Extranjeras en la Guerra Civil: aventureras y comprometidas
En 'Mujeres de fuego', Dolors Marín rescata a trece mujeres que vinieron a nuestra tierra a luchar
- Ángulo Editorial
- 383 páginas / 22,90 euros
Es sabido que el experimento de la Segunda República despertó interés fuera de nuestras fronteras. Pero la Guerra Civil, obra y gracia de los militares que se levantaron contra la democracia en julio de 1936, echó por tierra cualquier ambición revolucionaria. Aunque no lo sabían entonces quienes se lanzaron a defender al país del fascismo, fuera con las armas o con instrumentos como la pluma o la cámara fotográfica.
Recordamos con gratitud las Brigadas Internacionales, unidades militares formadas por voluntarios extranjeros de una cincuentena de países, donde también había mujeres. La historiadora Dolors Marín (Hospitalet de Llobregat, 1957) ha publicado Mujeres de fuego. Internacionalistas en Cataluña (1936-1939), en la que rescata a trece extranjeras que vinieron a nuestra tierra a luchar, fuera como milicianas al frente, a la retaguardia como enfermeras, o bien como propagandistas, articulistas, fotógrafas... Entre ellas, la más conocida es Emma Goldman, activista lituana que se dedicó aquí a difundir las ideas de anarcofeminismo, porque esta recopilación de vidas aventureras y comprometidas está escrita con mirada de género.
Ya en los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera, Goldman se había paseado por las calles de Barcelona. Entonces trató alguna de las librepensadoras que la autora estudió en Espiritistas y librepensadoras. Mujeres pioneras en la lucha por los derechos civiles, como Teresa Claramunt. A su regreso, con el país ya en llamas, visitó frentes de guerra y desplegó su oratoria gracias a los buenos oficios de los traductores. También visitó las cavas Codorníu, que habían sido colectivizadas, en compañía de una numerosa comitiva internacional.
Mientras la filósofa parisina Simone Weil, que había veraneado en Sitges con su familia, se sumaba a la Columna Durruti durante una semana, a pesar de su fragilidad física, aunque una vez en el frente de Aragón la enviaron a la cocina porque no sabía disparar un máuser ni nada parecido, la sonido y su parecido, la sonido fotógrafos surrealistas, atravesaba la frontera con un visado de prensa y se instalaba en el Hotel Majestic, donde se encontraban los corresponsales extranjeros. Sobre la guerra, Cunard escribió crónicas y algunos poemas.
A Mujeres de fuego encontramos también las fotógrafas Margaret Michelis, polaca que antes de la guerra había trabajado para el GATCPAC gracias a su amistad con el arquitecto Sert, y la húngara Kati Horna. Ambas trabajaron para el Comité de Propaganda Exterior de la CNT-FAI. En sus fotografías encontramos la Barcelona del Distrito V, el Mercado de la Boqueria y las cupletistas del Paral·lel. Pero también retratos del estadio de Montjuïc repleto de desplazados.
Debemos agradecer a la autora la mucha documentación que ha sacado a la luz y también la recuperación de mujeres menos conocidas que las citadas, como Mary Low, amiga de Benjamin Péret –el compañero de la pintora Remedios Varo–, o Mika Feldman, odontóloga y miliciana. Un buen trabajo de visibilización y reparación. Y un excelente complemento a Rescatadas del olvido. Tras los pases de las extranjeras que escribieron sobre España, de Ana R. Cañil, publicado este año por Galaxia Gutenberg.