Literatura

Una mujer en la sombra en un gran poema épico

'Lavínia', de Ursula K. Le Guin, rescata al personaje a la sombra de Eneas en el poema épico de Virgilio 'L'Eneida'

Un mosaico del siglo III dC sobre la 'Eneida' conservado en el Museo del Bardo de Túnez
14/01/2026
3 min
  • Ursula K. Le Guin
  • Rayo Verde Editorial
  • Traducción de Anna Llisterri
  • 350 páginas / 21,95 euros

Esta novela es una piedra más –y van muchas, ya, gracias al esfuerzo de la editorial Raig Verd– para construir el universo Ursula K. Le Guin en catalán y por entender el alcance de la obra, tan variada, de una de las autoras más importantes del fantástico anglosajón. Lavinia no pertenece a ninguno de los ciclos famosos, va por libre, como su protagonista. Es una novela más histórica que fantástica y, a la vez, es un ejercicio de reescritura de La Eneida de Virgilio. Si en el poema épico de doce libros el personaje de la mujer de Eneas no tiene ni una línea de diálogo y está siempre a la sombra del guerrero troyano, Le Guin quiso ponerla en el centro y le regaló la voz que en el mundo clásico no tenía. En este gesto radica parte del mérito del libro, que, originalmente publicado en 2009, se inscribe en la ola de obras que enmiendan la llanura de la tradición patriarcal y, de forma creativa que no anula sino que enriquece, se plantan a decir que la historia no la pueden haber escrito ni protagonizado sólo los hombres. En el epílogo que firma al término de la novela, la autora declara su amor incondicional por Virgilio y dice que lo que ha querido hacer es sólo "una interpretación meditativa sugerida por un personaje menor de su relato, el despliegue de una pista".

Le Guin le dio a Lavinia unos poderes que la conectaban con el más allá, y le escribió unas cuantas escenas con el fantasma de Virgilio, que sirven para que la hija del rey de Laurentum entienda cuál es su destino. Virgilio le explica que, para casarse, debe esperar a un guerrero griego que llegará al Lacio, al suroeste de la actual Roma, con el que vivirá la aventura de su vida. Lavínia acepta este reto y espera a Eneas, con quien se casa, pero el rechazo de los pretendientes del Lacio provocará una guerra y un duelo a muerte entre el jefe de los troyanos y Turn, el sobrino de la reina y máximo candidato a casarse con Lavínia.

La novela es sofisticada desde el punto de vista narrativo: no hay cortes ni capítulos, pero la acción da numerosos saltos temporales hacia adelante y hacia atrás que aportan informaciones fundamentales y nos enseñan la vida futura de Lavínia y Eneas con su hijo y la proto-Roma que empieza a intuirse. Esto le da grosor y evita que sea una novela más, aunque también aporta cierta densidad.

Para escribirla, Ursula K. Le Guin, además de leer La Eneida, se sumergió en el mundo de la cultura y la religión prerromanas, un mundo bastante misterioso y no tan estudiado, pero lo suficiente para construir un trasfondo más que atractivo: las costumbres de una sociedad pagana (donde "pagana" viene de pagus, lo que vive en la granja) los rituales femeninos en medio del bosque y las ofrendas a los Dioses protectores de las casas y de los pueblos. Las descripciones de la vida cotidiana son deliciosas y del todo creíbles, gracias a las artes de una escritora que tan pronto se inventa una galaxia como explica cómo unos etruscos sacrifican un cordero de color negro en un altar en medio del bosque. Es una sociedad agrícola sencilla, dominada por el ritmo de las estaciones, que entra en choque cuando llega la guerra. Los dioses no son seres activos ni antropomorfos, como los dioses griegos, sino más bien unos espíritus de las casas y las colinas que acompañan a hombres y mujeres con una presencia más amable que cruel. Al igual que el Virgilio de Le Guin, un fantasma moribundo que convierte a Lavinia en un personaje inmortal, más que en una mujer de carne y hueso.

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