Literatura

Los mecanismos del cuento y los mecanismos del corazón

En los cuentos de 'Todo era el mismo agujero', de Eider Rodriguez, las vidas de los personajes están a punto de cambiar o de descarrilar, o bien pasan por momentos en que se intuye la posibilidad incierta o la esperanza excitante de otra vida

La escritora Eider Rodriguez fotografiada en Barcelona
27/03/2026
3 min
  • Eider RodriguezPeriscopi / Penguin Random HouseTrad. Pau Joan Hernàndez176 páginas / 19,50 euros

No hay fórmulas infalibles, pero se podría decir que un buen cuento es aquel que mostrándonos únicamente un trozo de la vida de unos personajes es capaz de explicarnos las vidas y las personalidades enteras. Esto vale, como mínimo, para los cuentos de concepción, tono y mirada realistas, digamos de tradición flaubertiana y chejoviana, una tradición que los cuentistas norteamericanos del siglo XX (Hemingway, O’Connor, Cheever, Updike, Carver, Munro y un etcétera inacabable) desarrollaron y exploraron de una manera tan brillante como influyente. Eider Rodríguez (Errenteria, 1977) se inserta en esta tradición.Los seis cuentos de extensión media que conforman su nuevo libro, Todo era el mismo agujero, traducido con la solvencia habitual por Pau Joan Hernández, comparten todos unos mismos mecanismos narrativos y abordan todos unos materiales humanos similares. Con una prosa clara, de intensidad contenida y de precisión expresiva fulminante –más sobria y sabia que vistosa y exuberante–, siempre dentro de las coordenadas de lo que es cotidiano, con narradores en primera persona o en tercera, Rodríguez focaliza su atención en tramos breves –una velada, unos días, unas semanas, un año y pico– de las biografías de sus protagonistas. Son tramos biográficos en que todo está a punto de cambiar o de descarrilar, momentos en que se intuye la posibilidad incierta o la esperanza excitante de otra vida.Rodríguez nos muestra a sus protagonistas picando con la piedra de toque de un marido, de un amante, de una amiga, de una pareja (lesbiana) de toda la vida, de unos vecinos, de un grupo de desconocidos o de la propia familia, y es capaz de explicar estas relaciones de una manera rica, sugeridora, sutil, compleja. Son relaciones atravesadas por estados de ánimo cambiantes, agitadas por sentimientos contradictorios largamente sedimentados, desbordadas por emociones incompatibles que, sin embargo, no queda más remedio que compatibilizar.Desequilibrar las expectativas del lector

Quizás el cuento que mejor concreta la propuesta literaria de Rodríguez es Canícula, el que abre el libro. La protagonista, Ixabel, es una mujer en la cincuentena, existencialmente fatigada y aburrida, casada con un marido con quien ya hablan más de los problemas dentales de él que de cualquier cosa más o menos placentera, aventurera o amorosa. Un día Ixabel va a una playa nudista, conoce a un hombre un poco más joven, se excita y se enamora. A partir de aquí, Rodríguez podría construir una historia melodramática, pasional, llena de secretos embrutecedores, el típico revival adolescente en plena edad adulta, pero hace todo lo contrario y construye una historia de amor conyugal maduro, en la que el adulterio no es nada más que una circunstancia puntual y en el fondo poco importante.La capacidad para romper o como mínimo para desequilibrar o reubicar significativamente las expectativas del lector es marca de la casa. Rodríguez es muy buena culminando sus cuentos con pequeños detalles desconcertantes pero llenos de sentido: la chica que se ha despedido de su mejor amiga y que se mete dentro de la cama de su padre y la abraza con un amor precioso y purísimo (en Marte y ruinas), la caricia nocturna que delata una grieta profundísima en un supuesto paraíso conyugal (en Corazón de pato), el pequeño empujón terminal que pone una sombra de duda sobre una relación de amor que ha durado toda una vida (en El cráter). Otra de las virtudes de Eider Rodríguez es la habilidad para crear unos personajes secundarios con poca presencia narrativa pero mucha entidad. Rodríguez conoce tan bien los mecanismos del género del cuento como los mecanismos del corazón humano.

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