Literatura

Un hijo dispuesto a acabar con la vida de su madre

Club Editor recupera 'Haceldama', de Blai Bonet, con motivo del centenario del nacimiento del narrador y poeta mallorquín, una historia asombrosa ambientada durante y después de la Guerra Civil

17/01/2026

Barcelona"Un hijo es como el mar. Luce ante las casas, y una voz en sus ojos la mañana, el mediodía, el atardecer turbio y la noche, caliente, violeta y encristalada como un vaso de vino". Así comienza el emotivo y delicado monólogo que la madre de Andreu Crous, protagonista deHaceldama, recita al cronista que recoge su humilde y desdichada vida una vez fallecido a consecuencia del atentado ferroviario que ha perpetrado su hijo. Es uno de los episodios más impresionantes y también de los más controvertidos de la segunda novela de Blai Bonet (Santanyí,1926 - Cala Figuera, 1997), publicada en Aymá en 1959 y ahora reeditada, dos décadas después de la versión de Ensiola (2005), por Club Editor restableciendo el texto original, sin pasar por la censura, sobre todo editorial, de los correctores de la época.

El filólogo y profesor Nicolau Dols, autor del posfacio que cierra el volumen, explica por qué. "De repente que apareció Haceldama, la crítica ya apuntó un supuesto error de construcción: la madre de Andreu Crous es simultáneamente víctima mortal y relatora del atentado que le ha segado la vida", admite, antes de referirse a una reseña de 1960 del escritor e historiador Bernat Vidal y Tomàs en el que remarca cómo el libro "escapa a la lógica usual" porque el protagonista es "un alienado que escribe su narración con agudezas, incluso chistes, y desemboca, al final, en un ilusorio e involuntario parricidio". Dols también apela a la retirada que Joan Triadú hacía en la novela, también en 1960, debido a su estilo "excesivamente poético", "plagado de metáforas deslumbrantes". "Con esto sólo se consigue que todos los personajes hablen igual", se quejaba Triadú, antes de mencionar el problema de tener tres voces narrativas tan similares, la del cronista de la obra –el propio Blai Bonet–, la de Andreu Crous y la de su madre, que pese a los orígenes humildes es capaz de expresarse con esa precisión: boca, gorda y roja como un trozo de carne cruda, donde, en ese instante, una verde hoja de lechuga le daba la campesina fisonomía de un buey que rumia en el umbral de un cercado".

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Romper e iluminar al lector

Décadas después de la publicación deHaceldama, en un sistema literario en el que han tenido una gran repercusión novelas como Canto yo y la montaña baila, deIrene Solà (Anagrama, 2020), o Ocaso y fascinación, deEva Baltasar (Club Editor, 2024), con propuestas que ensanchan y columpian los límites de la verosimilitud, los problemas del libro de Bonet se han convertido más bien en virtudes. La voz literaria "sensual, y bien crítica", que "rompía e iluminaba", del autor mallorquín es ahora uno de sus principales reclamos. Este año se celebra el centenario del nacimiento de Blai Bonet con un puñado de novedades editoriales. Haceldama ha sido la más madrugadora, pero antes de Sant Jordi deben llegar Los libros perdidos a Ediciones de 1984, que incluye los poemarios inéditos Oh Calvary, Calvary (1962) y El joven (1971), y también, en la misma editorial, reediciones de dos de sus poemarios más emblemáticos, El Evangelio según uno de tantos (1967) y Nueva York (1991). Además, Carles Rebassa publicará la biografía literaria Mito y pulso de Blai Bonet (Eumo), en el que explora "el auge y la expulsión del autor del campo literario catalán".

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Blai Bonet trabajó simultáneamente en El mar (1958) y Haceldama (1959). Según Nicolau Dols, Haceldama -que significa "campo de sangre"- es "un magnífico documento de la reacción desesperada contra el silencio de Dios o, en palabras de Bonet mismo, de la sordera de Dios". En el "núcleo de escenas bélicas ocurridas en el Frente de Aragón" durante la Guerra Civil, el narrador de estos capítulos, Andreu Crous, es confrontado con el juicio y la ejecución de un amigo suyo, Lucas, por haber abandonado la compañía momentáneamente con el objetivo de visitar a su abuela. Crous "calla, ve la enormidad de la sentencia por un acto inocente, y participa en la guerrilla de ejecución", comenta Dols. Tal y como Bonet explicaba por carta a Bernat Vidal en 1958, Haceldama es "el documento" de la siguiente aspiración: "Yo para encontrar a Dios vivo he ido a sus antípodas".

Acabada la guerra, el regreso a la vida civil por parte de Andreu Crous no es fácil: la dictadura y la represión franquista le van corseciendo hasta que se decide a atentar contra la vida de su madre. "Nazcas en mayo, hijo lagrimero que haces llorar –leemos en la novela–, no como un muerto de cuatro días o un amor que solo tiene dos piernas, sino como la cebolla que deja los ojos mojados en la cruenta cocinera que vive con el vientre bávado sobre la cocina de hierro". Andreu Crous acabará en prisión.

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Los efectos del "rigorismo seco" de un corrector

Nicolau Dols recuerda también cómo Haceldama sufrió el "rigorismo seco" del corrector de la edición de Aymá. El caudal léxico "enorme y arraigado" de Bonet fue descabezado en varias obras publicadas, entre las que destaca Míster Evasión (1969) y Haceldama. En esta última, Dols consigna como el corrector sustituyó, "con paciencia y dedicación", 29 de los 30 casos en los que aparecía la expresión "por muere" por "debido a", cambió "coza" por "coz" y "punto de pie", "muestrador" por "escaparate", "descuidado" por "abandonado" y "una estona". La edición de Club Editor "restituye al original así como era", puntualiza Dols: "Es una obra de arte que funciona perfectamente en la forma como fue escrita. He respetado los castellanismos flagrantes. No he querido sacrificar el material de la novela en el estado actual de la normativa ni en las modas lingüísticas. Lo hace. lector".