Cómic

Futbolistas secuestrados, neonazis violentos y una detective extravagante

La magnética psiquiatra creada por Jordi Lafebre se enfrenta a un crimen de odio en 'Soy un ángel caído'

Jordi Lafebre, autor y dibujante barcelonés, fotografiado ante la sede de Norma Editorial, paseo de Sant Joan, Barcelona 19.02.2026 PERE VIRGILI Diari Ara
Lluc Casals
02/03/2026
5 min

Barcelona"Siempre me he imaginado como un narrador de historias. En el instituto ya escribía textos, me inventaba obras de teatro, dibujaba personajes pensando que saldrían en una película. Ocurre que el mercado estaba complicado en España y tuve la suerte de encontrar una ventana como dibujante en el mercado francobelga". Jordi Lafebre (Barcelona, ​​1979) está en plena forma. Tras una trayectoria impecable y, en muchos sentidos, envidiable como dibujante para el guionista belga Zidrou (seudónimo de Benoît Drousie), con quien ha firmado trabajos memorables como Lydie (2011) o Mondaine (2014), presenta ahora su tercer cómic en solitario, con guión y dibujo propios.

Su primera historia en solitario fue una comedia romántica intimista –Sin embargo, publicada en francés en 2020 y en catalán en 2024–, un género que ya había trabajado con Zidrou. "Cuando termino Sin embargo me doy cuenta de que todo lo que he dibujado hasta ahora transcurre en el pasado: en los años 30, en los 40, en los 60... Toda mi carrera está basada en la nostalgia. Y pienso: «Aún no he dibujado un teléfono móvil, no he dibujado nada moderno». Tenía la necesidad de hablar de cosas de hoy, y pasé de la comedia intimista a las tramas policiales alocadas, porque el humor forma parte de mi paleta de colores".

Una intriga en Barcelona

Así es como Lafebre inventó el personaje de Eva Rojas, que debutó en 2023 en francés y en 2024 en catalán con el álbum Soy su silencio (Norma). Rojas es una joven doctora en psiquiatría que, como su madre, sufre un trastorno bipolar. En el primer álbum, la protagonista acaba implicada en el asesinato de un magnate del cava y sus dotes psicológicas le permitían resolver el crimen. Lafebre ya introducía a otros personajes icónicos: el doctor Llull, la comisaria Alemany (alias Merkel) y las tres voces que acompañan a la protagonista. Ahora publica en Norma en castellano y catalán el segundo álbum, Soy un ángel caído, en la que vuelven a aparecer estos personajes y Rojas se ve implicada en un crimen de cabezas rapadas contra trabajadoras sexuales en torno a un club de fútbol. El punto de partida es el secuestro de un jugador de 19 años, paciente de Rojas.

Página 7 de 'Soy un ángel perdido'
Página 29 de 'Soy un ángel perdido'

"El género policiaco siempre ha sido una oportunidad para hablar del chup-chup social. Y yo quería hacer una historia que pasara en mi ciudad –dice Lafebre–. Nací en Sants y, por tanto, hablo de la ciudad que conozco y he pisado: mafias inmobiliarias, clases sociales y, no nos engañemos, la enfermedad mental, la enfermedad mental. y las cifras entre adolescentes disparadas. No estamos hablando de la guerra fría, la Transición, la Guerra de Vietnam o la heroína en los años 80, sino de ahora".

El autor menciona a Montalbán y Mendoza como referentes en la tradición literaria barcelonesa, pero quiere dejar claro que la ciudad es más bien una excusa escénica. "Barcelona está anunciada solo en el subtítulo –explica–. No hablo de edificios concretos. Tampoco quiero caer en la política local ni nacional. Yo quiero centrarme en la casuística de los personajes. El marco es más europeo y global". También deja claro que el club de fútbol que aparece en el cómic no es real: "Esta ciudad tiene un club muy famoso que tiene jugadores muy famosos, pero nada tiene que ver con mi libro. Hablo del deporte en general y las masas que arrastra."

