Confirmo asistencia

Un motivo para ir a la playa vestidos

Cada tarde de verano abre las puertas, a pie de duna, la biblioplaya de Castelldefels

24/07/2026 - 13:59 h.

BarcelonaMe pregunto quién coge un libro en una biblioplaya o bibliopiscina (y qué libro) y me entrego a la causa de descubrirlo visitando el servicio que cada verano, desde 1992, abre en la playa de Castelldefels. No quiero hacerme la misteriosa, spoiler de entrada: nadie. No vi ningún préstamo de libros, este jueves por la tarde. Ahora bien, aquí pasan todas las demás cosas que también pasan en las bibliotecas y que a menudo son invisibles y tan de agradecer como esta brisa tórrida que viene de mar: conocimiento, comunidad y catalán. Las tres ces que nos importan.

El paisaje tenéis que imaginarlo así: un módulo prefabricado con aire acondicionado donde hay periódicos, revistas y una selección de libros, más de la mitad infantiles y juveniles (este año, con un foco dedicado al eclipse y el universo), y un chiringuito sombrío a pie de duna donde hay mesas y sillas y un buen repertorio de juegos de mesa. Ahora hay tres o cuatro familias jugando, y una pareja de jubilados. Todos vestidos. La oferta es más lúdica que en una biblioteca convencional pero no es una ludoteca, no viene gente chorreando después de bañarse, ni hay niños escapados de padres que se distraen.

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Esta tarde le toca bajar a la Biblioplaya Carme Romaní a Marc Martí, uno de los bibliotecarios de la Biblioteca Ramon Fernàndez Jurado. "Hay libros, o no sería una biblioteca, pero el atractivo sobre todo son los juegos, los periódicos y las actividades culturales –confirma–. Martes, astronomía. Miércoles, cuentacuentos y magia. Jueves, medio ambiente. La selección de libros es más informal, está encarada a los niños, hay libros ilustrados de conocimientos y cositas golosas. También novelas para adultos, no diría ligeras pero no tenemos el Ulises de Joyce". Veo a Anna Gavalda, Ken Follett, Jonas Jonasson, Casa en flames, Empar Moliner. Eso sí, quien coja un libro aquí tendrá que devolverlo al mismo lugar antes de un mes, porque no funciona el préstamo interbibliotecario, cosa que condiciona a los usuarios potenciales, que son más gente del barrio que veraneantes o espontáneos que van a la arena. Sorprende que sobre la mesa tenga las obras completas del dramaturgo Josep Maria Miró de la editorial Arola. "Esto es mío. En otoño haré el club de lectura de Llegir el Teatre sobre la obra El cadell [que se verá en el TNC] y me estoy leyendo las otras obras", explica Martí. Esto es diligencia, pienso. "Aquí tengo tiempo de hacer de bibliotecario: ¡puedo leer!", celebra.

A las siete llega por el paseo Marítimo un delfín de metro y medio. Durante un buen rato el cielo nos regala un rugido de avión cada minuto y medio, un ruido que apaga la voz de la veterinaria del CRAM, la Fundació per la Conservació i Recuperació d'Animals Marins, que está haciendo un taller sobre fauna y conservación marina. Tiene tanta maña con los críos que hasta atrae paseantes, y llegamos a ser una sesentena de personas. Hay cuatro amigas de Castelldefels que han quedado aquí con los niños. Unos veraneantes de Berga. Una familia de Madrid que tiene piso en la playa y que pregunta –"A ver si te entienden en castellano", dice la madre al niño, como aviso al bibliotecario– si se prestan los juegos. Una madre que necesita recursos para acabar de pasar la tarde con el hijo después del casal. Como canta La Ludwig Band, "el verano es largo como una tarde de verano, así de largo es el verano".