabra, pero tampoco le pareció muy grave. La dirección del festival había decidido reforzar el carácter festivo. Y fiesta desde el primer minuto y siempre, no solo a partir de las 23 h, que era cuando llegaba el momento de Doctor Prats, Buhos, Roba Estesa, Itaca Band y Oques Grasses. Y es que antes ya hubo mucha fiesta con Suu, con los Stay Homas en formato grupo de festival, con un Miki Núñez convertido en frontman de estadio e incluso con la breve aparición de Josep Maria Mainat, que reivindicó la parte rock de Canet con dos canciones de La Trinca (All i oli y Ho farem tota la nit). Mainat remató su intervención cantando la canción de Bob Esponja con letra adaptada al presente: "Que agafin l’indult i se’l fotin pel cul. Amnistia i passi-ho bé, Espanya" (“Que cojan el indulto y se lo metan por el culo. Amnistía y páselo bien, España”). Un Canet Rock como los de antes.

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