Un elemento de estas masas son los malos del cómic, el grupo de neonazis llamados Root Boys. Se ganan la vida con trapicheos ilegales y se reúnen en un gimnasio. Lafebre afirma que el paralelismo con el crecimiento actual de la ultraderecha es casual. "Los fascistas nunca se han ido, siempre han estado aquí –afirma–. ¿Que ahora están creciendo como la espuma? Pues se lucha, como siempre". Lafebre recuerda los filmes de Indiana Jones contra los nazis y reconoce que las cabezas rapadas del barrio de Sants le han inspirado: "Eran un grupo de gamberros". Sin embargo, dice que "no es un libro con una intención demasiado política", sino que refleja "lo que pienso y lo que siento". Y añade: "No quería terminar mi carrera, dentro de muchos años, y no haberlo dicho".

Cubierta de 'Soy un ángel perdido'.

Una de las gracias del guión es que la narración no es lineal. En el primer álbum, el lector conoce los hechos a través de la explicación de Rojas al doctor Llull. El cómic se abre y se cierra con la consulta del psiquiatra. "En el segundo, quería utilizar el mismo recurso. Quería a Eva hablando en primera persona y explicando la semana". Pero se encontró con una complicación: "Insistir con el despacho ya no era tan sencillo, porque me invento que el crimen ya ha pasado y que Merkel lleva a Eva a hablar con el psiquiatra". De modo que la consulta reúne a cuatro personajes: Rojas, Alemán, un policía y Llull. "Me encuentro que, desde el punto de vista técnico, de escribir un guión, cuatro personas hablando en una sala es un reto técnico. Pero la serie pide esto". Y es que Lafebre tiene claro que las historias lineales "ya no resuenan" igual. "Cuando entras en Twitter o Instagram, no ves las publicaciones de forma lineal, sino en función de lo que tiene más retuits o audiencia. El teléfono nos cambia la forma de entender la realidad: el tiempo no va adelante o atrás, todo ocurre a la vez". La primera película que le "impactó" y que rompe la temporalidad lineal es Pulp Fiction, reconoce.

Los cómics de Lafebre han aparecido primero en el mercado francés y después Norma los ha traducido al catalán y castellano. Esto provoca una disonancia entre la lengua de escritura y la de publicación. "Escribo en castellano porque lo he hecho toda mi vida. Mi primera biblioteca es latinoamericana", dice. Aun así, confiesa haber dudado en hacerlo en catalán por compromiso con el país. "Pero nunca resuelvo la duda –admite–. Además, el borrador es una chapuza y pasa por manos de una correctora, de una traductora francesa… Pasa por manos de gente que sabe mucho y que dejan un texto como Dios manda". El autor alaba la "deliciosa" traducción catalana de Andrea Jofre.

El talento exiliado

Los inicios de Lafebre han quedado lejos. "Yo soy de 1979 y crecí en los años 80, cuando todavía había muchos quioscos y revistas –explica–. Pero cuando llegué a la edad en la que ya podía trabajar, a inicios de los años 2000, había pocos sitios donde publicar y hacía lo que podía". Que la mayoría de revistas estuvieran en Barcelona fue una suerte para el dibujante. "Llamaba a las redacciones, cogía el metro y me plantaba", recuerda. "Empecé en revistas como Clio o El Juevespero poco a poco veía que yo quería hacer libros largos. Mi vocación era ser dibujante de cómics de aventura, y aquí no podía serlo, la producción editorial era muy escasa".

Entonces, va recurrir al mercado francobelga: "Allí las ventas son otras –asegura–. La estructura está más pensada para hacer libros largos y venderlos por todas partes. Después de golpear muchas puertas y aprender un poco el idioma, encontré a la gente adecuada y me quedé. Llevo casi diecisiete años trabajando en Dargaud y me siento como en casa". Aunque Lafebre no se cierra a todo tipo de influencias, reconoce que su ADN como dibujante "encaja más con el estilo francobelga". Al principio no se ocupaba de los guiones. "Encadené varios libros dibujando para Zidrou, y estoy muy orgulloso, pero nunca olvidé que quería escribir. Y cuando tenía casi 40 años, después de ser padre, dije: «Es ahora o nunca». Tenía gente que confiaba en mí y los conocimientos editoriales, y me tiré a la piscina".

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