La semana que los editores sustituyen las cervezas por cafés
Visitamos la feria Liber, la principal cita de la industria editorial que tiene lugar en Barcelona antes de la apoteosis de Frankfurt
BarcelonaTodavía estamos digiriendo la euforia de la mejor Semana del Libro en Catalán de la historia y ya es hora de pasar página. Si en el paseo Lluís Companys había fiesta, colegueo, público y catalán, en la feria internacional Liber hay negocio, reuniones, agentes internacionales, castellano e inglés. El café sustituye a la cerveza, vaya. Esta semana tiene lugar en Hospitalet de Llobregat, la Fira, el principal encuentro de la industria editorial del estado, que la Federación de Gremios de Editores de España celebra un año aquí y el otro en Madrid. Es donde está la gente del dinero.
En septiembre las editoriales y las agencias literarias viven su particular Copa-Liga-Champions, que acabará la semana que viene en la Feria de Fráncfort. Liber es un adelanto y complementa la vorágine alemana. Me dicen que hay 250 expositores vendiendo el pescado y se esperan unos 9.000 profesionales, un 40% extranjeros. El objetivo es vender libros con un foco muy concreto, que es el lema de la feria: ser un puente entre los países de Europa y Latinoamérica.
Cruzo todos los puestos y me dirijo hacia el salón de derechos, que Liber monta justo por segundo año. En mesas alineadas se van citando cada media hora editores o agentes del estado con la contraparte extranjera. Se ponen cara, entablan cierta familiaridad y trafican con catálogos. "La facturación por la venta de derechos hace siete años que está estancada entre 70 y 75 millones [la calderilla si pensamos que el sector del libro en el Estado facturó 3.138 millones el año 2025, el 21% en Cataluña]. Como el español es una lengua con presencia global, quizás las editoriales no han necesitado vender los derechos en otros idiomas porque ya tenían el negocio cubierto –certifica en el ARA José Manuel Anta, gerente de la Federación de Gremios de Editores de España–. Pero la calidad de libros y autores que tenemos nos demuestra que somos una potencia y creemos que tiene sentido explotar esta vertiente".
Clara Rosell, de la Agencia Pontas, está impulsando a dos autoras catalanas que ya tienen abierto el camino internacional, Laura Gost y Laura Autonell. "Nos quedan muchas lenguas para vender los derechos y aquí realmente hay gente de todo el mundo. Para nosotros los salones siempre son una buena oportunidad para conocer nuevos editores", afirma. El primer día se ha reunido con un editor brasileño, uno ucraniano y uno azerbaiyano, y así todo el día. Ahora bien, aquí los contratos se riegan, pero se cierran vía mail. Natàlia Berenguer, de Asterisc Agents, lleva a Liber autores como Carlota Gurt, Joan-Lluís Lluís y Joan Carreras. "El mercado europeo sabe que el catalán tiene una literatura propia. Los anglosajones también, y saben que se puede traducir del catalán al inglés, sin pasar por el castellano. Nosotros siempre damos los libros en la versión original, y en la lengua que pueda leer el editor. El Llull ha hecho un trabajo fantástico", asegura, antes de marcharse atareada al siguiente punto.
Un par de mesas más allá me encuentro con Pilar Lafuente, que explica el catálogo de Planeta a Carmen Giménez de la editorial Graywolf Press, sello con sede en Minneapolis. Son los editores de los tres libros de Irene Solà al inglés, que dice que se venden muy bien: "Me encanta la intimidad de su escritura". "Hay interés por la lengua española, no tanto por el mercado español –explica Lafuente, citando el tirón que tienen autoras de la nueva narrativa argentina como Mariana Enríquez, Samanta Schweblin [Premio AENA, ¿recordáis?] y María Gainza–. Si eres mujer, joven y latinoamericana tienes más puntos que si eres un autor español, de cierta edad y cisgénero, para entendernos. En este trabajo siempre toca picar piedra".
Y eso sin contar el impacto de la IA, que estos días se está debatiendo en charlas en los pisos superiores de la Feria. "¿El mundo de la edición será el reino del slop? [contenido de baja calidad creado de forma masiva por la IA] ¿Nos aclimataremos a ello y no hará falta que se excluyan autores del Goncourt por haber trabajado con la IA? ¿O buscaremos más autenticidad?", se pregunta Isabel Fernández, de The Futures Factory. Y hace una apuesta: "No se puede ir contra la IA. ¿Cómo vas a querer renunciar a la mejor biblioteca del mundo? Pero se tendrá que ser transparente con cómo se ha producido la obra para no tener sensación de engaño". Ella tiene claro que la IA ha entrado en el sector editorial para revolucionarlo de cabo a rabo, pero no para sustituir al autor. "Si no eres mortal, y no te va la vida en ello, no puedes hacer arte".