El agua: sed de justicia

BarcelonaEstamos en verano. Hace mucho calor. No paramos de beber líquidos y nos pasaríamos el día en el agua, ya sea en el mar, en un río, en la piscina, bajo la ducha. Querríamos vivir en remojo. ¿Tenemos claro el privilegio que supone abrir el grifo y que siempre salga un buen chorro? Millones de personas sufren escasez hídrica en entornos urbanos. Y al mismo tiempo sienten la amenaza recurrente de las gotas frías (DANA). Vista globalmente, el agua no es un bien escaso: sencillamente está mal repartida. La tecnología ayuda mucho, pero no lo es todo. En todas partes, agricultura-ganadería-pesca, turismo y urbanismo generan necesidades difíciles de equilibrar. La IA se acaba de añadir a la demanda intensiva de agua.

Ariadna Romans i Torrent (Girona, 1997) es investigadora en la Universidad de Ámsterdam. En Dolça o salada. Una ètica de l’aigua (Edicions Enoanda) nos sumerge en una nueva cultura líquida. Lo plantea en la búsqueda de soluciones, sin ocultar contradicciones y lagunas. Junto con la alimentación, el agua es esencial para la supervivencia humana, tanto o más que los servicios de educación y sanidad. En cambio, se habla mucho menos. La damos por hecha. Cuesta sacar el agua clara de su gestión y gobernanza. Un dato: el precio en Barcelona, donde la gestión privada tiene una trayectoria de más de un siglo, es el más alto del Estado.

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La sequía extrema del 2023 y la DANA valenciana del 2024 nos pusieron cara a cara con la dura realidad de la crisis climática planetaria. El agua se colocó en el corazón de nuestros lamentos. Nos creíamos que la habíamos dominado. Históricamente, la hemos querido someter a los caprichos humanos, colonizarla, controlarla. Pero no se deja, se escapa. Siempre. Desde tiempos inmemoriales. Hasta hoy.

El valor del agua, desde Heráclito hasta el presente

Detrás del concepto de panta rei –el flujo como condición de toda existencia–, Heráclito dejó dicha su famosa frase: "Nunca te bañarás dos veces en el mismo río". El agua siempre es otra y tú también eres otro. Todo cambia. En un cuerpo adulto, el 60% es agua. Somos líquidos. Para Tales, el agua es el arkhé, el principio de todas las cosas: flujo, relación y potencia. Persistente y mutable. Simbólicamente, la relacionamos con las ideas de pureza, limpieza, fertilidad y vida. Las religiones le otorgan un rol esencial. No es solo materia, es también energía y conciencia de nuestra interdependencia con la naturaleza. Si hay una deidad universal, esta es la Naturaleza, siempre sedienta.

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Desde la ecosofía de Raimon Panikkar o el ecofeminismo de Vandana Shiva, a través de los ejemplos de la hondureña Berta Cáceres (asesinada en 2026 por defender el río Gualcarque) y la sudafricana Wangari Maathai (premio Nobel de la paz 2004), la autora repasa la trayectoria de muchas luchadoras que han puesto en valor el papel de la mujer en la gestión cotidiana del agua en entornos de escasez y cita buenas iniciativas, entre las cuales Waterspace, plataforma impulsada por la barcelonesa Fundació Enric Miralles.

Stijn Neuteleers, filósofo e ingeniero neerlandés, y una de las voces más influyentes en la ética del agua, defiende una idea sencilla: las decisiones técnicas sobre el agua siempre son decisiones morales. Nuestra huella hídrica es también una huella ética. Cuando construimos un embalse, depuramos un acuífero o fijamos el precio del agua, ¿a quién beneficiamos y a quién perjudicamos? El agua debería hacernos tener sed de justicia.

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Es un bien común y una fuente de calidad de vida: salud, bienestar, alegría, intimidad, paz. No puede ser solo fuente de riqueza. Que también. En Sudáfrica, hace unos años proliferaron las poo protests por el lamentable saneamiento del agua después de que se dieran casos de niños ahogados en letrinas. Tener agua limpia y segura debería ser una prioridad planetaria. Desde los microplásticos hasta actuaciones más burdas y agresivas, la presión contaminadora es intensa. También la necesidad: se necesitan 16.000 litros para producir un kilo de carne de vacuno y 160 litros para una taza de café.

Los océanos producen más oxígeno que los bosques. Indonesia, a caballo de los océanos Índico y Pacífico, es un país de 275 millones de habitantes rodeado de agua, formado por más de 17.500 islas. El mar –la pesca, los corales, la fabulosa biodiversidad submarina– es su futuro. También lo es del mundo. Un mar que se está deteriorando ante nuestros ojos curiosos e impotentes. Dulce o salada, nos urge una ética universal del agua. Es obvio, ¿verdad? Pero en casa lo decimos a menudo: ¡no encontrarías agua en el mar!